Tristana — Benito Pérez Galdós | Audiolibro completo en español | Voz humana real — Transcript
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- 0:02TRISTANA. Una novela de Benito Pérez Galdós. Yo soy “La Voz que te Cuenta”. Una voz humana
- 0:14Prólogo
- 0:16Tristana, es una historia de rebeldía íntima, de pasiones soterradas, de libertad soñada y
- 0:23frustración callada. Es el retrato conmovedor de una joven atrapada entre la tutela de un
- 0:30hombre mayor —Don Lope, cínico y seductor y el despertar de una conciencia femenina que lucha por
- 0:38afirmarse. Todo ello en un Madrid de claroscuros, de balcones cerrados y paseos discretos,
- 0:46en donde se alza la voz de una mujer que anhela algo más que el destino trazado para ella.
- 0:53Esta obra escrita a finales del siglo XIX, resuena aún hoy con una fuerza sorprendente. No es solo la
- 1:02historia de una mujer, sino la de muchas otras que encontraron en la palabra su única forma de volar.
- 1:10Galdós, con su pluma aguda y su ternura crítica, nos ofrece una de las novelas
- 1:17más profundas y dolorosas de su repertorio. En 1892, cuando se publica Tristana, su autor
- 1:26era ya una figura consagrada de la literatura española, tras haber escrito obras maestras
- 1:32como Fortunata y Jacinta. Esta novela marca una transición temática en su narrativa: el paso del
- 1:41realismo social y político a una introspección más psicológica, ética y existencial, centrándose en
- 1:50los conflictos íntimos del individuo. Benito Pérez pudo haberse inspirado
- 1:56en figuras femeninas reales de la sociedad madrileña de finales del XIX,
- 2:02mujeres cultas y valientes que empezaban a desafiar los roles tradicionales. También hay una
- 2:09dimensión autobiográfica: se ha especulado con que la novela refleja, de forma velada, aspectos de la
- 2:16vida emocional del autor, marcada por relaciones complejas con mujeres como Emilia Pardo Bazán.
- 2:25En su momento, Tristana no fue la novela más celebrada de Galdós,
- 2:29probablemente por abordar de forma frontal temas incómodos como el patriarcado,
- 2:36el erotismo y la frustración vital femenina. Sin embargo, con el paso del tiempo,
- 2:42la crítica literaria ha reivindicado esta obra como una de las más modernas y vigentes del autor.
- 2:50Prepárate para entrar en una casa donde el amor, la costumbre, la ironía y el desencanto conviven.
- 2:58Escucha a Tristana. Escucha sus silencios, su dulzura, su rabia, su deseo de ser más.
- 3:06Porque en su voz, hay algo que nos interpela a todos: el derecho a elegir el propio destino.
- 3:17TRISTANA. Una novela de Benito Pérez Galdós. Yo soy “La Voz que te Cuenta”. Una voz humana
- 3:29Capítulo I En el populoso barrio de Chamberí,
- 3:35más cerca del Depósito de Aguas que de Cuatro Caminos, vivía, no ha muchos años, un hidalgo de
- 3:42buena estampa y nombre peregrino; no aposentado en casa solariega, pues por allí no las hubo nunca,
- 3:50sino en plebeyo cuarto de alquiler, de los baratitos, con ruidoso vecindario de taberna,
- 3:57merendero, cabrería, y estrecho patio interior de habitaciones numeradas.
- 4:04La primera vez que tuve conocimiento del tal personaje y pude observar su catadura militar de
- 4:09antiguo cuño, algo así como una reminiscencia pictórica de los tercios viejos de Flandes,
- 4:17dijéronme que se llamaba don Lope de Sosa, nombre que trasciende al polvo de los teatros,
- 4:23o a romance de los que traen los librillos de retórica; y en efecto, nombrábanle así algunos
- 4:30amigos maleantes; pero él respondía por don Lope Garrido. Andando el tiempo, supe que
- 4:38la partida de bautismo rezaba don Juan López Garrido, resultando que aquel sonoro don Lope
- 4:46era composición del caballero, como un precioso afeite aplicado a embellecer la personalidad;
- 4:53y tan bien caía en su cara enjuta, de líneas firmes y nobles, tan buen acomodo hacía el
- 5:00nombre con la espigada tiesura del cuerpo, con la nariz de caballete, con su despejada frente y sus
- 5:07ojos vivísimos, con el mostacho entrecano y la perilla corta, tiesa y provocativa,
- 5:14que el sujeto no se podía llamar de otra manera. O había que matarle o decirle don Lope.
- 5:22La edad del buen hidalgo, según la cuenta que hacía cuando de esto se trataba, era una cifra tan
- 5:29imposible de averiguar como la hora en un reloj descompuesto, cuyas manecillas se obstinaran en
- 5:36no moverse. Se había plantado en los cuarenta y nueve, como si el terror instintivo de los
- 5:42cincuenta le detuviese en aquel temido lindero del medio siglo; pero ni Dios mismo con todo su poder
- 5:51le podía quitar los cincuenta y siete, que no por bien conservados eran menos efectivos. Vestía con
- 5:59toda la pulcritud y esmero que su corta hacienda le permitía, siempre de chistera bien planchada,
- 6:07buena capa en invierno, en todo tiempo guantes oscuros, elegante bastón en verano y trajes más
- 6:15propios de la edad verde que de la madura. Fue don Lope Garrido, dicho sea para hacer boca,
- 6:22gran estratégico en lides de amor, y se preciaba de haber asaltado más torres de virtud y rendido
- 6:30más plazas de honestidad que pelos tenía en la cabeza. Ya gastado y para poco, no podía desmentir
- 6:39la pícara afición, y siempre que tropezaba con mujeres bonitas, o aunque no fueran bonitas, se
- 6:46ponía en facha, y sin mala intención les dirigía miradas expresivas, que más tenían en verdad de
- 6:54paternales que de maliciosas, como si con ellas dijera: «¡De buena habéis escapado, pobrecitas!
- 7:02Agradeced a Dios el no haber nacido veinte años antes. Precaveos contra los que hoy sean lo que
- 7:09yo fui, aunque, si me apuran, me atreveré a decir que no hay en estos tiempos quien me iguale. Ya no
- 7:16salen jóvenes, ni menos galanes, ni hombres que sepan su obligación al lado de una buena moza».
- 7:24Sin ninguna ocupación profesional, el buen don Lope, que había gozado en mejores tiempos de
- 7:30una regular fortuna, y no poseía ya más que un usufructo en la provincia de Toledo, cobrado
- 7:37a tirones y con mermas lastimosas, se pasaba la vida en ociosas y placenteras tertulias de casino,
- 7:45consagrando también metódicamente algunos ratos a visitas de amigos, a trincas de café, y a otros
- 7:53centros, o más bien rincones, de esparcimiento que no hay para qué nombrar ahora. Vivía en lugar tan
- 8:01excéntrico por la sola razón de la baratura de las casas, que aun con la gabela del tranvía,
- 8:07salen por muy poco en aquella zona, amén del despejo, de la ventilación y de los horizontes
- 8:14risueños que allí se disfrutan. No era ya Garrido trasnochador: se ponía en planta a punto de las
- 8:23ocho, y en afeitarse y acicalarse, pues cuidaba de su persona con esmero y lentitudes de hombre
- 8:30de mundo, se pasaban dos horitas. A la calle hasta la una, hora infalible del almuerzo frugal.
- 8:38Después de éste, calle otra vez, hasta la comida, entre siete y ocho, no menos sobria
- 8:45que el almuerzo, algunos días con escaseces no bien disimuladas por las artes de cocina más
- 8:51elementales. Lo que principalmente debe hacerse constar es que si don Lope era todo afabilidad
- 8:58y cortesanía fuera de casa, y en las tertulias cafeteriles o casinescas a que concurría, en su
- 9:05domicilio sabía hermanar las palabras atentas y familiares con la autoridad de amo indiscutible.
- 9:13Con él vivían dos mujeres, criada la una, señorita en el nombre la otra, confundiéndose ambas en la
- 9:20cocina y en los rudos menesteres de la casa, sin distinción de jerarquías, con perfecto y fraternal
- 9:28compañerismo, determinado más bien por humillación de la señora que por ínfulas de la criada.
- 9:36Llamábase ésta Saturna, alta y seca, de ojos negros, un poco hombruna, y por su viudez reciente
- 9:45vestía de luto riguroso. Habiendo perdido a su marido, albañil que se cayó del andamio en las
- 9:52obras del Banco, pudo colocar a su hijo en el Hospicio, y se puso a servir, tocándole
- 9:59para estreno la casa de don Lope, que no era ciertamente una provincia de los reinos de Jauja.
- 10:05La otra, que a ciertas horas tomaríais por sirviente y a otras no, pues se sentaba a
- 10:11la mesa del señor, y le tuteaba con familiar llaneza, era joven, bonitilla, esbelta, de una
- 10:20blancura casi inverosímil de puro alabastrina; las mejillas sin color, los negros ojos más notables
- 10:28por lo vivarachos y luminosos que por lo grandes; las cejas increíbles, como indicadas en arco con
- 10:35la punta de finísimo pincel; pequeñuela y roja la boquirrita, de labios un tanto gruesos, orondos,
- 10:45reventando de sangre, cual si contuvieran toda la que en el rostro faltaba; los dientes menudos,
- 10:53pedacitos de cuajado cristal; castaño el cabello y no muy copioso, brillante como torzales de seda,
- 11:01y recogido con gracioso revoltijo en la coronilla. Pero lo más característico en
- 11:08tan singular criatura era que parecía toda ella un puro armiño y el espíritu de la pulcritud,
- 11:16pues ni aun rebajándose a las más groseras faenas domésticas se manchaba. Sus manos, de
- 11:23una forma perfecta, ¡qué manos!, tenían misteriosa virtud, como su cuerpo y ropa, para poder decir a
- 11:32las capas inferiores del mundo físico: la vostra miseria non mi tange. Llevaba en toda su persona
- 11:41la impresión de un aseo intrínseco, elemental, superior y anterior a cualquier contacto de cosa
- 11:48desaseada o impura. De trapillo, zorro en mano, el polvo y la basura la respetaban;
- 11:56y cuando se acicalaba y se ponía su bata morada con rosetones blancos, el moño arribita,
- 12:02traspasado con horquillas de dorada cabeza, resultaba una fiel imagen de dama japonesa de
- 12:09alto copete. ¿Pero qué más, si toda ella parecía de papel, de ese papel plástico, caliente y vivo
- 12:18en que aquellos inspirados orientales representan lo divino y lo humano, lo cómico tirando a grave,
- 12:25y lo grave que hace reír? De papel nítido era su rostro blanco mate, de papel su vestido, de papel
- 12:34sus finísimas, torneadas, incomparables manos. Falta explicar el parentesco de Tristana,
- 12:42que por este nombre respondía la mozuela bonita, con el gran don Lope, jefe y señor de aquel
- 12:49cotarro, al cual no será justo dar el nombre de familia. En el vecindario, y entre las contadas
- 12:56personas que allí recalaban de visita, o por fisgonear, versiones había para todos los gustos.
- 13:04Por temporadas dominaban estas o las otras opiniones sobre punto tan importante;
- 13:09en un lapso de dos o tres meses se creyó como el Evangelio que la señorita era sobrina del
- 13:16señorón. Apuntó pronto, generalizándose con rapidez, la tendencia a conceptuarla hija,
- 13:24y orejas hubo en la vecindad que la oyeron decir papá, como las muñecas que hablan.
- 13:31Sopló un nuevo vientecillo de opinión, y ya la tenéis legítima y auténtica señora de Garrido.
- 13:39Pasado algún tiempo, ni rastros quedaban de estas vanas conjeturas, y Tristana,
- 13:45en opinión del vulgo circunvecino, no era hija, ni sobrina, ni esposa, ni nada del gran don Lope;
- 13:54no era nada y lo era todo, pues le pertenecía como una petaca, un mueble o una prenda de ropa, sin
- 14:03que nadie se la pudiera disputar; ¡y ella parecía tan resignada a ser petaca, y siempre petaca...!
- 14:14Capítulo II Resignada en absoluto no,
- 14:20porque más de una vez, en aquel año que precedió a lo que se va a referir, la linda figurilla
- 14:25de papel sacaba los pies del plato, queriendo mostrar carácter y conciencia de persona libre.
- 14:33Ejercía sobre ella su dueño un despotismo que podremos llamar seductor, imponiéndole
- 14:40su voluntad con firmeza endulzada, a veces con mimos o carantoñas, y destruyendo en ella toda
- 14:48iniciativa que no fuera de cosas accesorias y sin importancia. Ventiún años contaba la joven cuando
- 14:56los anhelos de independencia despertaron en ella con las reflexiones que embargaban su mente acerca
- 15:04de la extrañísima situación social en que vivía. Aún conservaba procederes y hábitos de chiquilla
- 15:12cuando tal situación comenzó; sus ojos no sabían mirar al porvenir, y si lo miraban, no veían nada.
- 15:21Pero un día se fijó en la sombra que el presente proyectaba hacia los espacios
- 15:26futuros, y aquella imagen suya estirada por la distancia, con tan disforme y quebrada silueta,
- 15:36entretuvo largo tiempo su atención, sugiriéndole pensamientos mil que la mortificaban y confundían.
- 15:44Para la fácil inteligencia de estas inquietudes de Tristana, conviene hacer toda la luz posible
- 15:51en torno del don Lope, para que no se le tenga por mejor ni por más malo de lo que era realmente.
- 16:00Presumía este sujeto de practicar en toda su pureza dogmática la caballerosidad, o
- 16:07caballería, que bien podemos llamar sedentaria en contraposición a la idea de andante o correntona;
- 16:16mas interpretaba las leyes de aquella religión con criterio excesivamente libre,
- 16:22y de todo ello resultaba una moral compleja, que no por ser suya dejaba de ser común,
- 16:29fruto abundante del tiempo en que vivimos; moral que, aunque parecía de su cosecha,
- 16:37era en rigor concreción en su mente de las ideas flotantes en la atmósfera metafísica de su época,
- 16:45cual las invisibles bacterias en la atmósfera física. La caballerosidad de don Lope,
- 16:51como fenómeno externo, bien a la vista estaba de todo el mundo: jamás tomó nada que no fuera suyo,
- 16:59y en cuestiones de intereses llevaba su delicadeza a extremos quijotescos. Sorteaba su penuria con
- 17:07gallardía, y la encubría con dignidad, dando pruebas frecuentes de abnegación, y condenando
- 17:14el apetito de cosas materiales, con acentos de entereza estoica. Para él, en ningún caso dejaba
- 17:22de ser vil el metal acuñado, ni la alegría que el cobrarlo produce le redime del desprecio de
- 17:28toda persona bien nacida. La facilidad con que de sus manos salía, indicaba el tal desprecio
- 17:36mejor que las retóricas con que vituperaba lo que a su juicio era motivo de corrupción,
- 17:43y causa de que en la sociedad presente fueran cada día más escasas las cosechas de caballeros.
- 17:51Respecto a decoro personal, era tan nimio y de tan quebradiza susceptibilidad, que no toleraba
- 17:57el agravio más insignificante, ni ambigüedades de palabra que pudieran llevar en sí sombra de
- 18:04desconsideración. Lances mil tuvo en su vida, y de tal modo mantenía los fueros de la dignidad,
- 18:13que llegó a ser código viviente para querellas de honor, y, ya se sabía, en todos los casos dudosos
- 18:21del intrincado fuero duelístico era consultado el gran don Lope, que opinaba y sentenciaba con
- 18:28énfasis sacerdotal, como si se tratara de un punto teológico o filosófico de la mayor trascendencia.
- 18:37El punto de honor era, pues, para Garrido, la cifra y compendio de toda la ciencia del vivir,
- 18:44y ésta se completaba con diferentes negaciones. Si su desinterés podía considerarse como virtud,
- 18:52no lo era ciertamente su desprecio del Estado y de la Justicia, como organismos humanos.
- 19:00La curia le repugnaba; los ínfimos empleados del Fisco, interpuestos entre las instituciones
- 19:06y el contribuyente con la mano extendida, teníalos por chusma digna de remar en galeras.
- 19:14Deploraba que en nuestra edad de más papel que hierro y de tantas fórmulas hueras,
- 19:19no llevasen los caballeros espada para dar cuenta de tanto gandul impertinente. La sociedad,
- 19:27a su parecer, había creado diversos mecanismos con el sólo objeto de mantener holgazanes,
- 19:34y de perseguir y desvalijar a la gente hidalga y bien nacida.
- 19:39Con tales ideas, a don Lope le resultaban muy simpáticos los contrabandistas y matuteros, y si
- 19:47hubiera podido, habría salido a su defensa en un aprieto grave. Detestaba la policía encubierta o
- 19:54uniformada, y cubría de baldón a los carabineros y vigilantes de consumos, así como a los pasmarotes
- 20:02que llaman de Orden Público, y que, a su parecer, jamás protegen al débil contra el fuerte.
- 20:09Transigía con la Guardia Civil, aunque él, ¡qué demonio!, la hubiera organizado de otra manera,
- 20:16con facultades procesales y ejecutivas, como verdadera religión de caballería justiciera en
- 20:23caminos y despoblados. Sobre el Ejército, las ideas de don Lope picaban en extravagancia.
- 20:31Tal como lo conocía, no era más que un instrumento político, costoso y tonto por añadidura,
- 20:38y él opinaba que se le diera una organización religiosa y militar, como las antiguas
- 20:44órdenes de caballería, con base popular, servicio obligatorio, jefes hereditarios, vinculación del
- 20:52generalato, y en fin, un sistema tan complejo y enrevesado que ni él mismo lo entendía. Respecto a
- 21:01la Iglesia, teníala por una broma pesada, que los pasados siglos vienen dando a los presentes, y que
- 21:08estos aguantan por timidez y cortedad de genio. Y no se crea que era irreligioso: al contrario,
- 21:16su fe superaba a la de muchos que hociquean ante los altares y andan siempre entre curas.
- 21:23A estos no les podía ver ni escritos el ingenioso don Lope, porque no encontraba sitio para ellos
- 21:31en el sistema pseudo-caballeresco que su desocupado magín se había forjado,
- 21:37y solía decir: «Los verdaderos sacerdotes somos nosotros, los que regulamos el honor y la moral,
- 21:44los que combatimos en pro del inocente, los enemigos de la maldad, de la hipocresía,
- 21:50de la injusticia... y del vil metal». Casos había en la vida de este sujeto
- 21:57que le enaltecían en sumo grado, y si algún ocioso escribiera su historia, aquellos resplandores de
- 22:04generosidad y abnegación harían olvidar, hasta cierto punto, las oscuridades de su carácter
- 22:10y su conducta. De ellos debe hablarse, como antecedentes o causas que son de lo que luego
- 22:17se referirá. Siempre fue don Lope muy amigo de sus amigos, y hombre que se despepitaba por auxiliar
- 22:26a las personas queridas que se veían en algún compromiso grave. Servicial hasta el heroísmo,
- 22:33no ponía límites a sus generosos arranques. Su caballería llegaba en esto hasta la vanidad;
- 22:40y como toda vanidad se paga, como el lujo de los buenos sentimientos es el más dispendioso que se
- 22:47conoce, Garrido sufrió considerables quebrantos en su fortuna. Su muletilla familiar de dar la
- 22:55camisa por un amigo no era una simple afectación retórica. Si no la camisa, varias veces dio la
- 23:03mitad de la capa, como San Martín; y últimamente, la prenda de ropa más útil, como más próxima a la
- 23:11carne, había llegado a correr peligro. Un amigo de la infancia, a quien amaba
- 23:17entrañablemente, de nombre don Antonio Reluz, compinche de caballerías más o menos correctas,
- 23:25puso a prueba el furor altruista, que no otra cosa era, del buen don Lope. Reluz, al casarse por amor
- 23:34con una joven distinguidísima, apartose de las ideas y prácticas caballerescas de su amigo,
- 23:41calculando que no constituían oficio ni daban de comer, y se dedicó a manejar en buenos negocios
- 23:48el capitalito de su esposa. No le fue mal en los primeros años. Metiose en la compra y venta de
- 23:55cebada, en contratas de abastecimientos militares, y otros honrados tráficos, que Garrido miraba con
- 24:03altivo desprecio. Hacia 1880, cuando ambos habían pasado la línea de los cincuenta, la
- 24:11estrella de Reluz se eclipsó de súbito, y no puso la mano en negocio que no resultara de perros.
- 24:19Un socio de mala fe, un amigo pérfido acabaron de perderle, y el batacazo fue de los más gordos,
- 24:28hallándose de la noche a la mañana sin blanca, deshonrado y por añadidura preso... «¿Lo ves?
- 24:36—le decía su amigote—, ¿te convences ahora de que ni tú ni yo servimos para mercachifles?
- 24:42Te lo advertí cuando empezaste, y no quisiste hacerme caso. No pertenecemos a nuestra época,
- 24:49querido Antonio; somos demasiado decentes para andar en estos enjuagues, que allá se quedan
- 24:55para la patulea del siglo». Como consuelo, no era de los más eficaces. Reluz le oía sin pestañear,
- 25:04ni responderle nada, discurriendo cómo y cuándo se pegaría el tirito con que pensaba
- 25:10poner fin a su horrible sufrimiento. Pero Garrido no se hizo esperar,
- 25:17y al punto salió con el supremo recurso de la camisa. «Por salvar tu honra soy yo capaz de
- 25:23dar la... En fin, ya sabes que es obligación, no favor, pues somos amigos de veras, y lo que
- 25:30yo hago por ti, lo harías tú por mí». Aunque los descubiertos que ponían por los suelos el nombre
- 25:37comercial de Reluz no eran el oro ni el moro, pesaban lo bastante para desquebrajar el edificio
- 25:44no muy seguro de la fortunilla de don Lope; el cual, encastillado en su dogma altruista, hizo la
- 25:52hombrada gorda, y después de liquidar una casita que conservaba en Toledo, se desprendió de su
- 25:58colección de cuadros antiguos, si no de primera, bastante apreciable por los afanes y placeres sin
- 26:05cuento que representaba. «No te apures —decía a su triste amigo—. Pecho a la desgracia, y no des
- 26:13a esto el valor de un acto extraordinariamente meritorio. En estos tiempos putrefactos se
- 26:19estima como virtud lo que es deber de los más elementales. Lo que se tiene, se tiene, fíjate
- 26:25bien, en tanto que otro no lo necesita. Esta es la ley de las relaciones entre los humanos, y lo
- 26:33demás es fruto del egoísmo y de la metalización de las costumbres. El dinero no deja de ser vil sino
- 26:40cuando se ofrece a quien tiene la desgracia de necesitarlo. Yo no tengo hijos. Toma lo que poseo;
- 26:47que un pedazo de pan no ha de faltarnos». Que Reluz oía estas cosas con emoción profunda,
- 26:55no hay para qué decirlo. Cierto que no se pegó el tiro ni había para qué; mas lo mismo fue salir de
- 27:02la cárcel y meterse en su casa, que pillar una calentura maligna que lo despachó en siete días.
- 27:09Debió de ser de la fuerza del agradecimiento, y de las emociones terribles de aquella temporada.
- 27:16Dejó una viudita inconsolable, que por más que se empeñó en seguirle a la tumba por muerte natural,
- 27:23no pudo lograrlo, y una hija de diecinueve abriles, llamada Tristana.
- 27:32Capítulo III La viuda de Reluz había
- 27:37sido linda antes de los disgustos y trapisondas de los últimos tiempos. Pero su envejecer no
- 27:44fue tan rápido y patente que le quitara a don Lope las ganas de cortejarla, pues si el código
- 27:51caballeresco de éste le prohibía galantear a la mujer de un amigo vivo, la muerte del amigo le
- 27:58dejaba en franquía para cumplir a su antojo la ley de amar. Estaba de Dios, no obstante,
- 28:05que por aquella vez no le saliera bien la cuenta, pues a las primeras chinitas que a la inconsolable
- 28:11tiró, hubo de observar que no contestaba con buen acuerdo a nada de lo que se le decía, que aquel
- 28:19cerebro no funcionaba como Dios manda, y en suma, que a la pobre Josefina Solís le faltaban casi
- 28:28todas las clavijas que regulan el pensar discreto y el obrar acertado. Dos manías, entre otras mil,
- 28:37principalmente la trastornaban: la manía de mudarse de casa y la del aseo. Cada semana,
- 28:45o cada mes por lo menos, avisaba los carros de mudanzas, que aquel año hicieron buen agosto
- 28:51paseándole los trastos por cuantas calles y rondas hay en Madrid. Todas las casas eran
- 28:58magníficas el día de la mudanza, y detestables, inhospitalarias, horribles, ocho días después.
- 29:07En ésta se helaba de frío, en aquélla se achicharraba; en una había vecinas escandalosas,
- 29:14en otra ratones desvergonzados, en todas nostalgia de otra vivienda, del carro
- 29:21de mudanza, ansia infinita de lo desconocido. Quiso don Lope poner mano en este costoso delirio;
- 29:29pero pronto se convenció de que era imposible. El tiempo corto que mediaba entre mudanza y mudanza,
- 29:37empleábalo Josefina en lavar y fregotear cuanto cogía por delante, movida de escrúpulos nerviosos
- 29:46y de ascos hondísimos, más potentes que una fuerte impulsión instintiva. No daba la mano a nadie,
- 29:55temerosa de que le pegasen herpetismo o pústulas repugnantes. No comía más que huevos,
- 30:03después de lavarles el cascarón, y recelosa siempre de que la gallina que los puso hubiera
- 30:09picoteado en cosas impuras. Una mosca la ponía fuera de sí. Despedía las criadas cada lunes y
- 30:17cada martes por cualquier inocente contravención de sus extravagantes métodos de limpieza. No le
- 30:24bastaba con deslucir los muebles a fuerza de agua y estropajo; lavaba también las alfombras,
- 30:32los colchones de muelles, y hasta el piano, por dentro y por fuera. Rodeábase de desinfectantes y
- 30:40antisépticos, y hasta en la comida se advertían tufos de alcanfor. Con decir que lavaba los
- 30:48relojes está dicho todo. A su hija la zambullía en el baño tres veces al día, y el gato huyó bufando
- 30:56de la casa, por no hallarse con fuerzas para soportar los chapuzones que su ama le imponía.
- 31:04Con toda el alma lamentaba don Lope la liquidación cerebral de su amiga, y echaba
- 31:10de menos a la simpática Josefina de otros tiempos, dama de trato muy agradable, bastante instruida,
- 31:18y hasta con ciertas puntas y ribetes de literata de buena ley. A cencerros tapados compuso algunos
- 31:26versitos, que sólo mostraba a los amigos de confianza, y juzgaba con buen criterio de
- 31:32toda la literatura y literatos contemporáneos. Por temperamento, por educación y por atavismo,
- 31:41pues tuvo dos tíos académicos, y otro que fue emigrado en Londres con el duque de Rivas y
- 31:47Alcalá Galiano, detestaba las modernas tendencias realistas; adoraba el ideal y la frase noble y
- 31:54decorosa. Creía firmemente que en el gusto hay aristocracia y pueblo, y no vacilaba en asignarse
- 32:03un lugar de los más oscuros entre los próceres de las letras. Adoraba el teatro antiguo, y se sabía
- 32:10de memoria largos parlamentos de Don Gil de las calzas verdes, de La verdad sospechosa y de El
- 32:17mágico prodigioso. Tuvo un hijo, muerto a los doce años, a quien puso el nombre de Lisardo, como si
- 32:27fuera de la casta de Tirso o Moreto. Su niña debía el nombre de Tristana a la pasión por aquel arte
- 32:34caballeresco y noble, que creó una sociedad ideal para servir constantemente de norma o ejemplo a
- 32:42nuestras realidades groseras y vulgares. Pues todos aquellos refinados gustos,
- 32:48que la embellecían añadiendo encantos mil a sus gracias naturales, desaparecieron sin dejar rastro
- 32:56en ella. Con la insana manía de las mudanzas y del aseo, Josefina olvidó toda su edad pasada.
- 33:05Su memoria, como espejo que ha perdido el azogue, no conservaba ni una idea, ni un nombre, ni una
- 33:14frase de todo aquel mundo ficticio que tanto amó. Un día quiso don Lope despertar los recuerdos de
- 33:21la infeliz señora, y vio la estupidez pintada en su rostro, como si le hablaran de una existencia
- 33:29anterior a la presente. No comprendía nada, no se acordaba de cosa alguna, ignoraba quién podría
- 33:38ser don Pedro Calderón, y al pronto creyó que era algún casero, o el dueño de los carros de mudanza.
- 33:47Otro día la sorprendió lavando las zapatillas, y a su lado tenía, puestos a secar, los álbumes de
- 33:54retratos. Tristana contemplaba, conteniendo sus lágrimas, aquel cuadro de desolación,
- 34:02y con expresivos ojos suplicaba al amigo de la casa que no contrariase a la pobre enferma.
- 34:10Lo peor era que el buen caballero soportaba con resignación los gastos de aquella familia sin
- 34:16ventura, los cuales, con el sinfín de mudanzas, el frecuente romper de loza y deterioro de muebles,
- 34:24iban subiendo hasta las nubes. Aquel diluvio con jabón les ahogaba a todos. Por fortuna, en uno
- 34:33de los cambios de domicilio, ya fuese por haber caído en casa nueva, cuyas paredes chorreaban
- 34:39de humedad, ya porque Josefina usó zapatos recién sometidos a su sistema de saneamiento,
- 34:47llegó la hora de rendir a Dios el alma. Una fiebre reumática que la entró a saco, espada en mano,
- 34:56acabó sus tristes días. Pero la más negra fue que, para pagar médico, botica y entierro, amén de las
- 35:05cuentas de perfumería y comestibles, tuvo don Lope que dar otro tiento a su esquilmado caudal,
- 35:13sacrificando aquella parte de sus bienes que más amaba, su colección de armas antiguas y modernas,
- 35:20reunida con tantísimo afán, y con íntimos goces de rebuscador inteligente. Mosquetes
- 35:27raros y arcabuces roñosos, pistolas, alabardas, espingardas de moros y rifles de cristianos,
- 35:36espadas de cazoleta, y también petos y espaldares que adornaban la sala del caballero entre mil
- 35:42vistosos arreos de guerra y caza, formando el conjunto más noble y austero que imaginarse puede,
- 35:51pasaron a precio vil a manos de mercachifles. Cuando don Lope vio salir su precioso arsenal,
- 35:59quedose atribulado y suspenso, aunque su grande ánimo supo aherrojar la congoja que del fondo
- 36:06del pecho le brotaba, y poner en su rostro la máscara de una estoica y digna serenidad.
- 36:15Ya no le quedaba más que su colección de retratos de hembras hermosas, en los cuales había desde la
- 36:21miniatura delicada hasta la fotografía moderna en que la verdad suple el arte, museo que era para su
- 36:29historia de amorosas lides como los de cañones y banderas que en otro orden pregonan las grandezas
- 36:36de un reinado glorioso. Ya no le restaba más que esto, algunas imágenes elocuentes aunque mudas,
- 36:46que significaban mucho como trofeo, bien poco, ¡ay!, como especie representativa de vil metal.
- 36:55En la hora del morir, Josefina recobró, como suele suceder, parte del seso que había perdido,
- 37:03y con el seso le revivió momentáneamente su ser pasado, reconociendo, cual don Quijote moribundo,
- 37:11los disparates de la época de su viudez, y abominando de ellos. Volvió sus ojos a Dios,
- 37:19y aún tuvo tiempo de volverlos también a don Lope, que presente estaba, y le encomendó a su
- 37:27hija huérfana, poniéndola bajo su amparo, y el noble caballero aceptó el encargo con efusión,
- 37:34prometiendo lo que en tan solemnes casos es de rúbrica. Total: que la viuda de Reluz cerró la
- 37:42pestaña, mejorando con su pase a mejor vida la de las personas que acá gemían bajo el depotismo de
- 37:50sus mudanzas y lavatorios; que Tristana se fue a vivir con don Lope, y que éste... (hay que
- 37:58decirlo, por duro y lastimoso que sea), a los dos meses de llevársela, aumentó con ella la lista ya
- 38:06larguísima de sus batallas ganadas a la inocencia. Capítulo IV
- 38:17La conciencia del guerrero de amor arrojaba de sí, como se ha visto, esplendores de astro
- 38:24incandescente; pero también dejaba ver en ocasiones arideces horribles de astro
- 38:30apagado y muerto. Era que al sentido moral del buen caballero le faltaba una pieza importante,
- 38:39cual órgano que ha sufrido una mutilación y sólo funciona con limitaciones o paradas
- 38:45deplorables. Era que don Lope, por añejo dogma de su caballería sedentaria, no admitía crimen
- 38:53ni falta ni responsabilidad en cuestiones de faldas. Fuera del caso de cortejar a la dama,
- 39:00esposa o manceba de un amigo íntimo, en amor todo lo tenía por lícito. Los hombres como él,
- 39:09hijitos mimados de Adán, habían recibido del Cielo una tácita bula que les dispensaba de toda moral,
- 39:17antes policía del vulgo que ley de caballeros. Su conciencia, tan sensible en otros puntos, en aquél
- 39:25era más dura y más muerta que un guijarro, con la diferencia de que éste, herido por la llanta
- 39:32de una carreta, suele despedir alguna chispa, y la conciencia de don Lope, en casos de amor,
- 39:40aunque la machacaran las herraduras del caballo de Santiago, no echaba lumbres.
- 39:47Profesaba los principios más erróneos y disolventes, y los reforzaba con apreciaciones
- 39:53históricas, en las cuales lo ingenioso no quitaba lo sacrílego. Sostenía que en las relaciones de
- 40:01hombre y mujer no hay más ley que la anarquía, si la anarquía es ley; que el soberano amor no debe
- 40:08sujetarse más que a su propio canon intrínseco, y que las limitaciones externas de su soberanía
- 40:15no sirven más que para desmedrar la raza, para empobrecer el caudal sanguíneo de la humanidad.
- 40:22Decía, no sin gracia, que los artículos del Decálogo que tratan de toda la pecata minuta,
- 40:30fueron un pegote añadido por Moisés a la obra de Dios, obedeciendo a razones puramente políticas;
- 40:38que estas razones de estado continuaron influyendo en las edades sucesivas, haciendo necesaria la
- 40:46policía de las pasiones; pero que con el curso de la civilización perdieron su fuerza lógica,
- 40:54y sólo a la rutina y a la pereza humanas se debe que aún subsistan los efectos después de
- 41:01haber desaparecido las causas. La derogación de aquellos trasnochados artículos se impone,
- 41:08y los legisladores deben poner la mano en ella sin andarse en chiquitas. Bien demuestra esta
- 41:14necesidad la sociedad misma, derogando de hecho lo que sus directores se empeñan en conservar contra
- 41:22el empuje de las costumbres y las realidades del vivir. ¡Ah!, si el buenazo de Moisés levantara la
- 41:30cabeza, él y no otro corregiría su obra, reconociendo que hay tiempos de tiempos.
- 41:39Inútil parece advertir que cuantos conocían a Garrido, incluso el que esto escribe,
- 41:45abominaban y abominan de tales ideas, deplorando con toda el alma que la conducta del insensato
- 41:52caballero fuese una fiel aplicación de sus perversas doctrinas. Debe añadirse que a
- 41:59cuantos estimamos en lo que valen los grandes principios sobre que se asienta etcétera,
- 42:05etcétera..., se nos ponen los pelos de punta sólo de pensar cómo andaría la máquina social
- 42:12si a sus esclarecidos manipulantes les diese la ventolera de apadrinar los disparates de don Lope,
- 42:20y derogaran los articulitos o mandamientos cuya inutilidad éste de palabra y obra
- 42:27proclamaba. Si no hubiera infierno, sólo para don Lope habría que crear uno, a fin de que en
- 42:34él eternamente purgase sus burlas de la moral, y sirviese de perenne escarmiento a los muchos que,
- 42:43sin declararse sectarios suyos, vienen a serlo de hecho en toda la redondez de esta tierra pecadora.
- 42:52Contento estaba el caballero de su adquisición, porque la chica era linda, despabiladilla,
- 42:58de graciosos ademanes, fresca tez, y seductora charla. «Dígase lo que se quiera —argüía para su
- 43:07capote, recordando sus sacrificios por sostener a la madre y salvar de la deshonra al papá—,
- 43:14bien me la he ganado. ¿No me pidió Josefina que la amparase? Pues más amparo no cabe.
- 43:21Bien defendida la tengo de todo peligro; que ahora nadie se atreverá a tocarla al pelo de la ropa».
- 43:28En los primeros tiempos, guardaba el galán su tesoro con precauciones exquisitas y sagaces;
- 43:36temía rebeldías de la niña, sobresaltado por la diferencia de edad, mayor sin duda de lo que el
- 43:42interno canon de amor dispone. Temores y desconfianzas le asaltaban; casi, casi,
- 43:49sentía en la conciencia algo como un cosquilleo tímido, precursor de remordimiento. Pero esto
- 43:57duraba poco, y el caballero recobraba su bravía entereza. Por fin, la acción desbastadora del
- 44:05tiempo amortiguó su entusiasmo hasta suavizar los rigores de su inquieta vigilancia, y llegar
- 44:12a una situación semejante a la de los matrimonios que han agotado el capitalazo de las ternezas,
- 44:20y empiezan a gastar con prudente economía la rentita del afecto reposado y un tanto desabrido.
- 44:29Conviene advertir que ni por un momento se le ocurrió al caballero desposarse con su víctima,
- 44:36pues aborrecía el matrimonio; teníalo por la más espantosa fórmula de esclavitud
- 44:42que idearon los poderes de la tierra para meter en un puño a la pobrecita humanidad.
- 44:50Tristana aceptó aquella manera de vivir casi sin darse cuenta de su gravedad.
- 44:56Su propia inocencia, al paso que le sugería tímidamente medios defensivos que emplear no supo,
- 45:03le vendaba los ojos, y sólo el tiempo y la continuidad metódica de su deshonra le dieron
- 45:10luz para medir y apreciar su situación triste. La perjudicó grandemente su descuidada educación,
- 45:18y acabaron de perderla las hechicerías y artimañas que sabía emplear el tuno de don Lope,
- 45:26quien compensaba lo que los años le iban quitando con un arte sutilísimo de la palabra,
- 45:32y finezas galantes de superior temple, de esas que apenas se usan ya, porque se van muriendo los que
- 45:40usarlas supieron. Ya que no cautivar el corazón de la joven, supo el maduro galán mover con hábil
- 45:48pulso resortes de su fantasía, y producir con ellos un estado de pasión falsificada,
- 45:56que para él, ocasionalmente, a la verdadera se parecía.
- 46:02Pasó la señorita de Reluz por aquella prueba tempestuosa, como quien recorre los periodos
- 46:08de aguda dolencia febril, y en ella tuvo momentos de corta y pálida felicidad,
- 46:15como sospechas de lo que las venturas de amor pueden ser. Don Lope le cultivaba con esmero
- 46:21la imaginación, sembrando en ella ideas que fomentaran la conformidad con semejante vida;
- 46:29estimulaba la fácil disposición de la joven para idealizar las cosas, para verlo todo como no es,
- 46:37o como nos conviene o nos gusta que sea. Lo más particular fue que Tristana, en los primeros
- 46:44tiempos, no dio importancia al hecho monstruoso de que la edad de su tirano casi triplicaba la suya.
- 46:53Para expresarlo con la mayor claridad posible, hay que decir que no vio la desproporción,
- 46:59a causa sin duda de las consumadas artes del seductor, y de la complicidad pérfida con que la
- 47:06naturaleza le ayudaba en sus traidoras empresas, concediéndole una conservación casi milagrosa.
- 47:15Eran sus atractivos personales de tan superior calidad, que al tiempo le costaba mucho trabajo
- 47:21destruirlos. A pesar de todo, el artificio, la contrahecha ilusión de amor no podían durar:
- 47:31un día advirtió don Lope que había terminado la fascinación ejercida por él sobre la muchacha
- 47:38infeliz, y en ésta, el volver en sí produjo una terrible impresión de la que había de tardar
- 47:45mucho en recobrarse. Bruscamente vio en don Lope al viejo, y agrandaba con su fantasía la rídicula
- 47:55presunción del anciano que, contraviniendo la ley de Naturaleza, hace papeles de galán. Y no
- 48:02era don Lope aún tan viejo como Tristana lo sentía, ni había desmerecido hasta el punto
- 48:09de que se le mandara recoger como un trasto inútil. Pero como en la convivencia íntima los
- 48:16fueros de la edad se imponen, y no es tan fácil el disimulo como cuando se gallea fuera de casa,
- 48:23en lugares elegidos y a horas cómodas, surgían a cada instante mil motivos de desilusión,
- 48:30sin que el degenerado galanteador, con todo su arte y todo su talento, pudiera evitarlo.
- 48:38Este despertar de Tristana no era más que una fase de la crisis profunda que hubo
- 48:44de sufrir a los ocho meses próximamente de su deshonra, y cuando cumplía los veintidós años.
- 48:52Hasta entonces, la hija de Reluz, atrasadilla en su desarrollo moral, había sido toda irreflexión
- 48:59y pasividad muñequil, sin ideas propias, viviendo de las proyecciones del pensar ajeno, y con una
- 49:08docilidad tal en sus sentimientos, que era muy fácil evocarlos en la forma y con la intención
- 49:14que se quisiera. Pero vinieron días en que su mente floreció de improviso, como planta vivaz
- 49:21a la que le llega un buen día de primavera, y se llenó de ideas, en apretados capullos primero,
- 49:29en espléndidos ramilletes después. Anhelos indescifrables apuntaron en su alma.
- 49:35Se sentía inquieta, ambiciosa, sin saber de qué, de algo muy distante, muy alto, que no
- 49:42veían sus ojos por parte alguna; ansiosos temores la turbaban a veces, a veces risueñas confianzas;
- 49:52veía con lucidez su situación, y la parte de humanidad que ella representaba con sus desdichas;
- 49:59notó en sí algo que se le había colado de rondón por las puertas del alma,
- 50:04orgullo, conciencia de no ser una persona vulgar; sorprendiose de los rebullicios, cada día más
- 50:13fuertes, de su inteligencia, que le decía: «Aquí estoy. ¿No ves cómo pienso cosas grandes?». Y a
- 50:22medida que se cambiaba en sangre y médula de mujer la estopa de la muñeca, iba cobrando
- 50:28aborrecimiento y repugnancia a la miserable vida que llevaba, bajo el poder de don Lope Garrido.
- 50:39Capítulo V Y entre las mil cosas que
- 50:46aprendió Tristana en aquellos días, sin que nadie se las enseñara, aprendió también a disimular,
- 50:54a valerse de las ductilidades de la palabra, a poner en el mecanismo de la vida esos muelles que
- 51:00la hacen flexible, esos apagadores que ensordecen el ruido, esas desviaciones hábiles del movimiento
- 51:09rectilíneo, casi siempre peligroso. Era que don Lope, sin que ninguno de los dos se diese
- 51:16cuenta de ello, habíala hecho su discípula, y algunas ideas de las que con toda lozanía
- 51:23florecieron en la mente de la joven, procedían del semillero de su amante y, por fatalidad, maestro.
- 51:31Hallábase Tristana en esa edad y sazón en que las ideas se pegan, en que ocurren
- 51:37los más graves contagios del vocabulario personal, de las maneras y hasta del carácter.
- 51:45La señorita y la criada hacían muy buenas migas. Sin la compañía y los agasajos de Saturna, la vida
- 51:53de Tristana habría sido intolerable. Charlaban trabajando, y en los descansos charlaban más
- 52:00todavía. Refería la criada sucesos de su vida, pintándole el mundo y los hombres con sincero
- 52:07realismo, sin ennegrecer ni poetizar los cuadros; y la señorita, que apenas tenía pasado que contar,
- 52:16lanzábase a los espacios del suponer y del presumir, armando castilletes de vida futura,
- 52:23como los juegos constructivos de la infancia con cuatro tejuelos y algunos montoncitos de tierra.
- 52:30Eran la historia y la poesía asociadas en feliz maridaje. Saturna enseñaba,
- 52:37la niña de don Lope creaba, fundando sus atrevidos ideales en los hechos de la otra.
- 52:44—Mira tú —decía Tristana a la que, más que sirviente, era para ella una fiel amiga—,
- 52:52no todo lo que este hombre perverso nos enseña es disparatado, y algo de lo que habla tiene
- 52:57mucho intríngulis... Porque lo que es talento, no se puede negar que le sobra. ¿No te parece a ti
- 53:03que lo que dice del matrimonio es la pura razón? Yo... te lo confieso aunque me riñas, creo como él
- 53:11que eso de encadenarse a otra persona por toda la vida, es invención del diablo... ¿No lo crees tú?
- 53:19Te reirás cuando te diga que no quisiera casarme nunca, que me gustaría vivir siempre libre. Ya,
- 53:26ya sé lo que estás pensando; que me curo en salud, porque después de lo que me ha pasado con este
- 53:32hombre, y siendo pobre como soy, nadie querrá cargar conmigo. ¿No es eso, mujer, no es eso?
- 53:40—Ay, no, señorita, no pensaba tal cosa —replicó la doméstica prontamente—. Siempre se encuentran
- 53:48unos pantalones para todo, inclusive para casarse. Yo me casé una vez, y no me pesó;
- 53:55pero no volveré por agua a la fuente de la vicaría. Libertad, tiene razón la señorita,
- 54:02libertad, aunque esta palabra no suena bien en boca de mujeres. ¿Sabe la señorita cómo llaman
- 54:08a las que sacan los pies del plato? Pues las llaman, por buen nombre, libres. De consiguiente,
- 54:15si ha de haber un poco de reputación, es preciso que haya dos pocos de esclavitud. Si tuviéramos
- 54:22oficios y carreras las mujeres, como los tienen esos bergantes de hombres, anda con Dios. Pero,
- 54:29fíjese, sólo tres carreras pueden seguir las que visten faldas: o casarse, que carrera es, o el
- 54:36teatro..., vamos, ser cómica, que es buen modo de vivir, o... no quiero nombrar lo otro. Figúreselo.
- 54:45—Pues mira tú, de esas tres carreras, únicas de la mujer, la primera me agrada poco,
- 54:51la tercera menos, la de enmedio la seguiría yo si tuviera facultades; pero me parece que no
- 54:57las tengo... Ya sé, ya sé que es difícil eso de ser libre... y honrada. ¿Y de qué vive una mujer
- 55:05no poseyendo rentas? Si nos hicieran médicas, abogadas, siquiera boticarias o escribanas, ya que
- 55:12no ministras y senadoras, vamos, podríamos... Pero cosiendo, cosiendo... Calcula las puntadas que hay
- 55:20que dar para mantener una casa... Cuando pienso lo que será de mí, me dan ganas de llorar. ¡Ay,
- 55:27pues si yo sirviera para monja, ya estaba pidiendo plaza en cualquier convento! Pero no valgo, no,
- 55:33para encerronas de toda la vida. Yo quiero vivir, ver mundo y enterarme de por qué y para qué nos
- 55:40han traído a esta tierra en que estamos. Yo quiero vivir y ser libre... Di otra cosa:
- 55:47¿y no puede una ser pintora, y ganarse el pan pintando cuadros bonitos?
- 55:52Los cuadros valen muy caros. Por uno que sólo tenía unas montañas allá lejos, con cuatro árboles
- 55:58secos más acá, y en primer término un charco y dos patitos, dio mi papá mil pesetas. Conque ya ves.
- 56:06¿Y no podría una mujer meterse a escritora y hacer comedias..., libros de rezo, o siquiera fábulas,
- 56:13Señor? Pues a mí me parece que esto es fácil. Puedes creerme que estas noches últimas,
- 56:18desvelada y no sabiendo cómo entretener el tiempo, he inventado no sé cuántos dramas de los que hacen
- 56:24llorar, y piezas de las que hacen reír, y novelas de muchísimo enredo y pasiones tremendas, y qué
- 56:31sé yo. Lo malo es que no sé escribir..., quiero decir, con buena letra cometo la mar de faltas de
- 56:38gramática, y hasta de ortografía. Pero ideas, lo que llamamos ideas, cree que no me faltan.
- 56:46—¡Ay, señorita —dijo Saturna sonriendo y alzando sus admirables ojos negros de la media
- 56:53que repasaba—, qué engañada vive si piensa que todo eso puede dar de comer a una señora honesta
- 56:59en libertad! Eso es para hombres, y aun ellos..., ¡vaya, lucido pelo echan los que viven de cosas de
- 57:06leyenda! Echarán plumas, pero lo que es pelo... Pepe Ruiz, el hermano de leche de mi difunto,
- 57:13que es un hombre muy sabido en la materia, como que trabaja en la fundición donde hacen
- 57:18las letras de plomo para imprimir, nos decía que entre los de pluma todo es hambre y necesidad,
- 57:24y que aquí no se gana el pan con el sudor de la frente, sino con el de la lengua;
- 57:30más claro: que sólo sacan tajada los políticos, que se pasan la vida echando
- 57:34discursos. ¿Trabajitos de cabeza?..., ¡quítese usted de ahí! ¿Dramas, cuentos y libros para
- 57:41reírse o llorar? Conversación. Los que los inventan no sacarían ni para un cocido si
- 57:48no intrigaran con el Gobierno para afanar los destinos. Así anda la Ministración.
- 57:55—Pues yo te digo (Con viveza) que hasta para eso del gobierno y la política me parece a mí que
- 57:59había de servir yo. No te rías. Sé pronunciar discursos. Es cosa muy fácil. Con leer un
- 58:06poquitín de las sesiones de Cortes, enseguida te enjareto lo bastante para llenar medio periódico.
- 58:13—¡Vaya por Dios! Para eso hay que ser hombre, señorita. La maldita enagua estorba para eso,
- 58:19como para montar a caballo. Decía mi difunto que si él no hubiera sido tan corto de genio,
- 58:25habría llegado a donde llegan pocos, porque se le ocurrían cosas tan gitanas como las que le
- 58:30echan a usted Castelar y Cánovas en las Cortes, cosas del salvar al país verdaderamente; pero el
- 58:37hijo de Dios, siempre que quería desbocarse en el Círculo de Artesanos, o en los metingues de los
- 58:43compañeros, se sentía un tenazón en el gaznate, y no acertaba con la palabra primera, que es la
- 58:50más difícil..., vamos, que no rompía. Claro, no rompiendo, no podía ser orador ni político.
- 58:58—¡Ay qué tonto!, pues yo rompería, vaya si rompería. Es que vivimos sin movimiento,
- 59:04atadas con mil ligaduras... También se me ocurre que yo podría estudiar lenguas.
- 59:09No sé más que las raspaduras de francés que me enseñaron en el colegio, y ya las voy olvidando.
- 59:16¡Qué gusto hablar inglés, alemán, italiano! Me parece a mí que si me pusiera, lo aprendería
- 59:22pronto. Me noto..., no sé cómo decírtelo..., me noto como si supiera ya un poquitín antes
- 59:28de saberlo, como si en otra vida hubiera sido yo inglesa o alemana, y me quedara un dejo...
- 59:36—Pues eso de las lenguas —afirmó Saturna mirando a la señorita con maternal solicitud— sí que le
- 59:43convenía aprenderlo, porque la que da lecciones lo gana, y además es un gusto poder entender
- 59:48todo lo que parlan los extranjeros. Bien podría el amo ponerle un buen profesor.
- 59:54—No me nombres a tu amo. No espero nada de él. No sé, no sé cuándo ni cómo concluirá esto;
- 1:00:01pero de alguna manera ha de concluir. La señorita calló, sumergiéndose en una cavilación
- 1:00:08sombría. Acosada por la idea de abandonar la morada de don Lope, oyó en su mente el hondo
- 1:00:14tumulto de Madrid, vio la polvareda de luces que a lo lejos resplandecía, y se sintió embelesada
- 1:00:23por el sentimiento de su independencia. Volviendo de aquella meditación como de un letargo, suspiró
- 1:00:30fuerte. ¡Cuán sola estaría en el mundo fuera de la casa de su pobre y caduco galán! No tenía
- 1:00:37parientes, y las dos únicas personas a quienes tal nombre pudiera dar hallábanse muy lejos:
- 1:00:45su tío materno, don Fernando, en Filipinas, el primo Cuesta, en Mallorca, y ninguno de los dos
- 1:00:53había mostrado nunca malditas ganas de ampararla. Recordó también (y a todas éstas Saturna la
- 1:01:01observaba con ojos compasivos) que las familias que tuvieron visiteo y amistad con su madre,
- 1:01:08la miraban ya con prevención y despego, efecto de la endiablada sombra de don Lope.
- 1:01:14Contra esto, no obstante, hallaba Tristana en su orgullo defensa eficaz, y despreciando a quien la
- 1:01:21ofendía, se daba una de esas satisfacciones ardientes que fortifican por el momento
- 1:01:28como el alcohol, aunque a la larga destruyan. —¡Dale!, no piense cosas tristes —le dijo Saturna,
- 1:01:37pasándole la mano por delante de los ojos, como si ahuyentara una mosca—.
- 1:01:45Capítulo VI —¿Pues en qué quieres que piense,
- 1:01:50en cosas alegres? Dime dónde están, dímelo pronto. Para amenizar la conversación, Saturna echaba mano
- 1:01:58prontamente de cualquier asunto jovial, sacando a relucir anécdotas y chismes de la gárrula sociedad
- 1:02:04que las rodeaba. Algunas noches se entretenían en poner en solfa a don Lope, el cual, al verse
- 1:02:11en tan gran decadencia, desmintió los hábitos espléndidos de toda su vida, volviéndose algo
- 1:02:18roñoso. Apremiado por la creciente penuria, regateaba los míseros gastos de la casa,
- 1:02:25educándose, ¡a buenas horas!, en la administración doméstica, tan disconforme con su caballería.
- 1:02:33Minucioso y cominero, intervenía en cosas que antes estimaba impropias de su decoro señoril,
- 1:02:40y gastaba un genio y unos refunfuños que le desfiguraban más que los hondos surcos de
- 1:02:46la cara y el blanquear del cabello. Pues de estas miserias, de estas prosas trasnochadas
- 1:02:54de la vida del don Juan caído, sacaban las dos hembras materia para reírse y pasar el rato.
- 1:03:01Lo gracioso del caso era que, como don Lope ignoraba en absoluto la economía doméstica,
- 1:03:07mientras más se las echaba de financiero y de buen mayordomo, más fácilmente le engañaba Saturna,
- 1:03:13consumada maestra en sisas y otras artimañas de cocinera y compradora.
- 1:03:19Con Tristana fue siempre el caballero todo lo generoso que su pobreza cada vez mayor le
- 1:03:25permitía. Iniciada con tristísimos caracteres la escasez, en el costoso renglón de ropa fue
- 1:03:33donde primero se sintió el doloroso recorte de las economías; pero don Lope sacrificó su presunción a
- 1:03:41la de su esclava, sacrificio no flojo en hombre tan devoto admirador de sí mismo. Llegó día en
- 1:03:48que la escasez mostró toda la fealdad seca de su cara de muerte, y ambos quedaron iguales en
- 1:03:55lo anticuado y traído de la ropa. La pobre niña se quemaba las cejas, haciendo con sus trapitos,
- 1:04:03ayudada de Saturna, mil refundiciones que eran un primor de habilidad y paciencia. En los fugaces
- 1:04:10tiempos, que bien podríamos llamar felices o dorados, Garrido la llevaba al teatro alguna vez;
- 1:04:18mas la necesidad, con su cara de hereje, decretó al fin la absoluta supresión de todo espectáculo
- 1:04:25público. Los horizontes de la vida se cerraban y ennegrecían cada día más delante de la señorita de
- 1:04:34Reluz, y aquel hogar desapacible, frío de afectos, pobre, vacío en absoluto de ocupaciones gratas,
- 1:04:42le abrumaba el espíritu. Porque la casa, en la cual lucían restos de instalaciones
- 1:04:48que fueron lujosas, se iba poniendo de lo más feo y triste que es posible imaginar:
- 1:04:55todo anunciaba penuria y decaimiento, nada de lo roto o deteriorado se componía ni se reparaba.
- 1:05:03En la salita, desconcertada y glacial, sólo quedaba, entre trastos feísimos,
- 1:05:09un vargueño estropeado por las mudanzas, en el cual tenía don Lope su archivo galante. En las
- 1:05:17paredes veíanse los clavos de donde pendieron las panoplias. En el gabinete observábase
- 1:05:23hacinamiento de cosas que debieron de tener hueco en local más grande, y en el comedor no había más
- 1:05:31mueble que la mesa, y unas sillas cojas con el cuero desgarrado y sucio. La cama de don Lope,
- 1:05:38de madera con columnas y pabellón airoso, imponía por su corpulencia monumental; pero las cortinas
- 1:05:46de damasco azul no podían ya con más desgarrones. El cuarto de Tristana, inmediato al de su dueño,
- 1:05:55era lo menos marcado por el sello del desastre, gracias al exquisito esmero con que ella defendía
- 1:06:01su ajuar de la descomposición y de la miseria. Y si la casa declaraba, con el expresivo lenguaje
- 1:06:08de las cosas, la irremediable decadencia de la caballería sedentaria, la persona del galán iba
- 1:06:16siendo rápidamente imagen lastimosa de lo fugaz y vano de las glorias humanas. El desaliento,
- 1:06:23la tristeza de su ruina, debían de influir no poco en el bajón del menesteroso caballero, ahondando
- 1:06:30las arrugas de sus sienes más que los años, y más que el ajetreo que desde los veinte se traía.
- 1:06:38Su cabello, que a los cuarenta empezó a blanquear, se había conservado espeso y fuerte; pero ya se le
- 1:06:46caían mechones, que él habría repuesto en su sitio si hubiera alguna alquimia que lo consintiese. La
- 1:06:53dentadura se le conservaba bien en la parte más visible; pero sus hasta entonces admirables muelas
- 1:07:00empezaban a insubordinarse, negándose a masticar bien, o rompiéndosele en pedazos, cual si unas
- 1:07:08a otras se mordieran. El rostro de soldado de Flandes iba perdiendo sus líneas severas,
- 1:07:15y el cuerpo no podía conservar su esbeltez de antaño sin el auxilio de una férrea voluntad.
- 1:07:23Dentro de casa la voluntad se rendía, reservando sus esfuerzos para la calle, paseos y casino.
- 1:07:31Comúnmente, si al entrar de noche encontraba despiertas a las dos mujeres, echaba un parrafito
- 1:07:37con ellas, corto con Saturna, a quien mandaba que se acostara, largo con Tristana. Pero llegó un
- 1:07:45tiempo en que casi siempre entraba silencioso y de mal talante, y se metía en su cuarto,
- 1:07:52donde la cautiva infeliz tenía que oír y soportar sus clamores por la tos persistente, por el dolor
- 1:08:00reumático, o la sofocación del pecho. Renegaba don Lope y ponía el grito en el cielo, cual si creyese
- 1:08:08que Naturaleza no tenía ningún derecho a hacerle padecer, o si se considerara mortal predilecto,
- 1:08:16relevado de las miserias que afligen a la humanidad. Y para colmo de desdichas, veíase
- 1:08:22precisado a dormir con la cabeza envuelta en un feo pañuelo, y su alcoba apestaba de los menjurjes
- 1:08:30que usar solía para el reúma o el romadizo. Pero estas menudencias, que herían a don Lope
- 1:08:37en lo más vivo de su presunción, no afectaban a Tristana tanto como las fastidiosas mañas que iba
- 1:08:43sacando el pobre señor, pues al derrumbarse tan lastimosamente en lo físico y en lo moral dio en
- 1:08:51la flor de tener celos. El que jamás concedió a ningún nacido los honores de la rivalidad,
- 1:08:59al sentir en sí la vejez del león, se llenaba de inquietudes, y veía salteadores y enemigos en su
- 1:09:07propia sombra. Reconociéndose caduco, el egoísmo le devoraba, como una lepra senil, y la idea de
- 1:09:16que la pobre joven le comparase, aunque sólo mentalmente, con soñados ejemplares de belleza
- 1:09:22y juventud, le acibaraba la vida. Su buen juicio, la verdad sea dicha, no le abandonaba enteramente,
- 1:09:31y en sus ratos lúcidos, que por lo común eran por la mañana, reconocía toda la importunidad
- 1:09:38y sinrazón de su proceder, y procuraba adormecer a la cautiva con palabras de cariño y confianza.
- 1:09:47Poco duraban estas paces, porque al llegar la noche, cuando el viejo y la niña se quedaban
- 1:09:53solos, recobraba el primero su egoísmo semítico, sometiéndola a interrogatorios humillantes y,
- 1:10:00una vez, exaltado por aquel suplicio en que le ponía la desproporción alarmante entre su
- 1:10:07flacidez enfermiza y la lozanía de Tristana, llegó a decirle: «Si te sorprendo en algún mal paso,
- 1:10:15te mato, cree que te mato. Prefiero terminar trágicamente a ser ridículo en mi decadencia.
- 1:10:22Encomiéndate a Dios, antes de faltarme. Porque yo lo sé, lo sé; para mí no hay secretos; poseo un
- 1:10:29saber infinito de estas cosas, y una experiencia y un olfato... que no es posible pegármela, no,
- 1:10:37no es posible». –VII–
- 1:10:45Algo se asustaba Tristana, sin llegar a sentir terror, ni a creer al pie de la letra en las
- 1:10:51fieras amenazas de su dueño, cuyos alardes de olfato y adivinación estimaba como ardid para
- 1:10:58dominarla. La tranquilidad de su conciencia dábale valor contra el tirano, y ni aun se cuidaba de
- 1:11:06obedecerle en sus infinitas prohibiciones. Aunque le había ordenado no salir de paseo con Saturna,
- 1:11:14se escabullía casi todas las tardes; pero no iban a Madrid, sino hacia Cuatro Caminos, al Partidor,
- 1:11:22al Canalillo o hacia las alturas que dominan el Hipódromo; paseo de campo, con merienda las más
- 1:11:29veces, y esparcimiento saludable. Eran los únicos ratos de su vida en que la pobre esclava podía
- 1:11:36dar de lado a su tristeza, y gozaba de ellos con abandono pueril, permitiéndose correr y saltar,
- 1:11:44y jugar a las cuatro esquinas con la chica del tabernero, que solía acompañarla,
- 1:11:49o alguna otra amiguita del vecindario. Los domingos, el paseo era de muy distinto carácter.
- 1:11:57Saturna tenía a su hijo en el Hospicio, y según costumbre de todas las madres que se hallan en
- 1:12:03igual caso, salía a encontrarle en el paseo. Comúnmente, al llegar la caterva de chiquillos
- 1:12:11a un lugar convenido en las calles nuevas de Chamberí, les dan el rompanfilas, y se ponen a
- 1:12:18jugar. Allí les aguardan ya las madres, abuelas o tías (del que las tiene), con el pañuelito
- 1:12:26de naranjas, cacahuetes, avellanas, bollos o mendrugos de pan. Algunos corretean y brincan
- 1:12:33jugando a la toña; otros se pegan a los grupos de mujeres. Los hay que piden cuartos al transeúnte,
- 1:12:41y casi todos rodean a las vendedoras de caramelos largos, avellanas y piñones.
- 1:12:48Mucho gustaban a Tristana tales escenas, y ningún domingo, como hiciera buen tiempo, dejaba de
- 1:12:54compartir con su sirviente la grata ocupación de obsequiar al hospicianillo, el cual se llamaba
- 1:13:02Saturno, como su madre, y era rechoncho, patizambo, con unos mofletes encendidos y
- 1:13:09carnosos que venían a ser como certificación viva del buen régimen del establecimiento provincial.
- 1:13:18La ropa de paño burdo no le consentía ser muy elegante en sus movimientos, y la gorra con
- 1:13:25galón no ajustaba bien a su cabezota, de cabello duro y cerdoso como los pelos de un cepillo. Su
- 1:13:33madre y Tristana le encontraban muy salado; pero hay que confesar que de salado no tenía ni pizca;
- 1:13:41era, sí, dócil, noblote y aplicadillo, con aficiones a la tauromaquia callejera.
- 1:13:49La señorita le obsequiaba siempre con alguna naranja, y le llevaba además una perra chica para
- 1:13:56que comprase cualquier chuchería de su agrado; y por más que su madre le incitaba al ahorro,
- 1:14:03sugiriéndole la idea de ir guardando todo el numerario que obtuviera, jamás pudo
- 1:14:08conseguir poner diques a su despilfarro, y cuarto adquirido era cuarto lanzado a la circulación. Así
- 1:14:17prosperaba el comercio de molinitos de papel, de banderillas para torear, y de torrados y bellotas.
- 1:14:25Tras importunas lluvias, trajo el año aquel una apacible quincena de octubre, con sol picón,
- 1:14:32cielo despejado, aire quieto; y aunque por las mañanas amanecía Madrid enfundado de nieblas,
- 1:14:40y por las noches la radiación enfriaba considerablemente el suelo, las tardes,
- 1:14:45de dos a cinco, eran deliciosas. Los domingos no quedaba bicho viviente en casa, y todas las vías
- 1:14:53de Chamberí, los altos de Maudes, las avenidas del Hipódromo y los cerros de Amaniel, hormigueaban de
- 1:15:00gente. Por la carretera no cesaba el presuroso desfile hacia los merenderos de Tetuán.
- 1:15:08Un domingo de aquel hermoso octubre, Saturna y Tristana fueron a esperar a los hospicianos en la
- 1:15:15calle de Ríos Rosas, que enlaza los altos de Santa Engracia con la Castellana, y en aquella hermosa
- 1:15:23vía, bien asoleada, ancha y recta, que domina un alegre y extenso campo, fue soltada la doble
- 1:15:31cuerda de presos. Unos se pegaron a las madres, que les habían venido siguiendo desde lejos;
- 1:15:38otros armaron al instante la indispensable corrida de novillos de puntas, con presidencia, chiqueros,
- 1:15:46apartado, callejones, barrera, música del Hospicio, y demás perfiles. A la sazón
- 1:15:53pasaron por allí, viniendo de la Castellana, los sordomudos, en grupos de mudo y ciego,
- 1:16:00con sus gabanes azules y galonada gorra. En cada pareja, los ojos del mudo valían al ciego
- 1:16:07para poder andar sin tropezones; se entendían por el tacto con tan endiabladas garatusas,
- 1:16:15que causaba maravilla verles hablar. Gracias a la precisión de aquel lenguaje,
- 1:16:21enteráronse pronto los ciegos de que allí estaban los hospicianos, mientras los muditos, todos ojos,
- 1:16:29se deshacían por echar un par de verónicas. ¡Como que para esto maldita falta les hacía el don de la
- 1:16:35palabra! En alguna pareja de sordos, las garatusas eran un movimiento o vibración rapidísima,
- 1:16:43tan ágil y flexible como la humana voz. Contrastaban las caras picarescas de los mudos,
- 1:16:50en cuyos ojos resplandecía todo el verbo humano, con las caras aburridas, muertas, de los ciegos,
- 1:16:59picoteadas atrozmente de viruelas, vacíos los ojos y cerrados entre cerdosas pestañas,
- 1:17:07o abiertos, aunque insensibles a la luz, con pupila de cuajado vidrio.
- 1:17:14Detuviéronse allí, y por un momento reinó la fraternidad entre unos y otros. Gestos, muecas,
- 1:17:22cucamonas mil. Los ciegos, no pudiendo tomar parte en ningún juego, se apartaban desconsolados.
- 1:17:31Algunos se permitían sonreír como si vieran, llegando al conocimiento de las cosas por el
- 1:17:37velocísimo teclear de los dedos. Tal compasión inspiraban a Tristana aquellos infelices,
- 1:17:45que casi, casi, le hacía daño mirarles. ¡Cuidado que no ver! No acababan de ser personas:
- 1:17:53faltábales la facultad de enterarse, y ¡qué trabajo tener que enterarse de todo pensándolo!
- 1:18:02Apartose Saturno de su mamá para unirse a una partida que, apostada en sitio conveniente,
- 1:18:08desvalijaba a los transeúntes, no de dinero, sino de cerillas. «El fósforo o la vida» era la
- 1:18:16consigna, y con tal saqueo reunían los muchachos materia bastante para sus ejercicios pirotécnicos,
- 1:18:24o para encender las hogueras de la Inquisición. Fue Tristana en su busca; antes de aproximarse
- 1:18:31a los incendiarios, vio a un hombre que hablaba con el profesor de los sordomudos,
- 1:18:36y al cruzarse su mirada con la de aquel sujeto, pues en ambos el verse y el mirarse fueron una
- 1:18:44acción sola, sintió una sacudida interna, como suspensión instantánea del correr de la sangre.
- 1:18:53¿Qué hombre era aquél? Habíale visto antes, sin duda; no recordaba cuándo ni dónde, allí,
- 1:19:00o en otra parte; pero aquélla fue la primera vez que al verle sintió sorpresa hondísima,
- 1:19:08mezclada de turbación, alegría y miedo. Volviéndole la espalda, habló con Saturno para
- 1:19:15convencerle del peligro de jugar con fuego, y oía la voz del desconocido hablando con picante viveza
- 1:19:23de cosas que ella no pudo entender. Al mirarle de nuevo, encontró los ojos de él que la buscaban.
- 1:19:31Sintió vergüenza, y se apartó de allí, no sin determinarse a lanzar de lejos otra miradita,
- 1:19:40deseando examinar con ojos de mujer al hombre que tan sin motivo absorbía su atención,
- 1:19:47ver si era rubio o moreno, si vestía con gracia, si tenía aires de persona principal, pues de nada
- 1:19:55de esto se había enterado aún. El tal se alejaba: era joven, de buena estatura, vestía como persona
- 1:20:03elegante que no está de humor de vestirse, en la cabeza un livianillo, chafado sin afectación,
- 1:20:10arrastrando, mal cogido con la mano derecha, un gabán de verano de mucho uso. Lo llevaba como
- 1:20:17quien no estima en nada las prendas de vestir. El traje era gris, la corbata de lazada hecha a mano
- 1:20:24con descuido. Todo esto lo observó en un decir Jesús, y, la verdad, el caballero aquel, o lo
- 1:20:33que fuese, le resultaba simpático..., muy moreno, con barba corta... Creyó al pronto que llevaba
- 1:20:41quevedos..., pero no; nada de ojos sobrepuestos; sólo los naturales, que... Tristana no pudo,
- 1:20:49por la mucha distancia, apreciar cómo eran. Desapareció el individuo, persistiendo su imagen
- 1:20:57en el pensamiento de la esclava de don Lope, y al día siguiente, ésta, de paseo con Saturna,
- 1:21:05le volvió a ver. Iba con el mismo traje; pero llevaba puesto el gabán, y al cuello un pañuelo
- 1:21:12blanco, porque soplaba un fresco picante. Miróle con descaro inocente, regocijada de verle, y él
- 1:21:21la miraba también, parándose a discreta distancia. «Parece que quiere hablarme —pensaba la joven—. Y,
- 1:21:30verdaderamente, no sé por qué no me dice lo que tiene que decirme». Reíase Saturna de aquel
- 1:21:36flecheo insípido, y la señorita, poniéndose colorada, hacía como que se burlaba también.
- 1:21:44Por la noche no tuvo sosiego, y sin atreverse a comunicar a Saturna lo que sentía, se declaraba
- 1:21:51a sí propia las cosas más graves. «¡Cómo me gusta ese hombre! No sé qué daría porque se
- 1:21:58atreviera... No sé quién es, y pienso en él noche y día. ¿Qué es esto? ¿Estoy yo loca? ¿Significa
- 1:22:06esto la desesperación de la prisionera que descubre un agujerito por donde escaparse?
- 1:22:13Yo no sé lo que es esto; sólo sé que necesito que me hable, aunque sea por telégrafos, como
- 1:22:19los sordomudos, o que me escriba. No me espanta la idea de escribirle yo, o de decirle que sí,
- 1:22:27antes que él me pregunte... ¡Qué desvarío! ¿Pero quién será? Podría ser un pillo, un... No,
- 1:22:36bien se ve que es una persona que no se parece a las demás personas. Es solo, único..., bien claro
- 1:22:44está. No hay otro. ¡Y encontrar yo el único, y ver que este único tiene más miedo que yo,
- 1:22:51y no se atreve a decirme que soy su única! No, no, yo le hablo, le hablo..., me acerco,
- 1:22:59le pregunto qué hora es, cualquier cosa..., o le digo, como los hospicianos, que me haga el
- 1:23:05favor de una cerillita... ¡Vaya un disparate! ¡Qué pensaría de mí! Tendríame por una mujer
- 1:23:12casquivana. No, no, él es el que debe romper...». A la tarde siguiente, ya casi de noche, viniendo
- 1:23:22señorita y criada en el tranvía descubierto, ¡él también! Le vieron subir en la Glorieta
- 1:23:28de Quevedo; pero como había bastante gente, tuvo que quedarse en pie en la plataforma delantera.
- 1:23:35Tristana sentía tal sofocación en su pecho, que a ratos érale forzoso ponerse en pie para respirar.
- 1:23:44Un peso enorme gravitaba sobre sus pulmones, y la idea de que, al bajar del coche, el desconocido
- 1:23:51se decidiría a romper el silencio, la llenaba de turbación y ansiedad. ¿Y qué le iba a contestar
- 1:23:58ella? Pues señor, no tenía más remedio que manifestarse muy sorprendida, rechazar, alarmarse,
- 1:24:07ofenderse y decir que no y qué sé yo... Esto era lo bonito y decente. Bajaron, y el caballero
- 1:24:16incógnito las siguió a honestísima distancia. No se atrevía la esclava de don Lope a volver la
- 1:24:23cabeza, pero Saturna se encargaba de mirar por las dos. Deteníanse con pretextos rebuscados;
- 1:24:31retrocedían como para ver el escaparate de una tienda... y nada. El galán..., mudo como
- 1:24:39un cartujo. Las dos mujeres, en su desordenado andar, tropezaron con unos chicos que jugaban en
- 1:24:46la acera, y uno de ellos cayó al suelo chillando, mientras los otros corrían hacia las puertas de
- 1:24:52las casas alborotando como demonios. Confusión, tumulto infantil, madres que acuden airadas...
- 1:25:01Tantas manos quisieron levantar al muchacho caído, que se cayó otro, y el barullo aumentó.
- 1:25:09Como en esto observara Saturna que su señorita y el galán desconocido no distaban un palmo
- 1:25:15el uno del otro, se apartó solapadamente. «Gracias a Dios —pensó atisbándoles de lejos—,
- 1:25:24ya pica: hablando están». ¿Qué dijo a Tristana el sujeto aquel? No se sabe. Sólo consta que Tristana
- 1:25:33le contestó a todo que sí, ¡sí, sí!, cada vez más alto, como persona que, avasallada por un
- 1:25:41sentimiento más fuerte que su voluntad, pierde en absoluto el sentido de las conveniencias.
- 1:25:48Fue su situación semejante a la del que se está ahogando y ve un madero y a él se agarra,
- 1:25:54creyendo encontrar en él su salvación. Es absurdo pedir al náufrago que adopte posturas decorosas
- 1:26:02al asirse a la tabla. Voces hondas del instinto de salvación eran las breves y categóricas respuestas
- 1:26:10de la niña de don Lope, aquel sí pronunciado tres veces con creciente intensidad de tono,
- 1:26:18grito de socorro de un alma desesperada... Corta y de provecho fue la escenita. Cuando Tristana
- 1:26:26volvió al lado de Saturna, se llevó una mano a la sien, y temblando le dijo: «¡Pero si estoy
- 1:26:32loca!... Ahora comprendo mi desvarío. No he tenido tacto, ni malicia, ni dignidad. Me he vendido,
- 1:26:39Saturna... ¡Qué pensará de mí! Sin saber lo que hacía..., arrastrada por un vértigo...,
- 1:26:46a todo cuanto me dijo le contesté que sí..., ¡pero cómo...!, ¡ay!, no sabes..., vaciando mi alma
- 1:26:53por los ojos. Los suyos me quemaban. ¡Y yo que creía saber algo de estas hipocresías que tanto
- 1:26:59convienen a una mujer! Si me creerá tonta..., si pensará que no tengo vergüenza... Es que yo
- 1:27:05no podía disimular, ni hacer papeles de señorita tímida. La verdad se me sale a los labios, y el
- 1:27:12sentimiento se me desborda..., quiero ahogarlo, y me ahoga. ¿Es esto estar enamorada? Sólo sé que
- 1:27:21le quiero con toda mi alma, y así se lo he dado a entender, ¡qué afrenta!, le quiero sin conocerle,
- 1:27:27sin saber ni quién es ni cómo se llama. Yo entiendo que los amores no deben empezar así...,
- 1:27:34al menos, no es eso lo corriente, sino que vayan por grados, entre síes y noes muy habilidosos,
- 1:27:43con cuquería... Pero yo no puedo ser así, y entrego el alma cuando ella me dice que quiere
- 1:27:48entregarse... Saturna, ¿qué crees? ¿Me tendrá por mujer mala? Aconséjame, dirígeme. Yo no sé
- 1:27:57de estas cosas... Espera, escucha: mañana, cuando vuelvas de la compra, le encontrarás
- 1:28:04en esa esquina donde nos hablamos, y te dará una cartita para mí. Por lo que más quieras,
- 1:28:10por la salud de tu hijo querido, Saturna, no te niegues a hacerme este favor, que te agradeceré
- 1:28:16toda mi vida. Tráeme, por Dios, el papelito, tráemelo, si no quieres que me muera mañana».
- 1:28:25Capítulo VIII «Te quise desde que nací...». Esto
- 1:28:32decía la primera carta..., no, no, la segunda, que fue precedida de una breve entrevista en la calle,
- 1:28:39debajito de un farol, entrevista intervenida con hipócrita severidad por Saturna, y en la cual
- 1:28:46los amantes se tutearon sin acuerdo previo, como si no existiesen, ni existir pudieran,
- 1:28:54otras formas de tratamiento. Asombrábase ella del engaño de sus ojos en las primeras apreciaciones
- 1:29:02de la persona del desconocido. Cuando se fijó en él, la tarde aquella de los sordomudos, túvole
- 1:29:09por un señor así como de treinta o más años. ¡Qué tonta! ¡Si era un muchacho...! Y su edad
- 1:29:17no pasaría seguramente de los veinticinco, sólo que tenía un cierto aire reflexivo y melancólico,
- 1:29:24más propio de la edad madura que de la juventud. Ya no dudaba que sus ojos eran como centellas,
- 1:29:32su color moreno caldeado del sol, su voz como blanda música que Tristana no había
- 1:29:39oído hasta entonces, y que más le halagaba los senos del cerebro después de escuchada.
- 1:29:47«Te estoy queriendo, te estoy buscando desde antes de nacer —decía la tercera carta de ella, empapada
- 1:29:55en un espiritualismo delirante—. No formes mala idea de mí si me presento a ti sin ningún velo,
- 1:30:03pues el del falso decoro con que el mundo ordena que se encapuchen nuestros sentimientos, se me
- 1:30:09deshizo entre las manos cuando quise ponérmelo. Quiéreme como soy; y si llegara a entender que
- 1:30:17mi sinceridad te parecía desenfado o falta de vergüenza, no vacilaría en quitarme la vida».
- 1:30:25Y él a ella: «El día en que te descubrí fue el último de un largo destierro».
- 1:30:32Ella: «Si algún día encuentras en mí algo que te desagrade, hazme la caridad de ocultarme tu
- 1:30:39hallazgo. Eres bueno, y si por cualquier motivo dejas de quererme o de estimarme,
- 1:30:45me engañarás, ¿verdad?, haciéndome creer que soy la misma para ti. Antes
- 1:30:51de dejar de amarme, dame la muerte mil veces». Y después de escribir estas cosas, no se venía el
- 1:31:00mundo abajo. Al contrario, todo seguía lo mismo en la tierra y en el cielo. ¿Pero quién era él,
- 1:31:08quién? Horacio Díaz, hijo de español y de austriaca, del país que llaman Italia irredenta;
- 1:31:16nacido en el mar, navegando los padres desde Fiume a la Argelia; criado en Orán hasta los cinco años,
- 1:31:24en Savannah (Estados Unidos) hasta los nueve, en Shangai (China) hasta los doce; cuneado por
- 1:31:32las olas del mar, transportado de un mundo a otro, víctima inocente de la errante y siempre
- 1:31:40expatriada existencia de un padre cónsul. Con tantas idas y venidas, y el fatigoso pasear por
- 1:31:47el globo, y la influencia de aquellos endiablados climas, perdió a su madre a los doce años, y a su
- 1:31:54padre a los trece, yendo a parar después a poder de su abuelo paterno, con quien vivió quince años
- 1:32:02en Alicante, padeciendo bajo su férreo despotismo más que los infelices galeotes que movían a fuerza
- 1:32:10de remo las pesadas naves antiguas. Para más noticias, óiganse las
- 1:32:17que atropelladamente vomitó la boca de Saturna, más bien secreteadas que dichas:
- 1:32:24—Señorita..., ¡qué cosas! Voy a buscarle, pues quedamos en ello, al número 5 de la calle esa de
- 1:32:31más abajo..., y apechugo tan terne con la dichosa escalerita. Me había dicho que a lo último, a lo
- 1:32:38último, y yo, mientras veía escalones por delante, para arriba siempre. ¡Qué risa! Casa nueva;
- 1:32:46dentro, un patio de cuartos domingueros, pisos y más pisos, y al fin... Es aquello como un palomar,
- 1:32:55vecinito de los pararrayos, y con vistas a las mismas nubes. Yo creí que no llegaba. Por fin,
- 1:33:02echando los pulmones, allí me tiene usted. Figúrese un cuarto muy grande,
- 1:33:08con un ventanón por donde se cuela toda la luz del cielo, las paredes de colorado,
- 1:33:13y en ellas cuadros, bastidores de lienzo, cabezas sin cuerpo, cuerpos descabezados, talles de mujer
- 1:33:21con pechos inclusive, hombres peludos, brazos sin persona, y fisonomías sin orejas, todo con
- 1:33:29el mismísimo color de nuestra carne. Créame, tanta cosa desnuda le da a una vergüenza... Divanes,
- 1:33:38sillas que parecen antiguas, figuras de yeso con los ojos sin niña, manos y pies descalzos...
- 1:33:45de yeso también... Un caballete grande, otro más chico, y, sobre las sillas o clavadas en la pared,
- 1:33:52pinturas cortas, enteras o partidas, vamos al decir, sin acabar, algunas con su cielito azul,
- 1:34:00tan al vivo como el cielo de verdad, y después un pedazo de árbol, un pretil..., tiestos; en otra,
- 1:34:09naranjas y unos melocotones... pero muy ricos... En fin, para no cansar, telas preciosas, y una
- 1:34:17vestidura de ferretería, de las que se ponían los guerreros de antes. ¡Qué risa! Y él allí con la
- 1:34:25carta ya escrita. Como soy tan curiosona, quise saber si vivía en aquel aposento tan ventilado,
- 1:34:32y me dijo que no y que sí, pues... Duerme en casa de una tía suya, allá por Monteleón;
- 1:34:40pero todo el día se lo pasa acá, y come en uno de los merenderos de junto al Depósito.
- 1:34:47—Es pintor; ya lo sé —dijo Tristana, sofocada de puro dichosa—. Eso que has visto es su
- 1:34:54estudio, boba. ¡Ay, qué rebonito será! Además de cartearse a diario con verdadero
- 1:35:01ensañamiento, se veían todas las tardes. Tristana salía con Saturna, y él las aguardaba un poco más
- 1:35:10acá de Cuatro Caminos. La criada les dejaba partir solos, con bastante pachorra y discreción bastante
- 1:35:18para esperarles todo el tiempo que emplearan ellos en divagar por las verdes márgenes de la acequia
- 1:35:25del Oeste, o por los cerros áridos de Amaniel, costeando el canal del Lozoya. El iba de capa,
- 1:35:33ella de velito y abrigo corto, de bracete, olvidados del mundo y de sus fatigas y vanidades,
- 1:35:40viviendo el uno para el otro y ambos para un yo doble, soñando paso a paso, o sentaditos
- 1:35:47en extático grupo. De lo presente hablaban mucho; pero la autobiografía se infiltraba sin saber cómo
- 1:35:55en sus charlas dulces y confiadas, todas amor, idealismo y arrullo, con alguna queja mimosa o
- 1:36:04petición formulada de pico a pico por el egoísmo insaciable, que exige promesas de querer más,
- 1:36:11más, y a su vez ofrece increíbles aumentos de amor, sin ver el límite de las cosas humanas.
- 1:36:20En las referencias biográficas era más hablador Horacio que la niña de don Lope. Esta, con
- 1:36:27muchísimas ganas de lucir su sinceridad, sentíase amordazada por el temor a ciertos puntos negros.
- 1:36:36Él, en cambio, ardía en deseos de contar su vida, la más desgraciada y penosa juventud que cabe
- 1:36:43imaginar, y por lo mismo que ya era feliz, gozaba en revolver aquel fondo de tristeza y martirio.
- 1:36:52Al perder a sus padres, fue recogido por su abuelo paterno, bajo cuyo poder tiránico padeció y gimió
- 1:37:00los años que median entre la adolescencia y la edad viril. ¡Juventud!, casi, casi, no sabía él lo
- 1:37:09que esto significaba. Goces inocentes, travesuras, la frívola inquietud con que el niño ensaya los
- 1:37:17actos del hombre, todo esto era letra muerta para él. No ha existido fiera que a su abuelo pudiese
- 1:37:24compararse, ni cárcel más horrenda que aquella pestífera y sucia droguería, en que encerrado
- 1:37:32le tuvo como unos quince años, contrariando con terquedad indocta su innata afición a la pintura,
- 1:37:41poniéndole los grillos odiosos del cálculo aritmético, y metiéndole en el magín,
- 1:37:47a guisa de tapones para contener las ideas, mil trabajos antipáticos de cuentas,
- 1:37:53facturas y demonios coronados. Hombre de temple semejante al de los más crueles tiranos de la
- 1:38:00antigüedad o del moderno imperio turco, su abuelo había sido y era el terror de toda la familia.
- 1:38:08A disgustos mató a su mujer, y los hijos varones se expatriaron por no sufrirle. Dos de las hijas
- 1:38:15se dejaron robar, y las otras se casaron de mala manera por perder de vista la casa paterna.
- 1:38:23Pues, señor, aquel tigre cogió al pobre Horacito a los trece años, y como medida preventiva le ataba
- 1:38:30las piernas a las patas de la mesa-escritorio, para que no saliese a la tienda, ni se apartara
- 1:38:37del trabajo fastidioso que le imponía. Y como le sorprendiera dibujando monigotes con la pluma,
- 1:38:44los coscorrones no tenían fin. A todo trance anhelaba despertar en su nietecillo
- 1:38:51la afición al comercio, pues todo aquello de la pintura, y el arte, y los pinceles, no era más,
- 1:38:57a su juicio, que una manera muy tonta de morirse de hambre. Compañero de Horacio en estos trabajos
- 1:39:05y martirios era un dependiente de la casa, viejo, más calvo que una vejiga de manteca,
- 1:39:13flaco y de color de ocre, el cual, a la calladita, por no atreverse a contrariar al amo,
- 1:39:20de quien era como un perro fiel, dispensaba cariñosa protección al pequeñuelo, tapándole las
- 1:39:26faltas y buscando pretextos para llevarle consigo a recados y comisiones, a fin de que estirase las
- 1:39:34piernas y esparciese el ánimo. El chico era dócil, y de muy endebles recursos contra el despotismo.
- 1:39:43Resignábase a sufrir hasta lo indecible antes que poner a su tirano en el disparadero,
- 1:39:49y el demonio del hombre se disparaba por la cosa más insignificante. Sometiose la víctima,
- 1:39:56y ya no le amarraron los pies a la mesa, y pudo moverse con cierta libertad en aquel tugurio
- 1:40:03antipático, pestilente y oscuro, donde había que encender el mechero de gas a las cuatro de
- 1:40:10la tarde. Adaptábase poco a poco a tan horrible molde, renunciando a ser niño, envejeciéndose a
- 1:40:19los quince años, remedando involuntariamente la actitud sufrida y los gestos mecánicos de
- 1:40:26Hermógenes, el amarillo y calvo dependiente que, por carecer de personalidad, hasta de
- 1:40:33edad carecía. No era joven, ni tampoco viejo. En aquella espantosa vida, pasándose de cuerpo
- 1:40:42y alma, como las uvas puestas al sol, conservaba Horacio el fuego interior, la pasión artística,
- 1:40:51y cuando su abuelo le permitió algunas horas de libertad los domingos, y le concedió el
- 1:40:57fuero de persona humana, dándole un real para sus esparcimientos, ¿qué hacía el chico? procurarse
- 1:41:06papel y lápices, y dibujar cuanto veía. Suplicio grande fue para él que habiendo en la tienda tanta
- 1:41:14pintura en tubos, pinceles, paletas, y todo el material de aquel arte que adoraba, no le fuera
- 1:41:21permitido utilizarlo. Esperaba y esperaba siempre mejores tiempos, viendo rodar los monótonos días,
- 1:41:30iguales siempre a sí mismos, como iguales son los granos de arena de una clepsidra.
- 1:41:36Sostúvole la fe en su destino, y gracias a ella soportaba tan miserable y ruin existencia.
- 1:41:44El feroz abuelo era también avaro, de la escuela del licenciado Cabra, y daba de comer a su nieto y
- 1:41:51a Hermógenes lo preciso absolutamente para vivir, sin refinamientos de cocina que, a su parecer,
- 1:41:59sólo servían para ensuciar el estómago. No le permitía juntarse con otros chicos,
- 1:42:06pues las compañías, aunque no sean enteramente malas, sólo sirven hoy para perderse: están los
- 1:42:13muchachos tan comidos de vicios como los hombres. ¡Mujeres!... Este ramo del vivir era el que en
- 1:42:20mayores cuidados al tirano ponía, y de seguro, si llega a sorprender a su nieto en alguna debilidad
- 1:42:28de amor, aunque de las más inocentes, le rompe el espinazo. No consentía, en suma, que el chico
- 1:42:36tuviese voluntad, pues la voluntad de los demás le estorbaba a él como sus propios achaques físicos,
- 1:42:44y al sorprender en alguien síntomas de carácter, padecía como si le doliesen las muelas.
- 1:42:51Quería que Horacio fuera droguista, que cobrase afición al género, a la contabilidad escrupulosa,
- 1:42:59a la rectitud comercial, al manejo de la tienda; deseaba hacer de él un hombre, y enriquecerle;
- 1:43:07se encargaría de casarle oportunamente, esto es, de proporcionarle una madre para los hijos
- 1:43:14que debía tener; de labrarle un hogar modesto y ordenado, de reglamentar su existencia hasta
- 1:43:22la vejez, y la existencia de sus sucesores. Para llegar a este fin, que don Felipe Díaz conceptuaba
- 1:43:30tan noble como el fin sin fin de salvar el alma, lo primerito era que Horacio se curase de aquella
- 1:43:38estúpida chiquillada de querer representar los objetos por medio de una pasta que se aplica
- 1:43:45sobre tabla o tela. ¡Vaya una tontería! ¡Querer reproducir la naturaleza, cuando tenemos ahí la
- 1:43:52naturaleza misma delante de los ojos! ¿A quién se le ocurre tal disparate? ¿Qué es un cuadro?
- 1:44:00Una mentira, como las comedias, una función muda, y por muy bien pintado que un cielo esté,
- 1:44:08nunca se puede comparar con el cielo mismo. Los artistas eran, según él, unos majaderos,
- 1:44:16locos y falsificadores de las cosas, y su única utilidad consistía en el gasto que hacían en las
- 1:44:23tiendas comprando los enseres del oficio. Eran, además, viles usurpadores de la facultad divina,
- 1:44:31e insultaban a Dios queriendo remedarle, creando fantasmas o figuraciones de cosas,
- 1:44:38que sólo la acción divina puede y sabe crear, y por tal crimen, el lugar más calentito de
- 1:44:44los infiernos debía ser para ellos. Igualmente despreciaba don Felipe a los cómicos y a los
- 1:44:51poetas; como que se preciaba de no haber leído jamás un verso, ni visto una función de teatro;
- 1:45:00y hacía gala también de no haber viajado nunca, ni en ferrocarril, ni en diligencia, ni en carromato;
- 1:45:07de no haberse ausentado de su tienda más que para ir a misa, o para evacuar algún asunto urgente.
- 1:45:15Pues bien, todo su empeño era reacuñar a su nieto con este durísimo troquel,
- 1:45:22y cuando el chico creció y fue hombre, crecieron en el viejo las ganas de estampar en él sus
- 1:45:28hábitos y sus rancias manías. Porque debe decirse que le amaba, sí, ¿a qué negarlo?,
- 1:45:36le había tomado cariño, un cariño extravagante, como todos sus afectos y su manera de ser.
- 1:45:43La voluntad de Horacio, en tanto, fuera de la siempre viva vocación de la pintura,
- 1:45:49había llegado a ponerse lacia por falta de uso. Últimamente, a escondidas del abuelo, en
- 1:45:56un cuartucho alto de la casa, que éste le permitió disfrutar, pintaba, y hay algún indicio de que lo
- 1:46:03sospechaba el feroz viejo y hacía la vista gorda. Fue la primera debilidad de su vida, precursora
- 1:46:12quizás de acontecimientos graves. Algún cataclismo tenía que sobrevenir, y así fue, en efecto:
- 1:46:20una mañana, hallándose don Felipe en su escritorio revisando unas facturas inglesas de clorato de
- 1:46:27potasa y de sulfato de zinc, inclinó la cabeza sobre el papel, y quedó muerto sin exhalar un ay.
- 1:46:38El día antes había cumplido noventa años. Capítulo IX
- 1:46:48Todo esto, y otras cosas que irán saliendo, se lo contaba Horacio a su damita, y ésta lo escuchaba
- 1:46:56con deleite, confirmándose en la creencia de que el hombre que le había deparado el Cielo era una
- 1:47:03excepción entre todos los mortales, y su vida lo más peregrino y anómalo que en clase de vidas
- 1:47:11de jóvenes se pudiera encontrar; como que casi parecía vida de santo, digna de un huequecito en
- 1:47:18el martirologio. «Cogiome aquel suceso —prosiguió Díaz— a los veintiocho años, con hábitos de viejo
- 1:47:27y de niño, pues por un lado la terrible disciplina de mi abuelo había conservado en mí una inocencia
- 1:47:34y desconocimiento del mundo impropios de mi edad, y por otro poseía virtudes propiamente seniles,
- 1:47:42inapetencias de lo que apenas conocía, un cansancio, un tedio que me hicieron tener por
- 1:47:48hombre entumecido y anquilosado para siempre... Pues, señor, debo decirte que mi abuelo dejó un
- 1:47:55bonito caudal, amasado cuarto a cuarto en aquella tienda asquerosa y maloliente. A mí me tocaba una
- 1:48:02quinta parte; diéronme una casa muy linda en Villajoyosa, dos finquitas rústicas, y
- 1:48:09la participación correspondiente en la droguería, que continúa con la razón social de Sobrinos de
- 1:48:15Felipe Díaz. Al verme libre, tardé en reponerme del estupor que mi independencia me produjo;
- 1:48:23me sentía tan tímido, que al querer dar algunos pasos por el mundo, me caía, hija de mi alma,
- 1:48:30me caía, como el que no sabe andar por no haber ejercitado en mucho tiempo las piernas.
- 1:48:36»Mi vocación artística, ya desatada de aquel freno maldito, me salvó, hízome hombre. Sin cuidarme de
- 1:48:44intervenir en los asuntos de la testamentaría, levanté el vuelo, y del primer tirón me planté
- 1:48:50en Italia, mi ilusión, mi sueño. Yo había llegado a pensar que Italia no existía, que tanta belleza
- 1:48:58era mentira, engaño de la mente. Corrí allá, y... ¡qué había de suceder! Era yo como un seminarista
- 1:49:06sin vocación a quien sueltan por esos mundos después de quince años de forzosa virtud. Ya
- 1:49:13comprenderás..., el contacto de la vida despertó en mí deseos locos de cobrar todo lo atrasado,
- 1:49:20de vivir en meses los años que el tiempo me debía, estafándomelos de una manera indigna,
- 1:49:27con la complicidad de aquel viejo maniático. ¿No me entiendes?... Pues en Venecia me entregué a
- 1:49:34la disipación, superando con mi conducta a mis propios instintos, pues no era el niño-viejo
- 1:49:41tan vicioso como aparentaba serlo por desquite, por venganza de su sosería y ridiculez pasadas.
- 1:49:49Llegué a creer que si no extremaba el libertinaje no era bastante hombre, y me recreaba mirándome
- 1:49:56en aquel espejo, inmundo si se quiere, pero en el cual me veía mucho más airoso de lo que fui en la
- 1:50:03trastienda de mi abuelo... Naturalmente, me cansé; claro. En Florencia y Roma,
- 1:50:10el arte me curó de aquel afán diabólico, y como mis pruebas estaban hechas, y ya no me atormentaba
- 1:50:17la idea de doctorarme de hombre, dediqueme al estudio; copiaba, atacando con brío el natural;
- 1:50:26pero mientras más aprendía, mayor suplicio me causaba la deficiencia de mi educación artística.
- 1:50:33En el color íbamos bien: lo manejaba fácilmente; pero en el dibujo, cada día más torpe. ¡Cuánto he
- 1:50:42padecido, y qué vigilias, qué afanes día y noche, buscando la línea, luchando con ella y concluyendo
- 1:50:49por declararme vencido, para volver enseguida a la espantosa batalla, con brío, con furor...!
- 1:50:57«¡Qué rabia!... Pero no podía ser de otra manera. Como de niño no cultivé el dibujo, costábame Dios
- 1:51:05y ayuda encajar un contorno... Te diré que en mis tiempos de esclavitud, al trazar números sin fin
- 1:51:12en el escritorio de don Felipe, me entretenía en darles la intención de formas humanas. A los
- 1:51:19sietes les imprimía cierto aire jaquetón, como si rasguease un escorzo de hombre; con los ochos
- 1:51:27apuntaba un contorno de seno de mujer, y qué sé yo...; los treses me servían para indicar
- 1:51:33el perfil de mi abuelo, semejante al pico de una tortuga... Pero este ejercicio pueril no bastaba.
- 1:51:42Faltábame el hábito de ver seriamente la línea y de reproducirla. Trabajé, sudé, renegué... y por
- 1:51:51fin, algo aprendí. Un año pasé en Roma entregado en cuerpo y alma al estudio formal, y aunque tuve
- 1:51:58también allí mis bocharreritas del género de las de Venecia, fueron más reposadas, y ya no era yo
- 1:52:06el zangolotino que llega tarde al festín de la vida, y se come precipitadamente con atrasado
- 1:52:12apetito los platos servidos ya, para ponerse al nivel de los que a su debido tiempo empezaron.
- 1:52:19»De Roma me volví a Alicante, donde mis tíos arreglaron la herencia,
- 1:52:24asignándome la parte que quisieron, sin ninguna desavenencia ni regateo por mi parte,
- 1:52:31y di mi último adiós a la droguería, trasformada y modernizada, para venirme acá, donde tengo una tía
- 1:52:38que no me la merezco, más buena que los ángeles, viuda sin hijos, y que me quiere como a tal,
- 1:52:45y me cuida y me agasaja. También ella fue víctima del que tiranizó a toda la familia. Como que sólo
- 1:52:53le pasaba una peseta diaria, y en todas sus cartas le decía que ahorrase... Apenas llegué a Madrid,
- 1:53:02tomé el estudio, y me consagré con alma y vida al trabajo. Tengo ambición, deseo el aplauso, la
- 1:53:10gloria, un nombre. Ser cero, no valer más que el grano que, con otros iguales, forma la multitud,
- 1:53:18me entristece. Mientras no me convenzan de lo contrario, creeré que me ha caído dentro
- 1:53:25una parte, quizás no grande, pero parte al fin, de la esencia divina que Dios ha
- 1:53:30esparcido sobre el montón, caiga donde cayere. »Te diré algo más. Meses antes de descubrirte
- 1:53:38padecí en este Madrid ¡unas melancolías...! Encontrábame otra vez con mis treinta años
- 1:53:45echados a perros, pues aunque conocía un poco la vida, y los placeres de la mocedad, y saboreaba
- 1:53:52también el goce estético, faltábame el amor, el sentimiento de nuestra fusión en otro ser.
- 1:54:00Entregueme a filosofías abstrusas, y en la soledad de mi estudio, bregando con la forma humana,
- 1:54:08pensaba que el amor no existe más que en la aspiración de obtenerlo. Volví a mis tristezas
- 1:54:15amargas de adolescente; en sueños veía siluetas, vaguedades tentadoras que me hacían señas,
- 1:54:22labios que me siseaban. Comprendía entonces las cosas más sutiles; las psicologías más
- 1:54:29enrevesadas parecíanme tan claras como las cuatro reglas de la aritmética... Te vi al fin;
- 1:54:37me saliste al encuentro. Te pregunté si eras tú..., no sé qué te dije. Estaba tan turbado, que
- 1:54:44debiste de encontrarme ridículo. Pero Dios quiso que supieras ver lo grave y serio al través de lo
- 1:54:51tonto. Nuestro romanticismo, nuestra exaltación no nos parecieron absurdos. Nos sorprendimos con
- 1:54:59hambre atrasada, el hambre espiritual, noble y pura que mueve el mundo, y por la cual existimos,
- 1:55:06y existirán miles de generaciones después de nosotros. Te reconocí mía, y me declaraste
- 1:55:12tuyo. Esto es vivir; lo demás, ¿qué es?». Dijo, y Tristana, atontada por aquel
- 1:55:22espiritualismo, que era como bocanadas de incienso que su amante arrojaba sobre
- 1:55:28ella con un descomunal botafumeiro, no supo responderle. Sentía que dentro del pecho le
- 1:55:35pataleaba la emoción, como un ser vivo más grande que el seno que lo contiene,
- 1:55:41y se desahogaba con risas frenéticas, o con repentinos y ardientes chorretazos de lágrimas.
- 1:55:48Ni era posible decir si aquello era en ambos felicidad o una pena lacerante, porque uno y
- 1:55:55otro se sentían como heridos por un aguijón que les llegaba al alma, y atormentados por el deseo
- 1:56:02de un más allá. Tristana, particularmente, era insaciable en el continuo exigir de su pasión.
- 1:56:10Salía de repente por el registro de una queja amarguísima, lamentándose de que Horacio no
- 1:56:16la quería bastante, que debía quererla más, mucho más; y él concedía sin esfuerzo el más,
- 1:56:24siempre más, exigiendo a su vez lo mismo. Contemplaban al caer de la tarde el grandioso
- 1:56:32horizonte de la Sierra, de un vivo tono de turquesa, con desiguales toques y transparencias,
- 1:56:39como si el azul purísimo se derramase sobre cristales de hielo. Las curvas del suelo desnudo,
- 1:56:47perdiéndose y arrastrándose como líneas que quieren remedar un manso oleaje, les repetían
- 1:56:54aquel más, siempre más, ansia inextinguible de sus corazones sedientos. Algunas tardes,
- 1:57:02paseando junto al Canalillo del Oeste, ondulada tira de oasis que ciñe los áridos contornos del
- 1:57:09terruño madrileño, se recreaban en la placidez bucólica de aquel vallecito en miniatura. Cantos
- 1:57:17de gallo, ladridos de perro, casitas de labor; el remolino de las hojas caídas, que el manso viento
- 1:57:25barría suavemente, amontonándolas junto a los troncos; el asno, que pacía con grave mesura;
- 1:57:32el ligero temblor de las más altas ramas de los árboles, que se iban quedando desnudos,
- 1:57:40todo les causaba embeleso y maravilla, y se comunicaban las impresiones, dándoselas y
- 1:57:46quitándoselas como si fuera una sola impresión que corría de labio a labio y saltaba de ojos a ojos.
- 1:57:55Regresaban siempre a hora fija, para que ella no tuviese bronca en su casa,
- 1:58:00y, sin cuidarse de Saturna, que les esperaba, iban del brazo por el camino de Aceiteros, al anochecer
- 1:58:08más silencioso y solitario que la Mala de Francia. Al lado de occidente, veían el cielo inflamado,
- 1:58:17rastro espléndido de la puesta del sol. Sobre aquella faja se destacaban, como crestería negra
- 1:58:24de afiladas puntas, los cipreses del cementerio de San Ildefonso, cortados por tristes pórticos a
- 1:58:32la griega, que a media luz parecen más elegantes de lo que son. Pocas habitaciones hay por allí,
- 1:58:39y poca o ninguna gente encontraban a tal hora. Casi siempre veían uno o dos bueyes desuncidos,
- 1:58:47echados, de esos que por el tamaño parecen elefantes, hermosos animales de raza de Ávila,
- 1:58:54comúnmente negros, con una cornamenta que pone miedo en el ánimo más valeroso;
- 1:59:00bestias inofensivas a fuerza de cansancio, y que, cuando las sueltan del yugo, no se cuidan más que
- 1:59:07de reposar, mirando con menosprecio al transeúnte. Tristana se acercaba a ellos hasta poner sus manos
- 1:59:16en las astas retorcidas, y se hubiera alegrado de tener algo que echarles de comer. «Desde que
- 1:59:23te quiero —a su amigo decía—, no tengo miedo a nada, ni a los toros ni a los ladrones. Me siento
- 1:59:30valiente hasta el heroísmo, y ni la serpiente boa ni el león de la selva me harían pestañear».
- 1:59:38Cerca ya del antiguo Depósito de Aguas veían los armatostes del tiovivo, rodeados
- 1:59:44de tenebrosa soledad. Los caballitos de madera, con las patas estiradas en actitud de correr,
- 1:59:51parecían encantados. Los balancines, la montaña rusa, destacaban en medio de la noche sus formas
- 1:59:59extravagantes. Como no había nadie por allí, Tristana y Horacio solían apoderarse durante
- 2:00:05breves momentos de todos los juguetes grandes con que se divierte el niño-pueblo... Ellos también
- 2:00:13eran niños. No lejos de aquel lugar, veían la sombra del Depósito viejo, rodeado de espesas
- 2:00:20masas de árboles, y hacia la carretera brillaban luces, las del tranvía o coches que pasaban,
- 2:00:28las de algún merendero en que todavía sonaba rumor pendencioso de parroquianos retrasados.
- 2:00:36Entre aquellos edificios de humilde arquitectura, rodeados de banquillos paticojos y de rústicas
- 2:00:43mesas, esperábales Saturna, y allí era la separación, algunas noches tan dolorosa y patética
- 2:00:52como si Horacio se marchara para el fin del mundo, o Tristana se despidiera para meterse monja.
- 2:01:00Al fin, al fin, después de mucho tira y afloja, conseguían despegarse, y cada mitad se iba por
- 2:01:09su lado. Aún se miraban de lejos, adivinándose, más que viéndose, entre las sombras de la noche.
- 2:01:20Capítulo X Tristana, según su expresión, no temía,
- 2:01:28después de enamorada, ni al toro corpulento, ni a la serpiente boa, ni al fiero león del Atlas;
- 2:01:35pero tenía miedo de don Lope, viéndole ya cual monstruo que se dejaba tamañitas a cuantas fieras
- 2:01:42y animales dañinos existen en la creación. Analizando su miedo, la señorita de Reluz
- 2:01:49creía encontrarlo de tal calidad que podía, en un momento dado, convertirse en valor temerario
- 2:01:56y ciego. La desavenencia entre cautiva y tirano se acentuaba de día en día. Don Lope llegó al colmo
- 2:02:05de la impertinencia, y aunque ella le ocultaba, de acuerdo con Saturna, las saliditas vespertinas,
- 2:02:13cuando el anciano galán le decía con semblante fosco «tú sales, Tristana, sé que sales; te lo
- 2:02:19conozco en la cara», si al principio lo negaba la niña, luego asentía con su desdeñoso silencio. Un
- 2:02:28día se atrevió a responderle: «Bueno, pues salgo, ¿y qué? ¿He de estar encerrada toda mi vida?».
- 2:02:35Don Lope desahogaba su enojo con amenazas y juramentos, y luego, entre airado y burlón,
- 2:02:42le decía: «Porque nada tendrá de particular que, si sales, te acose algún mequetrefe,
- 2:02:49de estos bacillus virgula del amor que andan por ahí, único fruto de esta generación raquítica,
- 2:02:55y que tú, a fuerza de oír sandeces, te marees y le hagas caso. Mira, niñita, mira que no
- 2:03:03te lo perdono. Si me faltas, que sea con un hombre digno de mí. ¿Y dónde está ese hombre,
- 2:03:09digno rival de lo presente? En ninguna parte, ¡vive Dios! Cree que no ha nacido... ni nacerá.
- 2:03:17Así y todo, tú misma reconocerás que no se me desbanca a mí tan fácilmente... Ven acá:
- 2:03:24basta de moñitos. ¡Si creerás que no te quiero ya! ¡Cómo me echarías de menos si te fueras de mí!
- 2:03:31No encontrarías más que tipos de una insipidez abrumadora... Vaya, hagamos las paces. Perdóname
- 2:03:39si dudé de ti. No, no, tú no me engañas. Eres una mujer superior, que conoce el mérito y...».
- 2:03:47Con estas cosas, no menos que con sus arranques de mal genio, don Lope llegó a inspirar a su
- 2:03:53cautiva un aborrecimiento sordo y profundo, que a veces se disfrazaba de menosprecio,
- 2:04:00a veces de repugnancia. Horriblemente hastiada de su compañía, contaba los minutos esperando
- 2:04:07el momento en que solía echarse a la calle. Causábale espanto la idea de que cayese enfermo,
- 2:04:14porque entonces no saldría, ¡Dios bendito!, y ¿qué sería de ella presa, sin poder...? No,
- 2:04:22no, esto era imposible. Habría paseíto, aunque don Lope enfermase o se muriera. Por las noches,
- 2:04:30casi siempre fingía Tristana dolor de cabeza para retirarse pronto de la vista y de las odiadas
- 2:04:37caricias del don Juan caduco. «Y lo raro es —decía la niña, a solas con su pasión y su conciencia—,
- 2:04:47que si este hombre comprendiera que no puedo quererle, si borrase la palabra amor de nuestras
- 2:04:52relaciones, y estableciera entre los dos... otro parentesco, yo le querría, sí señor, le querría,
- 2:05:00no sé cómo, como se quiere a un buen amigo, porque él no es malo, fuera de la perversidad
- 2:05:06monomaniaca de la persecución de mujeres. Hasta le perdonaría yo el mal que me ha hecho, mi deshonra,
- 2:05:14se lo perdonaría de todo corazón, sí, sí, con tal que me dejase en paz... Dios mío, inspírale que me
- 2:05:22deje en paz, y yo le perdonaré, y hasta le tendré cariño, y seré como las hijas demasiado humildes
- 2:05:30que parecen criadas, o como las sirvientes leales, que ven un padre en el amo que les da de comer».
- 2:05:37Felizmente para Tristana, no sólo mejoró la salud de Garrido, desvaneciéndose con esto
- 2:05:43los temores de que se quedara en casa por las tardes, sino que debió de tener algún alivio
- 2:05:49en sus ahogos pecuniarios, porque cesaron sus murrias impertinentes, y se le vio en el temple
- 2:05:56sosegado en que vivir solía. Saturna, perro viejo y machucho, comunicó a la señorita sus
- 2:06:03observaciones sobre este particular: «Bien se ve que el amo está en fondos, porque ya
- 2:06:09no se le ocurre que yo pueda ensuciarme por un cuarto de escarola, ni se olvida del respeto que,
- 2:06:15como caballero, debe a las que llevamos una falda, aunque sea remendadita. Lo malo es que cuando
- 2:06:21cobra los atrasos, se los gasta en una semana, y luego... adiós caballería, y otra vez ordinario,
- 2:06:28cominero y metomentodo». Al propio tiempo, volvió don Lope a poner en el cuidado de su persona un
- 2:06:36prolijo esmero señoril, acicalándose como en sus mejores tiempos. Ambas mujeres dieron gracias a
- 2:06:43Dios por esta feliz restauración de costumbres, y aprovechando las ausencias metódicas del tirano,
- 2:06:51entregose la niña con toda libertad al inefable goce de sus paseítos con el hombre que amaba.
- 2:06:58El cual, por variar el escenario y la decoración, llevaba un coche las más de las tardes,
- 2:07:04y metiéndose los dos en él, se daban el gustazo de alejarse de Madrid casi hasta perderlo de vista.
- 2:07:12Testigos de su dicha fueron el cerro de Chamartín, las dos torres, que parecen pagodas, del colegio
- 2:07:19de los jesuitas, y el pinar misterioso; hoy el camino de Fuencarral, mañana las sombrías
- 2:07:27espesuras del Pardo, con su suelo de hojas metálicas erizadas de picos, las fresnedas
- 2:07:34que bordean el Manzanares, las desnudas eminencias de Amaniel, y las hondas cañadas del Abroñigal.
- 2:07:41Dejando el coche, paseaban a pie largo trecho por los linderos de las tierras labradas,
- 2:07:47y aspiraban con el aire las delicias de la soledad y plácida quietud, recreándose en cuanto veían,
- 2:07:56pues todo les resultaba bonito, fresco y nuevo, sin reparar que el encanto de las cosas era una
- 2:08:03proyección de sí mismos. Retrayendo los ojos hacia la causa de tanta hermosura, que en ellos residía,
- 2:08:11entregábanse al inocente juego de su discretismo, que a los no enamorados habría
- 2:08:17parecido empalagoso. Sutilizaban los porqués de su cariño, querían explicar lo inexplicable,
- 2:08:24descifrar el profundo misterio, y al fin paraban en lo de siempre,
- 2:08:29en exigirse y prometerse más amor, en desafiar la eternidad, dándose garantías
- 2:08:36de fe inalterable en vidas sucesivas, en los cercos nebulosos de la inmortalidad,
- 2:08:43allá donde habita la perfección y se sacuden las almas el polvo de los mundos en que penaron.
- 2:08:51Mirando a lo inmediato y positivo, Horacio la incitaba a subir con él al estudio, demostrándole
- 2:08:58la comodidad y reserva que aquel local les ofrecía para pasar juntos la tarde. ¡Flojitas ganas tenía
- 2:09:07ella de ver el estudio! Pero tan grande como su deseo era su temor de encariñarse demasiado con
- 2:09:14el nido, y sentirse en él tan bien, que no pudiera abandonarlo. Barruntaba lo que en la vivienda de
- 2:09:21su ídolo, vecina de los pararrayos, según Saturna, podría pasarle; es decir, no lo barruntaba,
- 2:09:30lo veía tan claro que más no podía ser. Y le asaltaba el recelo amarguísimo de ser menos amada
- 2:09:37después de lo que allí sucediera, como se pierde el interés del jeroglífico después de descifrado;
- 2:09:44recelaba también que el caudal de su propio cariño disminuyera, prodigándose en el grado supremo.
- 2:09:52Como el amor había encendido nuevos focos de luz en su inteligencia,
- 2:09:57llenándole de ideas el cerebro, dándole asimismo una gran sutileza de expresión para traducir al
- 2:10:05lenguaje los más hondos misterios del alma, pudo exponer a su amante aquellos recelos con frase
- 2:10:12tan delicada y tropos tan exquisitos, que decía cuanto en lo humano cabe, sin decir nada que al
- 2:10:20pudor pudiera ofender. Él la comprendía, y como en todo iban acordes, devolvíale con espiritual
- 2:10:27ternura los propios sentimientos. Con todo, no cejaba en su afán de llevarla al estudio.
- 2:10:35—¿Y si nos pesa después? —decía ella—. Temo la felicidad, pues cuando me siento dichosa,
- 2:10:41paréceme que el mal me acecha. Créete que en vez de apurar la felicidad, nos vendría bien ahora
- 2:10:48algún contratiempo, una miajita de desgracia. El amor es sacrificio, y para la abnegación y el
- 2:10:54dolor debemos estar preparados siempre. Imponme un sacrificio grande, una obligación penosa,
- 2:11:01y verás con qué gusto me lanzo a cumplirla. Suframos un poquitín; seamos buenos...
- 2:11:08—No, lo que es a buenos no hay quien nos gane —decía Horacio con gracejo—. Nos pasamos ya
- 2:11:15de angelicales, alma mía. Y eso de imponernos sufrimientos es música, porque bastantes trae
- 2:11:21la vida sin que nadie los busque. Yo también soy pesimista; por eso, cuando veo el bien en puerta,
- 2:11:28lo llamo y no lo dejo marcharse, no sea que después, cuando lo necesite,
- 2:11:33se empeñe en no venir el muy pícaro... Surgía en ambos, con estas y otras cosas,
- 2:11:39un entusiasmo ardiente; a las palabras sucedían las ternezas, hasta que un arranque de dignidad
- 2:11:46y cordura les ponía de perfecto «acuerdo» para enfrenar su inquietud y revestirse de formalidad,
- 2:11:54engañosa si se quiere, pero que por el momento les salvaba. Decían cosas graves,
- 2:12:01pertinentes a la moral; enco-miaban las ventajas de la virtud, y lo hermoso que es quererse con
- 2:12:08exquisita y celestial pureza. Como que así es más fino y sutil el amor, y se graba más en
- 2:12:14el alma. Con estas dulces imposturas iban ganando tiempo, y alimentaban su pasión,
- 2:12:22hoy con anhelos, mañana con suplicios de Tántalo, exaltándola con lo mismo que parecía destinado a
- 2:12:29contenerla, humanizándola con lo que divinizarla debiera, ensanchando por la margen del espíritu,
- 2:12:37así como por la de la materia, el cauce por donde aquel raudal de vida corría.
- 2:12:46Capítulo XI Por sus pasos contados
- 2:12:52vinieron las confidencias difíciles, abriéronse las páginas biográficas que más se resisten a
- 2:12:58la revelación, porque afectan a la conciencia y al amor propio. Es ley de amor el inquirir,
- 2:13:06y lo es también el revelar. La confesión procede del amor, y por él son más dolorosas las aperturas
- 2:13:13de la conciencia. Tristana deseaba confiar a Horacio los hechos tristes de su vida, y no se
- 2:13:22conceptuaba dichosa hasta no efectuarlo. Entreveía o más bien adivinaba el artista un misterio grave
- 2:13:30en la existencia de su amada, y si al principio, por refinada delicadeza, no quiso echar la sonda,
- 2:13:38llegó día en que los recelos del hombre y la curiosidad del enamorado pudieron más
- 2:13:44que sus finos miramientos. Al conocer a Tristana, creyóla Horacio, como algunas gentes de Chamberí,
- 2:13:52hija de don Lope. Pero Saturna, al llevarle la segunda carta, le dijo: «La señorita es casada,
- 2:14:01y ese don Lope, que usted cree papá, es su propio marido inclusive». Estupefacción del
- 2:14:08joven artista; pero el asombro no impidió la credulidad... Así quedaron las cosas,
- 2:14:15y por bastantes días persistió en Horacio la costumbre de ver en su conquista la legítima
- 2:14:22esposa del respetable y gallardo caballero, que parecía figura escapada del Cuadro de Las Lanzas.
- 2:14:30Siempre que ante ella le nombraba, decía: «Tu marido acá, tu marido allá...», y ella no se
- 2:14:38daba maldita prisa en destruir el error. Pero un día, al fin, palabra tras palabra, pregunta sobre
- 2:14:45pregunta, sintiendo invencible repugnancia de la mentira, y hallándose con fuerzas para cerrar
- 2:14:52contra ella, Tristana, ahogada de vergüenza y dolor, se determinó a poner las cosas en su lugar.
- 2:15:01—Te estoy engañando, y no debo ni quiero engañarte. La verdad se me sale a la boca,
- 2:15:06y no puedo contenerla más. No estoy casada con mi marido..., digo, con mi papá..., digo,
- 2:15:13con ese hombre... Un día y otro pensaba decírtelo; pero no me salía, hijo, no me salía... Ignoraba,
- 2:15:22ignoro aún si lo sientes o te alegras, si valgo más o valgo menos a tus ojos... Soy
- 2:15:28una mujer deshonrada, pero soy libre. ¿Qué prefieres?... ¿Que sea una casada infiel,
- 2:15:34o una soltera que ha perdido su honor? De todas maneras creo que, al decírtelo,
- 2:15:40me lleno de oprobio... y no sé..., no sé. No pudo concluir, y rompiendo en lágrimas
- 2:15:47amargas, ocultó el rostro en el pecho de su amigo. Largo rato duró aquel espasmo
- 2:15:54de sensibilidad. Ninguno de los dos decía nada. Por fin saltó ella con la preguntita de cajón:
- 2:16:02—¿Me quieres más o me quieres menos? —Te quiero lo mismo..., no; más, más, siempre más.
- 2:16:11No se hizo de rogar la niña para referir a grandes rasgos el cómo y cuándo de su
- 2:16:17deshonra. Lágrimas sin fin derramó aquella tarde; pero nada omitió su sinceridad, su noble afán de
- 2:16:26confesión, como medio seguro de purificarse. —Recogiome cuando me quedé huérfana. El fue,
- 2:16:33justo es decirlo, muy generoso con mis padres. Yo le respetaba y le quería; no sospechaba lo que me
- 2:16:41iba a pasar. La sorpresa no me permitió resistir. Era yo entonces un poco más tonta que ahora,
- 2:16:49y ese hombre maldito me dominaba, haciendo de mí lo que quería. Antes, mucho antes de conocerte,
- 2:16:57abominaba yo de mi flaqueza de ánimo; cuanto más ahora que te conozco. ¡Lo que he llorado,
- 2:17:03Dios mío!..., ¡las lágrimas que me ha costado el verme como me veo...! Y cuando te quise, dábanme
- 2:17:10ganas de matarme, porque no podía ofrecerte lo que tú te mereces... ¿Qué piensas? ¿Me quieres menos
- 2:17:18o me quieres más? Dime que más, siempre más. En rigor de verdad, debo parecerte ya menos culpable,
- 2:17:26porque no soy adúltera; no engaño sino a quien no tiene derecho a tiranizarme. Mi infidelidad
- 2:17:33no es tal infidelidad, ¿qué te parece?, sino castigo de su infamia; y este agravio que de
- 2:17:39mí recibe se lo tiene bien merecido. No pudo menos Horacio de manifestarse
- 2:17:46más celoso al saber la ilegitimidad de los lazos que unían a Tristana con don Lope.
- 2:17:54—No, si no le quiero —dijo ella con énfasis—, ni le he querido nunca. Para expresarlo todo
- 2:18:02de una vez, añadiré que desde que te conocí empecé a sentir hacia él un terrible desvío...
- 2:18:09Después... ¡Ay, Jesús, me pasan cosas tan raras!... A veces paréceme que le aborrezco,
- 2:18:16que siento hacia él un odio tan grande como el mal que me hizo; a veces... todo te lo confieso,
- 2:18:23todo..., siento hacia él cierto cariño, como de hija, y me parece que si él me tratara como debe,
- 2:18:30como un padre, yo le querría... Porque no es malo, no vayas a creer que es muy malo, muy malo... No;
- 2:18:39allí hay de todo: es una combinación monstruosa de cualidades buenas y de defectos horribles;
- 2:18:47tiene dos conciencias, una muy pura y noble para ciertas cosas, otra que es como un lodazal;
- 2:18:55y las usa según los casos: se las pone como si fueran camisas. La conciencia negra y sucia la
- 2:19:01emplea para todo cuanto al amor se refiere. ¡Ah, no creas! ha sido muy afortunado en amores. Sus
- 2:19:09conquistas son tantas que no se pueden contar. ¡Si tú supieras...! Aristocracia, clase media,
- 2:19:17pueblo..., en todas partes dejó memoria triste, como don Juan Tenorio. En palacios
- 2:19:23y cabañas se coló, y no respetó nada el muy trasto, ni la virtud, ni la paz doméstica,
- 2:19:30ni la santísima religión. Hasta con monjas y beatas ha tenido amores el maldito, y sus éxitos
- 2:19:38parecen obra del demonio. Sus víctimas no tienen número: maridos y padres burlados; esposas que se
- 2:19:46han ido al infierno o se irán cuando mueran; hijos... que no se sabe de quién son hijos.
- 2:19:52En fin, es hombre muy dañino, porque además tira las armas con gran arte, y a más de cuatro
- 2:19:59les ha mandado al otro mundo. En su juventud tuvo arrogante figura, y hasta hace poco tiempo todavía
- 2:20:06daba un chasco. Ya comprenderás que sus conquistas han ido desmereciendo en importancia según le iban
- 2:20:14pesando los añitos. A mí me ha tocado ser la última. Pertenezco a su decadencia...
- 2:20:22Oyó Díaz estas cosas con indignación primero, con asombro después, y lo único que se le ocurrió
- 2:20:29decir a su amada fue que debía romper cuanto antes aquellas nefandas relaciones, a lo que contestó
- 2:20:37la niña muy acongojada que era esto más difícil de decir que de practicar, pues el muy ladino, cuando
- 2:20:44advertía en ella síntomas de hastío y pruritos de separación, se las echaba de padre, mostrándose
- 2:20:51tiránicamente cariñoso. Con todo, fuerza era dar un gran tirón para arrancarse de tan ignominiosa y
- 2:20:59antipática vida. Horacio la incitó a proceder con firmeza, y a medida que se agigantaba en su mente
- 2:21:07la figura del don Lope, más viva era su resolución de burlar al burlador y de arrancarle su víctima,
- 2:21:15la postrera quizás, y sin duda la más preciosa. Volvió Tristana a su casa en un estado moral
- 2:21:23y mental lastimoso, disparada de los nervios, febril, y dispuesta a consumar cualquier desatino.
- 2:21:32Tocábale aquella noche aborrecer a su tirano, y cuando le vio llegar, risueño y con humor de
- 2:21:38bromas, entróle tal rabia, que de buena gana le habría tirado a la cabeza el plato de la sopa.
- 2:21:46Durante la comida, don Lope estuvo decidor, y echaba chafalditas a
- 2:21:51Saturna, diciéndole, entre otras cosas: —Ya, ya sé que tienes un novio ahí en Tetuán,
- 2:21:58ese que llaman Juan y Medio por lo largo que es, el herrador..., ya sabes. Me lo ha dicho Pepe,
- 2:22:05el del tranvía. Por eso, a la caída de la tarde, andas desatinada por esos caminos, buscando
- 2:22:12los rincones oscuros, y no falta una sombra larga y escueta que se confunda con la tuya.
- 2:22:18—Yo no tengo nada con Juan y Medio, señor... Que me pretenda él..., no sé;
- 2:22:23podrá ser. Me hacen la rueda otros que valen más..., hasta señoritos. Pues qué se cree,
- 2:22:29¿que sólo él tiene quien le quiera? Seguía Saturna la broma, mientras Tristana
- 2:22:35se requemaba interiormente, y lo poco que comió se le volvía veneno. A don Lope no le faltaba apetito
- 2:22:42aquella noche, y daba cuenta pausadamente de los garbanzos del cocido, como el más pánfilo burgués;
- 2:22:50del modesto principio, más de carnero que de vaca, y de las uvas del postre,
- 2:22:56todo acompañado con tragos del vino de la taberna próxima, malísimo, que el buen señor bebía con
- 2:23:04verdadera resignación, haciendo muecas cada vez que a la boca se lo llevaba. Terminada la comida,
- 2:23:11retirose a su cuarto y encendió un puro, llamando a Tristana para que le hiciese compañía;
- 2:23:17y estirándose en la butaca, le dijo estas palabras, que hicieron temblar a la joven:
- 2:23:25—No es sólo Saturna la que tiene un idilio nocturno por ahí. Tú también lo tienes. No,
- 2:23:30si nadie me ha dicho nada... Pero te lo conozco; hace días que te lo leo... en la cara, en la voz.
- 2:23:38Tristana padileció. Su blancura de nácar tomó azuladas tintas a la luz del velón con pantalla
- 2:23:45que alumbraba el gabinete. Parecía una muerta hermosísima, y se destacaba sobre el sofá con
- 2:23:53el violento escorzo de una figura japonesa, de esas cuya estabilidad no se comprende, y que
- 2:24:01parecen cadáveres risueños pegados a un árbol, a una nube, a incomprensibles fajas decorativas.
- 2:24:09Puso al fin en su cara exangüe una sonrisilla forzada, y sobrecogida contestó:
- 2:24:16—Te equivocas..., yo no tengo... Don Lope se le imponía de tal modo,
- 2:24:22y la fascinaba con tan misteriosa autoridad, que ante él, aun con tantas razones para rebelarse,
- 2:24:30no sabía tener ni un respiro de voluntad. Capítulo XII
- 2:24:40—Lo sé —añadió el don Juan en decadencia, quitándose las botas y poniéndose las zapatillas,
- 2:24:47que Tristana, para disimular la estupefacción en que había quedado, le trajo de la alcoba cercana—.
- 2:24:54Yo soy muy lince en estas cosas, y no ha nacido todavía la persona que me engañe y se burle de mí.
- 2:25:01Tristana, tú has encontrado por ahí un idilio; te lo conozco en tus inquietudes de estos días,
- 2:25:08en tu manera de mirar, en el cerco de tus ojos, en mil detalles que a mí no se me
- 2:25:13escapan. Soy perro viejo, y sé que toda joven de tu edad, si se echa diariamente a la calle,
- 2:25:21tropieza con su idilio. Ello será de una manera o de otra. A veces se encuentra lo bueno,
- 2:25:27a veces lo detestable. Ignoro cómo es tu hallazgo; pero no me lo niegues, por tu vida.
- 2:25:35Tristana volvió a negar con ademanes y con palabras; pero tan mal, tan mal,
- 2:25:41que más le valiera callarse. Los penetrantes ojos de don Lope, clavados en ella, la sobrecogían,
- 2:25:49la dominaban, causándole terror y una dificultad extraordinaria para mentir.
- 2:25:56Con gran esfuerzo quiso vencer la fascinación de aquella mirada, y repitió sus denegaciones.
- 2:26:04—Bueno, defiéndete como puedas —prosiguió el caballero—, pero yo sigo en mis trece.
- 2:26:11Soy viejo sastre y conozco el paño. Te aviso con tiempo, Tristana,
- 2:26:16para que adviertas tu error y retrocedas, porque a mí no me gustan idilios callejeros,
- 2:26:21que pienso serán hasta ahora chiquilladas y juegos inocentes. Porque si fueran otra cosa...
- 2:26:29Echó al decir esto una mirada tan viva y amenazante sobre la pobre joven, que Tristana se
- 2:26:34retiró un poco, como si en vez de ser una mirada fuera una mano la que sobre su rostro venía.
- 2:26:42—Mucho cuidado, niña —dijo el caballero, dando una feroz mordida al cigarro de estanco (por no poder
- 2:26:49gastar otros) que fumaba—. Y si tú, por ligereza o aturdimiento, me pones en berlina y das alas a
- 2:26:57cualquier mequetrefe para que me tome a mí por un... No, no dudo que entrarás en razón. A mí,
- 2:27:05óyelo bien, nadie en el mundo hasta la hora presente me ha puesto en ridículo. Todavía
- 2:27:10no soy tan viejo para soportar ciertos oprobios, muchacha... Conque no te digo más. En último caso,
- 2:27:18yo me revisto de autoridad para apartarte de un extravío, y si otra cosa no te gusta,
- 2:27:24me declaro padre, porque como padre tendré que tratarte si es preciso. Tu mamá te confió
- 2:27:31a mí para que te amparase, y te amparé, y decidido estoy a protegerte contra toda
- 2:27:36clase de acechanzas, y a defender tu honor... Al oír esto, la señorita de Reluz no pudo
- 2:27:45contenerse, y sintiendo que le azotaba el alma una racha de ira, venida quién sabe de dónde,
- 2:27:52como soplo de huracán, se irguió y le dijo: —¿Qué hablas ahí de honor? Yo no lo tengo;
- 2:27:59me lo has quitado tú, me has perdido. Rompió a llorar tan sin consuelo, que don Lope
- 2:28:06varió bruscamente de tono y de expresión. Llegose a ella, soltando el cigarro sobre un velador,
- 2:28:13y estrechándole las manos, se las besó, y en la cabeza la besó también con no afectada ternura.
- 2:28:22—Hija mía, me anonadas juzgándome de una manera tan ejecutiva. Verdad que... Sí,
- 2:28:29tienes razón... Pero bien sabes que no puedo mirarte como a una de tantas, a quienes...
- 2:28:36No, no es eso. Tristana, sé indulgente conmigo; tú no eres una víctima; yo no puedo abandonarte,
- 2:28:43no te abandonaré nunca, y mientras este triste viejo tenga un pedazo de pan, será para ti.
- 2:28:51—¡Hipócrita, falso, embustero! —exclamó la esclava sintiéndose fuerte.
- 2:28:58—Bueno, hija, desahógate, dime cuantas picardías quieras (Volviendo a tomar su cigarro);
- 2:29:05pero déjame hacer contigo lo que no he hecho con mujer alguna, mirarte como un ser querido...,
- 2:29:12esto es bastante nuevo en mí..., como un ser de mi propia sangre... ¿Que no lo crees?
- 2:29:19—No, no lo creo. —Pues ya te irás enterando. Por de pronto,
- 2:29:24he descubierto que andas en malos pasos. No me lo niegues, por Dios. Dime que es tontería,
- 2:29:30frivolidad, cosa sin importancia; pero no me lo niegues. ¡Pues si yo quisiera vigilarte...!
- 2:29:37Pero no, no, el espionaje me parece indigno de ti y de mí. No hago más que darte un toquecito
- 2:29:43de atención, decirte que te veo, que te adivino, que al fin y a la postre nada podrás ocultarme,
- 2:29:50porque si me pongo a ello, hasta los pensamientos extraeré de tu magín para verlos y examinarlos;
- 2:29:57hasta tus expresiones más escondidas te sacaré cuando menos lo pienses. Chiquilla, cuidado,
- 2:30:05vuelve en ti. No se hablará más de ello si me prometes ser buena y fiel, pero si me engañas,
- 2:30:11si vendes mi dignidad por un puñado de ternuras que te ofrezca cualquier mocoso insípido...,
- 2:30:17no te asombres de que yo me defienda. Nadie me ha puesto la ceniza en la frente todavía.
- 2:30:24—Todo es infundado, todo cavilación tuya —dijo Tristana por decir algo—, yo no he pensado en...
- 2:30:33—Allá veremos —replicó el tirano volviendo a flecharla con su mirada escrutadora—. Con lo
- 2:30:39hablado basta. Eres libre para salir y entrar cuando gustes; pero te advierto
- 2:30:45que a mí no se me puede engañar... Te miro como esposa y como hija, según me
- 2:30:50convenga. Invoco la memoria de tus padres... —¡Mis padres! —exclamó la niña reanimándose—.
- 2:30:58¡Si resucitaran y vieran lo que has hecho con su hija...!
- 2:31:02—Sabe Dios si sola en el mundo, o en otras manos que las mías, tu suerte habría sido peor —replicó
- 2:31:08don Lope, defendiéndose como pudo—. Lo bueno, lo perfecto, ¿dónde está? Gracias que Dios nos
- 2:31:17conceda lo menos malo, y el bien relativo. Yo no pretendo que me veneres como a un santo;
- 2:31:23te digo que veas en mí al hombre que te quiere con cuantas clases de cariño pueden existir, al hombre
- 2:31:29que a todo trance te apartará del mal, y... —Lo que veo —interrumpió Tristana—, es un
- 2:31:37egoísmo brutal, monstruoso, un egoísmo que... —El tonillo que tomas —dijo Garrido con acritud—,
- 2:31:46y la energía con que me contestas, me confirman en lo mismo, chicuela sin seso. Idilio tenemos,
- 2:31:53sí. Hay algo fuera de casa que te inspira aborrecimiento de lo de dentro, y al propio tiempo
- 2:31:59te sugiere ideas de libertad, de emancipación. Abajo la caretita. Pues no te suelto, no. Te
- 2:32:06estimo demasiado para entregarte a los azares de lo desconocido, y a las aventuras peligrosas.
- 2:32:13Eres una inocentona sin juicio. Yo puedo haber sido para ti un mal padre. Pues mira,
- 2:32:20ahora se me antoja ser padre bueno. Y adoptando la actitud de nobleza y
- 2:32:25dignidad que tan bien cuadraba a su figura, y que con tanto arte usaba cuando le convenía,
- 2:32:32poniéndosela y haciéndola crujir, cual armadura de templado acero, le dijo estas graves palabras:
- 2:32:39—Hija mía, yo no te prohibiré que salgas de casa, porque esa prohibición es indigna de
- 2:32:45mí y contraria a mis hábitos. No quiero hacer el celoso de comedia, ni el tirano doméstico,
- 2:32:52cuya ridiculez conozco mejor que nadie. Pero si no te prohíbo que salgas, te digo con toda formalidad
- 2:33:00que no me agrada verte salir. Eres materialmente libre, y las limitaciones que deba tener tu
- 2:33:07libertad, tú misma eres quien debe señalarlas, mirando a mi decoro y al cariño que te tengo.
- 2:33:15¡Lástima que no hablara en verso para ser perfecta imagen del padre noble de antigua comedia! Pero la
- 2:33:22prosa y las zapatillas, que por la decadencia en que vivía no eran de lo más elegante, destruían
- 2:33:29en parte aquel efecto. Causaron impresión a la joven las palabras del estropeado galán,
- 2:33:36y se retiró para llorar a solas, allá en la cocina, sobre el pecho amigo y leal de Saturna;
- 2:33:44pero no había transcurrido media hora, cuando don Lope tiró de la campanilla para llamarla.
- 2:33:51En la manera de tocar conocía la señorita que la llamaba a ella y no a la criada, y acudió cediendo
- 2:33:59a una costumbre puramente mecánica. No, no pedía ni la flor de malva, ni las bayetas calientes:
- 2:34:08lo que pedía era la compañía dulce de la esclava, para entretener su insomnio de
- 2:34:14libertino averiado, a quien los años atormentan como espectros acusadores.
- 2:34:21Encontrole paseándose por el cuarto, con un gabán viejo sobre los hombros, porque su pobreza no le
- 2:34:28permitía ya el uso de un batín nuevo y elegante; la cabeza descubierta, pues antes de que ella
- 2:34:36entrara, se quitó el gorro con que solía cubrirla por las noches. Estaba guapo sin duda, con varonil
- 2:34:44y avellanada hermosura de Cuadro de Las Lanzas. —Te he llamado, hija mía
- 2:34:51—le dijo, echándose en una butaca y sentando a la esclava sobre sus rodillas—, porque no
- 2:34:57quería acostarme sin charlar algo más. Sé que no he de dormir si me acuesto dejándote disgustada...
- 2:35:05Conque vamos a ver..., cuéntame tu idilio... —No tengo ninguna historia que contar —replicó
- 2:35:12Tristana, rechazando sus caricias con buen modo, como haciéndose la distraída.
- 2:35:19—Bueno, pues yo lo descubriré. No, no te riño. ¡Si aun portándote mal conmigo,
- 2:35:26tengo mucho que agradecerte! Me has querido en mi vejez, me has dado tu juventud, tu candor;
- 2:35:33cogí flores en la edad en que no me correspondía tocar más que abrojos.
- 2:35:39Reconozco que he sido malo para ti, y que no debí arrancarte del tallo. Pero no lo puedo remediar;
- 2:35:46no me puedo convencer de que soy viejo, porque Dios parece que me pone en el alma un sentimiento
- 2:35:53de eterna juventud... ¿Qué dices a esto? ¿Qué piensas? ¿Te burlas?... Ríete todo lo que quieras;
- 2:36:01pero no te alejes de mí. Yo sé que no puedo dorar tu cárcel (Con amargura vivísima), porque soy
- 2:36:10pobre. Es la pobreza también una forma de vejez; pero a ésta me resigno menos que a la otra. El
- 2:36:17ser pobre me anonada, no por mí, sino por ti, porque me gustaría rodearte de las comodidades,
- 2:36:24de las galas que te corresponden. Mereces vivir como una princesa, y te tengo aquí como una
- 2:36:31pobrecita hospiciana... No puedo vestirte como quisiera. Gracias que tú estás bien de cualquier
- 2:36:38modo, y en esta estrechez, en nuestra miseria mal disimulada, siempre, siempre eres y serás perla.
- 2:36:47Con gestos más que con palabras, dio a entender Tristana que le importaba un bledo la pobreza...
- 2:36:54—¡Ah!..., no, estas cosas se dicen, pero rara vez se sienten. Nos resignamos porque no hay más
- 2:37:01remedio; pero la pobreza es cosa muy mala, hija, y todos, más o menos sinceramente, renegamos de
- 2:37:08ella. Cree que mi mayor suplicio es no poder dorarte la jaulita. ¡Y qué bien te la doraría
- 2:37:16yo! Porque lo entiendo, cree que lo entiendo. Fui rico; al menos tenía para vivir solo holgadamente,
- 2:37:24y hasta con lujo. Tú no te acordarás, porque eras entonces muy niña, de mi cuarto de soltero en la
- 2:37:31calle de Luzón. Josefina te llevó alguna vez, y tú tenías miedo a las armaduras que adornaban
- 2:37:38mi sala. ¡Cuántas veces te cogí en brazos, y te paseé por toda la casa, mostrándote mis pinturas,
- 2:37:46mis pieles de león, y de tigre, mis panoplias, los retratos de damas hermosas...! ¡Y tú sin
- 2:37:54acabar de perder el miedo! Era un presentimiento, ¿verdad? ¡Quién nos había de decir entonces que
- 2:38:02andando los años...! Yo, que todo lo preveo, tratándose de amores posibles, no preví esto,
- 2:38:10no se me ocurría. ¡Ay, cuánto he decaído desde entonces! De escalón en escalón he ido bajando,
- 2:38:18hasta llegar a esta miseria vergonzosa. Primero tuve que privarme de mis caballos, de mi coche...,
- 2:38:26dejé el cuarto de la calle de Luzón, cuando resultaba demasiado costoso para mí. Tomé otro,
- 2:38:32y luego, cada pocos años, he ido buscándolos más baratos, hasta tener que refugiarme en este
- 2:38:40arrabal excéntrico y vulgarote. A cada etapa, a cada escalón, iba perdiendo algo de las cosas
- 2:38:47buenas y cómodas que me rodeaban. Ya me privaba de mi bodega, bien repuesta de exquisitos vinos;
- 2:39:00ya de mis tapices flamencos y españoles; después de mis cuadros; luego de mis armas preciosísimas,
- 2:39:07y por fin, ya no me quedan más que cuatro trastos indecentes... Pero no debo quejarme del
- 2:39:15rigor de Dios, porque me quedas tú, que vales más que cuantas joyas he perdido.
- 2:39:22Afectada por las nobles expresiones del caballero en decadencia, Tristana no supo cómo contestarlas,
- 2:39:30pues no quería ser esquiva con él, por no parecer ingrata, ni tampoco amable, temerosa
- 2:39:36de las consecuencias. No se determinó a pronunciar una sola palabra tierna que indicase flaqueza de
- 2:39:44ánimo, porque no ignoraba el partido que el muy taimado sacaría al instante de tal situación.
- 2:39:51Por el pensamiento de Garrido cruzó una idea que no quiso expresar. Le amordazaba la delicadeza,
- 2:39:59en la cual era tan extremado, que ni una sola vez, cuando hablaba de su penuria, sacó a relucir sus
- 2:40:06sacrificios en pro de la familia de Tristana. Aquella noche sintió cierta comezón de ajustar
- 2:40:14cuentas de gratitud; pero la frase expiró en sus labios, y sólo con el pensamiento le dijo:
- 2:40:22«No olvides que casi toda mi fortuna la devoraron tus padres. ¿Y esto no se pesa y se mide también?
- 2:40:29¿Ha de ser todo culpa en mí? ¿No se te ocurre que algo hay que echar en el otro platillo? ¿Es
- 2:40:36esa manera justa de pesar, niña, y de juzgar?». —Por fin —dijo en alta voz después de una pausa,
- 2:40:44en la cual juzgó y pesó la frialdad de su cautiva—, quedamos en que no tienes maldita
- 2:40:50gana de contarme tu idilio. Eres tonta. Sin hablar, me lo estás contando con la repugnancia
- 2:40:56que tienes de mí, y que no puedes disimular. Entendido, hija, entendido (Poniéndola en pie,
- 2:41:04y levantándose él también). No estoy acostumbrado a inspirar asco, francamente, ni soy hombre que
- 2:41:12gusta de echar tantos memoriales para obtener lo que le corresponde. No me estimo en tan poco.
- 2:41:18¿Qué pensabas? ¿Que te iba a pedir de rodillas...? Guarda tus encantos juveniles para algún monigote
- 2:41:25de estos de ahora, sí, de estos que no podemos llamar hombres sin acortar la palabra o estirar
- 2:41:31la persona. Vete a tu cuartito, y medita sobre lo que hemos hablado. Bien podría suceder que tu
- 2:41:39idilio me resultara indiferente..., mirándolo yo como un medio fácil de que aprendieras,
- 2:41:45por demostración experimental, lo que va de hombre a hombre... ¡Pero bien podría suceder
- 2:41:51también que se me indigestara, y que sin atufarme mucho, porque el caso no lo merece,
- 2:41:57como quien aplasta hormigas, te enseñara yo...! Indignose tanto la niña de aquella amenaza,
- 2:42:04y hubo de encontrarla tan insolente, que sintió resurgir de su pecho el odio que en ocasiones su
- 2:42:11tirano le inspiraba. Y como las tumultuosas apariciones de aquel sentimiento le quitaban
- 2:42:17por ensalmo la cobardía, se sintió fuerte ante él, y le soltó redonda una valiente respuesta:
- 2:42:26—Pues mejor; no temo nada. Mátame cuando quieras. Y don Lope, al verla salir en tan decidida y
- 2:42:34arrogante actitud, se llevó las manos a la cabeza y se dijo: «No me teme ya. Ciertos son los toros».
- 2:42:44En tanto, Tristana corrió a la cocina en busca de Saturna, y entre cuchicheos y lágrimas, le dio sus
- 2:42:51órdenes, que palabra más o menos eran así: «Mañana, cuando vayas por la cartita,
- 2:42:58le dices que no traiga coche, que no salga, que me espere en el estudio, pues allá voy aunque me
- 2:43:04muera... Oye; adviértele que despida el modelo, si lo tiene mañana, y que no reciba a nadie...,
- 2:43:11que esté solo, vamos... Si este hombre me mata, máteme con razón».
- 2:43:19Capítulo XIII Y desde aquel día ya no pasearon más.
- 2:43:25Pasearon, sí, en el breve campo del estudio, desde el polo de lo ideal al de las realidades;
- 2:43:32recorrieron toda la esfera, desde lo humano a lo divino, sin poder determinar fácilmente
- 2:43:40la divisoria entre uno y otro, pues lo humano les parecía del cielo, y lo divino revestíase
- 2:43:47a sus ojos de carne mortal. Cuando su alegre embriaguez permitió a Tristana enterarse del
- 2:43:55medio en que pasaba tan dulces horas, una nueva aspiración se reveló a su espíritu, el arte, hasta
- 2:44:03entonces simplemente soñado por ella, ahora visto de cerca y comprendido. Encendieron sus fantasías
- 2:44:11y embelesaron sus ojos las formas humanas o inanimadas que, traducidas de la naturaleza,
- 2:44:18llenaban el estudio de su amante; y aunque antes de aquella ocasión había visto cuadros,
- 2:44:26nunca vio a tan corta distancia el natural del procedimiento. Y tocaba con su dedito la fresca
- 2:44:32pasta, creyendo apreciar mejor así los secretos de la obra pintada, y sorprenderla en su misteriosa
- 2:44:40gestación. Después de ver trabajar a Díaz, se prendó más de aquel arte delicioso, que le parecía
- 2:44:47fácil en su procedimiento, y entráronle ganas de probar también su aptitud. Púsole él en la
- 2:44:54izquierda mano la paleta, el pincel en la derecha, y la incitó a copiar un trozo. Al principio, ¡ay!,
- 2:45:03entre risotadas y contorsiones, sólo pudo cubrir la tela de informes manchas; pero al segundo día,
- 2:45:11¡caramba!, ya consiguió mezclar hábilmente dos o tres colores y ponerlos en su sitio,
- 2:45:17y aun fundirlos con cierta destreza. ¡Qué risa! ¡Si resultaría que también ella era pintora! No
- 2:45:25le faltaban, no, disposiciones, porque la mano perdía de hora en hora su torpeza,
- 2:45:31y si la mano no le ayudaba, la mente iba muy altanera por delante, sabiendo cómo se hacía,
- 2:45:39aunque hacerlo no pudiera. Desalentada ante las dificultades del procedimiento, se impacientaba,
- 2:45:46y Horacio reía, diciéndole: «¿Pues qué crees tú?, ¿que esto es cosa de juego?».
- 2:45:52Quejábase amargamente de no haber tenido a su lado, en tanto tiempo, personas que supieran
- 2:45:59ver en ella una aptitud para algo, aplicándola al estudio de un arte cualquiera. «Ahora me parece a
- 2:46:06mí que si de niña me hubiesen enseñado el dibujo, hoy sabría yo pintar, y podría ganarme la vida, y
- 2:46:13ser independiente con mi honrado trabajo. Pero mi pobre mamá no pensó más que en darme la educación
- 2:46:20insubstancial de las niñas que aprenden para llevar un buen yerno a casa, a saber: un poco de
- 2:46:26piano, el indispensable barniz de francés, y qué sé yo..., tonterías. ¡Si aún me hubiesen enseñado
- 2:46:34idiomas, para que, al quedarme sola y pobre, pudiera ser profesora de lenguas...! Luego, este
- 2:46:41hombre maldito me ha educado para la ociosidad y para su propio recreo, a la turca verdaderamente,
- 2:46:49hijo... Así es que me encuentro inútil de toda inutilidad. Ya ves, la pintura me encanta;
- 2:46:55siento vocación, facilidad. ¿Será inmodestia? No, dime que no; dame bombo, anímame... Pues si
- 2:47:04con voluntad, paciencia y una aplicación continua se vencieran las dificultades, yo las vencería,
- 2:47:10y sería pintora, y estudiaríamos juntos, y mis cuadros..., ¡muérete de envidia!, dejarían
- 2:47:16tamañitos a los tuyos... ¡Ah, no, eso no; tú eres el rey de los pintores! No, no te enfades; lo
- 2:47:24eres, porque yo te lo digo. ¡Tengo un instinto...! Yo no sabré hacer las cosas, pero las sé juzgar».
- 2:47:32Estos alientos de artista, estos arranques de mujer superior encantaban al buen Díaz,
- 2:47:38el cual, a poco de aquellos íntimos tratos, empezó a notar que la enamorada joven se iba
- 2:47:45creciendo a los ojos de él, y le empequeñecía. En verdad que esto le causaba sorpresa, y casi, casi,
- 2:47:54empezaba a contrariarle, porque había soñado en Tristana la mujer subordinada al hombre en
- 2:48:00inteligencia y en voluntad, la esposa que vive de la savia moral e intelectual del esposo, y que con
- 2:48:07los ojos y con el corazón de él ve y siente. Pero resultaba que la niña discurría por cuenta propia,
- 2:48:15lanzándose a los espacios libres del pensamiento, y demostraba las aspiraciones más audaces.
- 2:48:23—Mira, hijo de mi alma —le decía en aquellas divagaciones deliciosas que les columpiaban
- 2:48:29desde los transportes del amor a los problemas más graves de la vida—, yo te quiero con toda mi alma;
- 2:48:37segura estoy de no poder vivir sin ti. Toda mujer aspira a casarse con el hombre que ama:
- 2:48:43yo no. Según las reglas de la sociedad, estoy ya imposibilitada de casarme. No podría hacerlo,
- 2:48:50ni aun contigo, con la frente bien alzada, pues por muy bueno que conmigo fueras,
- 2:48:56siempre tendría ante ti cierto resquemor de haberte dado menos de lo que mereces,
- 2:49:02y temería que tarde o temprano, en un momento de mal humor o de cansancio, me dijeras que habías
- 2:49:09tenido que cerrar los ojos para ser mi marido... No, no. ¿será esto orgullo, o qué será? Yo te
- 2:49:16quiero y te querré siempre; pero deseo ser libre. Por eso ambiciono un modo de vivir; cosa difícil,
- 2:49:24¿verdad? Saturna me pone en solfa, y dice que no hay más que tres carreras para las mujeres:
- 2:49:30el matrimonio, el teatro, y... Ninguna de las tres me hace gracia. Buscaremos otra. Pero yo pregunto:
- 2:49:39¿es locura poseer un arte, cultivarlo, y vivir de él? ¿Tan poco entiendo del mundo,
- 2:49:44que tengo por posible lo imposible? Explícamelo tú, que sabes más que yo.
- 2:49:50Y Horacio, apuradísimo, después de muchos rodeos, concluía por hacer suya la afirmación de Saturna.
- 2:49:58—Pero tú —agregaba—, eres una mujer excepcional, y esa regla no va contigo.
- 2:50:04Tú encontrarás la fórmula, tú resolverás quizás el problema endiablado de la mujer libre...
- 2:50:11—Y honrada, se entiende, porque también te digo que no creo faltar a la honradez queriéndote,
- 2:50:17ya vivamos o no juntos... Vas a decirme que he perdido toda idea de moralidad.
- 2:50:23—No, por Dios. Yo creo... —Soy muy mala yo. ¿No lo habías conocido?
- 2:50:29Confiésame que te has asustado un poquitín al oírme lo último que te he dicho. Hace tiempo,
- 2:50:35mucho tiempo que sueño con esa libertad honrada; y desde que te quiero, como se me ha despertado la
- 2:50:41inteligencia, y me veo sorprendida por rachas de saber que me entran en el magín, lo mismo que el
- 2:50:48viento por una puerta mal cerrada, veo muy claro eso de la honradez libre. Pienso en esto a todas
- 2:50:55horas, pensando en ti, y no ceso de echar pestes contra los que no supieron enseñarme un arte,
- 2:51:01siquiera un oficio, porque si me hubieran puesto a ribetear zapatos, a estas horas sería yo una buena
- 2:51:08oficiala, y quizás maestra. Pero aún soy joven. ¿No te parece a ti que soy joven? Veo que pones
- 2:51:16carita burlona. Eso quiere decir que soy joven para el amor, pero que tengo los huesos duros para
- 2:51:22aprender un arte. Pues mira, me rejuveneceré; me quitaré años; volveré a la infancia,
- 2:51:29y mi aplicación suplirá el tiempo perdido. Una voluntad firme lo vence todo. ¿No lo crees tú así?
- 2:51:36Subyugado por tanta firmeza, Horacio se mostraba más amante cada día, reforzando el amor con la
- 2:51:44admiración. Al contacto de la fantasía exuberante de ella, despertáronse en él poderosas energías
- 2:51:51de la mente; el ciclo de sus ideas se agrandó; y comunicándose de uno a otro el poderoso estímulo
- 2:51:58de sentir fuerte y pensar hondo, llegaron a un altisímo grado de tempestuosa embriaguez
- 2:52:05de los sentidos, con relámpagos de atrevidas utopías eróticas y sociales. Filosofaban con
- 2:52:12peregrino desenfado entre delirantes ternuras, y vencidos del cansancio, divagaban lánguidamente
- 2:52:20hasta perder el aliento. Callaban las bocas, y los espíritus seguían aleteando por el espacio.
- 2:52:27En tanto, nada digno de referirse ocurría en las relaciones de Tristana con su señor,
- 2:52:34el cual había tomado una actitud observadora y expectante, mostrándose con ella muy atento, mas
- 2:52:42no cariñoso. Veíala entrar tarde algunas noches, y atentamente la observaba; mas no la reprendía,
- 2:52:51adivinando que, al menor choque, la esclava sabría mostrar intenciones de no serlo. Algunas noches
- 2:52:58charlaron de diversos asuntos, esquivando don Lope, con fría táctica, el tratar del idilio;
- 2:53:06y tal viveza de espíritu mostraba la niña, de tal modo se transfiguraba su nacarado rostro
- 2:53:12de dama japonesa, al reflejar en sus negros ojos la inteligencia soberana, que don Lope,
- 2:53:19refrenando sus ganas de comérsela a besos, se llenaba de melancolía, diciendo para su sayo:
- 2:53:27«Le ha salido talento... Sin duda ama». No pocas veces la sorprendió en el comedor,
- 2:53:35a horas desusadas, bajo el foco luminoso de la lámpara colgante, dibujando el contorno de alguna
- 2:53:41figura en grabado, o copiando cualquier objeto de los que en la estancia había.
- 2:53:48—Bien, bien —le dijo a la tercera o cuarta vez que la encontró en semejante afán—. Adelantas,
- 2:53:54hija, adelantas. De anteanoche acá, noto una gran diferencia.
- 2:53:59Y encerrándose en su alcoba con sus melancolías, el pobre galán decadente
- 2:54:04exclamaba, dando un puñetazo sobre la mesa: «Otro dato. El tal es pintor».
- 2:54:11Pero no quería meterse en averiguaciones directas, por creerlas ofensivas a su decoro,
- 2:54:18e impropias de su nunca profanada caballerosidad. Una tarde, no obstante,
- 2:54:25en la plataforma del tranvía, charlando con uno de los cobradores, que era su amigo, le preguntó:
- 2:54:32—Pepe, ¿hay por aquí algún estudio de pintor? Precisamente en aquel instante pasaban frente
- 2:54:38a la calle transversal, formada por edificios nuevos de pobretería, destacándose entre ellos
- 2:54:45una casona de ladrillo al descubierto, grande y de provecho, rematada en una especie de estufa,
- 2:54:52cono taller de fotógrafo o de artista. —Allí —dijo el cobrador—, tenemos al señor
- 2:54:59de Díaz, retratista al óleo... —¡Ah! sí, le conozco —replicó
- 2:55:05don Lope—. Ese que... —Ese que va y viene por mañana
- 2:55:09y tarde. No duerme aquí. ¡Guapo chico! —Sí, ya sé... Moreno, chiquitín.
- 2:55:17—No, es alto. —Alto, sí; pero un poco cargado de espaldas.
- 2:55:22—No, garboso. —Justo, con melenas...
- 2:55:26—¡Si lleva el pelo al rape! —Se lo habrá cortado ahora.
- 2:55:30Parece de estos italianos que tocan el arpa. —No sé si toca el arpa. Pero es muy aplicado
- 2:55:36a los pinceles. A un compañero nuestro le llevó de modelo para apóstol...
- 2:55:40Crea usted que le sacó hablando. —Pues yo pensé que pintaba paisajes.
- 2:55:46—También..., y caballerías... Flores retrata que parecen vivas; frutas bien maduras,
- 2:55:52y codornices muertas. De todo propiamente. Y las mujeres en cueros que tiene en el estudio
- 2:55:58le ponen a uno encandilado. —¿También niñas desnudas?
- 2:56:03—O a medio vestir, con una tela que tapa y no tapa. Suba y véalo todo, don Lope. Es
- 2:56:09buen chico ese don Horacio, y le recibirá bien. —Yo estoy curado de espanto, Pepe. No sé admirar
- 2:56:17esas hembras pintadas. Me han gustado siempre más las vivas. Vaya... con Dios.
- 2:56:26Capítulo XIV Justo es decir que la serie borrascosa de
- 2:56:33turcas de amor cogidas por el espiritual artista en aquella temporada, le desviaron de su noble
- 2:56:40profesión. Pintaba poco, y siempre sin modelo; empezó a sentir los remordimientos del trabajador,
- 2:56:49esa pena que causan los trozos sin concluir pidiendo hechura y encaje; mas entre el arte y el
- 2:56:56amor prefería éste, por ser cosa nueva en él, que despertaba las emociones más dulces de su alma;
- 2:57:05un mundo recién descubierto, florido, exuberante, riquísimo, del cual había que tomar posesión,
- 2:57:14afianzando sólidamente en él la planta de geógrafo y de conquistador. El arte ya podía esperar; ya
- 2:57:23volvería cuando las locas ansias se calmasen; y se calmarían, tomando el amor un carácter pacífico,
- 2:57:31más de colonización reposada que de furibunda conquista. Creía sinceramente el bueno de Horacio
- 2:57:39que aquel era el amor de toda su vida, que ninguna otra mujer podría agradarle ya, ni sustituir en
- 2:57:46su corazón a la exaltada y donosa Tristana; y se complacía en suponer que el tiempo iría templando
- 2:57:55en ella la fiebre de ideación, pues para esposa o querida perpetua, tal flujo de pensar temerario le
- 2:58:03parecía excesivo. Esperaba que su constante cariño y la acción del tiempo rebajarían un poco la talla
- 2:58:11imaginativa y razonante de su ídolo, haciéndola más mujer, más doméstica, más corriente y útil.
- 2:58:22Esto pensaba; mas no lo decía. Una noche que juntos charlaban,
- 2:58:28mirando la puesta de sol y saboreando la dulcísima melancolía de una tarde brumosa, se asustó Díaz de
- 2:58:36oírla expresarse en estos términos: —Es muy particular lo que me pasa:
- 2:58:42aprendo fácilmente las cosas difíciles; me apropio las ideas y las reglas de un arte... hasta de una
- 2:58:49ciencia si me apuras; pero no puedo enterarme de las menudencias prácticas de la vida. Siempre que
- 2:58:56compro algo, me engañan; no sé apreciar el valor de las cosas; no tengo ninguna idea de gobierno,
- 2:59:03ni de orden, y si Saturna no se entendiera con todo en mi casa, aquello sería una leonera.
- 2:59:10Es indudable que cada cual sirve para una cosa; yo podré servir para muchas, pero para ésa está visto
- 2:59:17que no valgo. Me parezco a los hombres en que ignoro lo que cuesta una arroba de patatas y un
- 2:59:23quintal de carbón. Me lo ha dicho Saturna mil veces, y por un oído me entra y por otro me
- 2:59:29sale. ¿Habré nacido para gran señora? Puede que sí. Como quiera que sea, me conviene aplicarme,
- 2:59:37aprender todo eso, y sin perjuicio de poseer un arte, he de saber criar gallinas y remendar la
- 2:59:43ropa. En casa trabajo mucho, pero sin iniciativa. Soy pincha de Saturna, la ayudo, barro, limpio y
- 2:59:52fregoteo, eso sí; pero, ¡desdichada casa si yo mandara en ella! Necesito aprenderlo, ¿verdad?
- 3:00:00El maldito don Lope ni aun eso se ha cuidado de enseñarme. Nunca he sido para él más que
- 3:00:06una circasiana comprada para su recreo, y se ha contentado con verme bonita, limpia y amable.
- 3:00:15Respondiole el pintor que no se apurara por adquirir el saber doméstico,
- 3:00:19pues fácilmente se lo enseñaría la práctica. —Eres una niña —agregó—, con muchísimo talento
- 3:00:27y grandes disposiciones. Te falta sólo el pormenor, el conocimiento
- 3:00:31menudo que dan la independencia y la necesidad. —Un recelo tengo —dijo Tristana, echándole al
- 3:00:39cuello los brazos—: que dejes de quererme por no saber yo lo que se puede comprar con un duro...,
- 3:00:46porque temas que te convierta la casa en una escuela de danzantes. La verdad es que si
- 3:00:51pinto como tú, o descubro otra profesión en que pueda lucir y trabajar con fe, ¿cómo nos vamos a
- 3:00:58arreglar, hijo de mi vida? Es cosa que espanta. Expresó su confusión de una manera tan graciosa,
- 3:01:06que Horacio no pudo menos de soltar la risa: —No te apures, hija. Ya veremos. Me
- 3:01:12pondré yo las faldas. ¡Que remedio hay! —No, no —dijo Tristana, alzando un dedito,
- 3:01:19y marcando con él las expresiones de un modo muy salado—. Si encuentro mi manera de vivir, viviré
- 3:01:26sola. ¡Viva la independencia!... sin perjuicio de amarte y de ser siempre tuya. Yo me entiendo:
- 3:01:33tengo acá mis ideítas. Nada de matrimonio, para no andar a la greña por aquello de quién tiene las
- 3:01:40faldas y quién no. Creo que has de quererme menos si me haces tu esclava; creo que te querré poco si
- 3:01:47te meto en un puño. Libertad honrada es mi tema... o si quieres, mi dogma. Ya sé que es difícil,
- 3:01:55muy difícil, porque la sociedaz, como dice Saturna... No acabo de entenderlo... Pero
- 3:02:02yo me lanzo al ensayo... ¿Que fracaso? Bueno. Y si no fracaso, hijito, si me salgo con la mía,
- 3:02:09¿qué dirás tú? ¡Ay!, has de verme en mi casita, sola, queriéndote mucho, eso sí, y trabajando,
- 3:02:17trabajando en mi arte para ganarme el pan; tú en la tuya, juntos a ratos, separados muchas horas,
- 3:02:24porque... ya ves, eso de estar siempre juntos, siempre juntos, noche y día, es así, un poco...
- 3:02:32—¡Qué graciosa eres y recuantísimo te quiero! No paso por estar separado de ti parte del día.
- 3:02:39Seremos dos en uno, los hermanos siameses; y si quieres ponerte pantalones, póntelos; si quieres
- 3:02:46hacer el marimacho, anda con Dios... Pero ahora se me ocurre una grave dificultad. ¿Te la digo?
- 3:02:53—Sí, hombre, dila. —No, no quiero. Es pronto.
- 3:02:58—¿Cómo pronto? Dímela, o te arranco una oreja. —Pues yo... ¿Te acuerdas de lo que hablábamos
- 3:03:04anoche? —Chi.
- 3:03:07—Que no te acuerdas. —Que sí, bobillo. Tengo
- 3:03:10yo una memoria...! Me dijiste que para completar la ilusión de tu vida deseabas...
- 3:03:15—Dilo. —No, dilo tú.
- 3:03:18—Deseaba tener un chiquillín. —¡Ay! no, no; le querría yo tanto,
- 3:03:23que me moriría de pena si me le quitaba Dios. Porque se mueren todos (Con exaltación). ¿No
- 3:03:30ves pasar continuamente los carros fúnebres con las cajitas blancas? ¡Me da una tristeza...!
- 3:03:36Ni sé para qué permite Dios que vengan al mundo, si tan pronto se los ha de llevar... No, no; niño
- 3:03:43nacido es niño muerto..., y el nuestro se moriría también. Más vale que no lo tengamos. Di que no.
- 3:03:51—Digo que sí. Déjalo, tonta. ¿Y por qué se ha de morir? Supón que vive..., y
- 3:03:56aquí entra el problema. Puesto que hemos de vivir separados, cada uno en su casa, independiente yo,
- 3:04:03libre y honrada tú, cada cual en su hogar honradísimo y librísimo... digo, libérrimo,
- 3:04:11¿en cuál de los hogares vivirá el angelito? Tristana se quedó absorta, mirando las rayas del
- 3:04:19entarimado. No se esperaba la temida proposición, y al pronto no encontró manera de resolverla.
- 3:04:27De súbito, congestionado su pensamiento con un mundo de ideas que en tropel lo asaltaron,
- 3:04:33echose a reír, bien segura de poseer la verdad, y la expresó en esta forma:
- 3:04:41—Toma, pues conmigo, conmigo..., ¿qué duda puede haber? Si es mío, mío, ¿con quién ha de estar?
- 3:04:48—Pero como será mío también, como será de los dos...
- 3:04:52—Sí..., pero... te diré..., tuyo, porque..., vamos, no lo quiero decir... Tuyo, sí:
- 3:04:58pero es más mío que tuyo. Nadie puede dudar que es mío, porque la naturaleza,
- 3:05:04de mí propia lo arranca. Lo de tuyo es indudable; pero... no consta tanto,
- 3:05:09para el mundo, se entiende... ¡Ay!, no me hagas hablar así, ni dar estas explicaciones.
- 3:05:16—Al contrario, mejor es explicarlo todo. Nos encontraremos en tal situación,
- 3:05:21que yo pueda decir: mío, mío. —Más fuerte lo podré decir yo: mío,
- 3:05:27mío, y eternamente mío. —Y mío también.
- 3:05:31—Convengo; pero... —No hay pero que valga.
- 3:05:35—No me entiendes. Claro es que tuyo... Pero me pertenece más a mí.
- 3:05:40—No, por igual. —Calla, hombre;
- 3:05:43por igual, nunca. Bien lo comprendes: podría haber otros casos en que... Hablo en general.
- 3:05:50—No hablamos sino en particular. —Pues en particular te digo que es mío,
- 3:05:54y que no lo suelto, ¡ea! —Es que..., veríamos...
- 3:05:59—No hay veríamos que valga. —Mío, mío...
- 3:06:03—Tuyo, sí; pero... fíjate bien..., quiero decir que eso de tuyo no es tan claro, en la generalidad
- 3:06:09de los casos. Luego la naturaleza me da más derechos que a ti... Y se llamará como yo, con mi
- 3:06:15apellidito nada más. ¿Para qué tanto ringorrango? —Tristana, ¿qué dices? (Incomodándose).
- 3:06:24—Pero qué, ¿te enojas? Hijo, si tú tienes la culpa. ¿Para qué me...? No, por Dios,
- 3:06:30no te enfades. Me vuelvo atrás, me desdigo... La nubecilla pasó, y pronto fue todo claridad
- 3:06:38y luz en el cielo de aquellas dichas, ligeramente empañado. Pero Díaz quedó
- 3:06:44un poco triste. Con sus dulces carantoñas, quiso Tristana disipar aquella fugaz aprensión,
- 3:06:52y más mona y hechicera que nunca le dijo: —¡Vaya que reñir por una cosa tan remota,
- 3:06:59por lo que quizás no suceda! Perdóname. No puedo remediarlo. Me salen ideas, como me podrían salir
- 3:07:07granos en la cara. Yo, ¿qué culpa tengo? Cuando menos se piensa, pienso cosas que no debe una
- 3:07:13pensar... Pero no hagas caso. Otra vez, coges un palito y me pegas. Considera esto como una
- 3:07:20enfermedad nerviosa o cerebral, que se corrige con unturas de vara de fresno. ¡Qué tontería,
- 3:07:27afanarnos por lo que no existe, por lo que no sabemos si existirá, teniendo un presente tan
- 3:07:33fácil, tan bonito, para gozar de él! Capítulo XV
- 3:07:42Bonito, realmente bonito a no poder más era el presente, y Horacio se extasiaba en él,
- 3:07:50como si transportado se viera a un rincón de la eterna gloria. Mas era hombre de carácter grave,
- 3:07:57educado en la soledad meditabunda, y por costumbre medía y pesaba todas las cosas, previendo el
- 3:08:04desarrollo posible de los sucesos. No era de estos que fácilmente se embriagan con las alegrías, sin
- 3:08:12ver el reverso de ellas. Su claro entendimiento le permitía analizarse con observación segura,
- 3:08:20examinando bien su ser inmutable al través de los delirios o tempestades que en él se iban
- 3:08:27sucediendo. Lo primero que encontró en aquel análisis fue la seducción irresistible que la
- 3:08:33damita japonesa sobre él ejercía, fenómeno que en él era como una dulce enfermedad,
- 3:08:40de que no quería en ningún modo curarse. Consideraba imposible vivir sin sus gracias,
- 3:08:47sin sus monerías inenarrables, sin las mil formas fascinadoras que la divinidad tomaba en
- 3:08:54ella al humanizarse. Encantábale su modestia cuando humilde se mostraba, y su orgullo
- 3:09:00cuando se embravecía. Sus entusiasmos locos y sus desalientos o tristezas le enamoraban del mismo
- 3:09:07modo. Jovial, era deliciosa la niña; enojada, también. Reunía un sin fin de dotes y cualidades,
- 3:09:16graves las unas, frívolas y mundanas las otras; a veces su inteligencia juzgaba de todo con claro
- 3:09:23sentido, a veces con desvarío seductor. Sabía ser dulce y amarga, blanda y fresca como el agua,
- 3:09:32ardiente como el fuego, vaga y rumorosa como el aire. Inventaba travesuras donosas, vistiéndose
- 3:09:39con los trajes de los modelos, e improvisando monólogos, o comedias en que ella sola hacía
- 3:09:46dos o tres personajes; pronunciaba discursos saladísimos; remedaba a su viejo don Lope;
- 3:09:54y en suma, tales talentos y donaires iba sacando, que el buen Díaz, enamorado como un salvaje,
- 3:10:02pensaba que su amiguita compendiaba y resumía todos los dones concedidos a la naturaleza mortal.
- 3:10:10Pues en el ramo, si así puede llamarse, de la ternura, era la señorita de Reluz
- 3:10:16igualmente prodigiosa. Sabía expresar su cariño en términos siempre nuevos; ser dulce sin empalagar,
- 3:10:25candorosa sin insulsez, atrevidilla sin asomos de corrupción, con la sinceridad siempre por delante,
- 3:10:34como la primera y más visible de sus infinitas gracias. Y Horacio,
- 3:10:39viendo además en ella algo que sintomatizaba el precioso mérito de la constancia, creía que la
- 3:10:46pasión duraría en ambos tanto como la vida, y aún más; porque, como creyente sincero, no daba por
- 3:10:54extinguidos sus ideales en la oscuridad del morir. El arte era el que salía perdiendo con estas
- 3:11:01pasiones eternas y estos crecientes ardores. Por las mañanas se entretenía pintando flores
- 3:11:08o animales muertos. Llevábanle el almuerzo del merendero del Riojano, y comía con voracidad,
- 3:11:16abandonando los restos en cualquier mesilla del estudio. Este ofrecía un desorden encantador,
- 3:11:23y la portera, que intentaba arreglarlo todas las mañanas, aumentaba la confusión y el desarreglo.
- 3:11:31Sobre el ancho diván veíanse libros revueltos, una manta morellana; en el suelo, las cajas de color,
- 3:11:39tiestos, perdices muertas; sobre las corvas sillas, tablas a medio pintar, más libros,
- 3:11:46carpetas de estampas; en el cuartito anexo, destinado a lavatorio y a guardar trastos,
- 3:11:53más tablitas, el jarro del agua con ramas de arbustos puestas a refrescar, una bata de Tristana
- 3:12:00colgada de la percha, y lindos trajes esparcidos por doquiera; un alquicel árabe, un ropón japonés,
- 3:12:08antifaces, quirotecas, chupas y casacas bordadas, pelucas, babuchas de odalisca y delantales de
- 3:12:16campesina romana. Máscaras griegas de cartón, y telas de casullas decoraban las paredes,
- 3:12:23entre retratos y fotografías mil de caballos, barcos, perros y toros.
- 3:12:30Después de almorzar esperó Díaz una media hora, y como su amada no pareciera, se impacientó,
- 3:12:38y para entretenerse se puso a leer a Leopardi. Sabía con perfección castiza el italiano,
- 3:12:45que le enseñó su madre, y aunque en el largo espacio de la tiranía del abuelo
- 3:12:50se le olvidaron algunos giros, la raíz de aquel conocimiento vivió siempre en él, y en Venecia,
- 3:12:58Roma y Nápoles se adestró de tal modo que fácilmente pasaba por italiano en cualquier parte,
- 3:13:05aun en la misma Italia. Dante era su única pasión literaria. Repetía, sin olvidar un solo verso,
- 3:13:14cantos enteros del Infierno y Purgatorio. Dicho se está que, casi sin proponérselo, dio a su amiguita
- 3:13:23lecciones del bel parlare. Con su asimilación prodigiosa, Tristana dominó en breves días la
- 3:13:29pronunciación, y leyendo a ratos como por juego, y oyéndole leer a él, a las dos semanas recitaba
- 3:13:38con admirable entonación de actriz consumada el pasaje de Francesca, el de Ugolino y otros.
- 3:13:46Pues, a lo que iba: engañaba Horacio el tiempo leyendo al melancólico poeta de Recanati,
- 3:13:52y se detenía meditabundo ante aquel profundo pensamiento: e discoprendo, solo il nulla
- 3:13:59s’accresce, cuando sintió los pasitos que anhelaba oír; y ya no se acordó de Leopardi, ni se cuidó de
- 3:14:07que il nulla creciera o menguara discoprendo. ¡Gracias a Dios! Tristana entró con aquella
- 3:14:15agilidad infantil que no cedía ni al cansancio de la interminable escalera,
- 3:14:20y se fue derecha a él para abrazarle, cual si hubiera pasado un año sin verle.
- 3:14:27—¡Rico, facha, cielo, pintamonas, qué largo el tiempo de ayer a hoy! Me moría de ganas de
- 3:14:33verte... ¿Te has acordado de mí? ¿A que no has soñado conmigo como yo contigo? Soñé que...,
- 3:14:40no te lo cuento. Quiero hacerte rabiar. —Eres más mala que un tabardillo. Dame esos
- 3:14:46morros, dámelos o te estrangulo ahora mismo. —¡Sátrapa, corso, gitano! (Cayendo fatigada
- 3:14:53en el diván). No me engatusas con tu parlare honesto... ¡Eh!, sella el labio... Denantes
- 3:14:59que del sol la crencha rubia... ¡Jesús mío, cuantísimo disparate! No hagas caso:
- 3:15:05estoy loca; tú tienes la culpa. ¡Ay, tengo que contarte muchas cosas, carino. ¡Qué hermoso es
- 3:15:11el italiano y qué dulce, qué grato al alma es decir mio diletto! Quiero que me lo enseñes bien,
- 3:15:17y seré profesora. Pero vamos a nuestro asunto. Ante todo, respóndeme: ¿la jazemos?
- 3:15:25Bien demostraba esta mezcla de lenguaje chocarrero y de palabras italianas,
- 3:15:30con otras rarezas de estilo que irán saliendo, que se hallaban en posesión de ese vocabulario de los
- 3:15:36amantes, compuesto de mil formas de lenguaje sugeridas por cualquier anécdota picaresca,
- 3:15:43por este o el otro chascarrillo, por la lectura de un pasaje grave o de algún verso célebre.
- 3:15:50Con tales accidentes se enriquece el diccionario familiar de los que viven en comunidad absoluta
- 3:15:56de ideas y sentimientos. De un cuento que ella oyó a Saturna, salió aquello de ¿la jazemos?,
- 3:16:04manera festiva de expresar sus proyectos de fuga; y de otro cuentecillo chusco que Horacio sabía,
- 3:16:12salió el que Tristana no le llamase nunca por su nombre, sino con el de señó Juan,
- 3:16:17que era un gitano muy bruto y de muy malas pulgas. Sacando la voz más bronca que podía, cogíale
- 3:16:24Tristana de una oreja, diciéndole: «Señó Juan, ¿me quieres?». Rara vez la llamaba él por su nombre.
- 3:16:32Ya era Beatrice, ya Francesca, o más bien la Paca de Rimini; a veces Chispa, o señá Restituta.
- 3:16:42Estos motes, y los terminachos grotescos o expresiones líricas que eran el saborete de
- 3:16:48su apasionada conversación, variaban cada pocos días, según las anécdotas que iban saliendo.
- 3:16:55—La jaremos cuando tú dispongas, querida Restituta —replicó Díaz—. ¡Si no deseo otra cosa...! ¿Crees
- 3:17:02tú que puede un hombre estar de amor extático tanto tiempo?... Vámonos: para ti la jaca torda,
- 3:17:09la que, cual dices tú, los campos borda... —Al extranjero, al extranjero (palmoteando).
- 3:17:17Yo quiero que tú y yo seamos extranjeros en alguna parte, y que salgamos del
- 3:17:21bracete sin que nadie nos conozca. —Sí, mi vida. ¡Quién te verá a ti...!
- 3:17:28—Entre los fránceses (Cantando) y entre los íngleses... Pues te diré. Ya no puedo resistir
- 3:17:34más a mi tirano de Siracusa. ¿Sabes? Saturna no le llama sino don Lepe, y así le llamaré yo también.
- 3:17:42Ha tomado una actitud patética. Apenas me habla, de lo que me alegro mucho. Se hace el interesante,
- 3:17:49esperando que yo me enternezca. Anoche, verás, estuvo muy amable conmigo, y me contó algunas
- 3:17:55de sus aventuras. Piensa sin duda el muy pillo que con tales ejemplos se engrandece a mis ojos;
- 3:18:02pero se equivoca. No puedo verle. Hay días en que me toca mirarle con lástima; días en que me toca
- 3:18:10aborrecerle, y anoche le aborrecí, porque en la relación de sus trapisondas, que son tremendas,
- 3:18:17tremendísimas, veía yo un plan depravado para encenderme la imaginación. Es lo más zorro que
- 3:18:24hay en el mundo. A mí me dieron ganitas de decirle que no me interesa más aventura que la de mi señó
- 3:18:31Juan de mi alma, a quien adoro con todas mis potencias irracionales, como decía el otro.
- 3:18:38—Pues te digo la verdad: me gustaría oírle contar a don Lope sus historias galantes.
- 3:18:43—Como bonitas, cree que lo son. ¡Lo de la marquesa del Cabañal es de lo más chusco...!
- 3:18:48El marido mismo, más celoso que Otelo, le llevaba... Pero si me parece que te lo he
- 3:18:54contado. ¿Pues y cuando robó del convento de San Pablo en Toledo a la monjita...? El mismo
- 3:19:00año mató en duelo al general que se decía esposo de la mujer más virtuosa de España,
- 3:19:06y la tal se escapó con don Lope a Barcelona. Allí tuvo éste siete aventuras en un mes,
- 3:19:12todas muy novelescas. Debía de ser atrevido el hombre, muy bien plantado, y muy bravo para todo.
- 3:19:20—Restituta, no te entusiasmes con tu Tenorio arrumbado.
- 3:19:24—Yo no me entusiasmo más que con este pintamonas. ¡Qué mal gusto tengo!
- 3:19:28Miren esos ojos..., ¡ay qué feos y qué sin gracia! ¿Pues y esa boca?, da asco mirarla;
- 3:19:35y ese aire tan desgarbado..., uf, no sé cómo te miro. No; si ya me repugnas, quítate de ahí.
- 3:19:42—¡Y tú qué horrible!..., con esos dientazos de jabalí, y esa nariz de remolacha, y ese cuerpo
- 3:19:49de botijo. ¡Ay, tus dedos son tenazas! —Tenazas, sí, tenazas de jierro,
- 3:19:55para arrancarte tira a tira toda tu piel de burro. ¿Por qué eres así? ¡Gran Dio, morir si giovine!
- 3:20:02—Mona, más mona que los Santos Padres, y más hechicera que el Concilio de Trento y
- 3:20:07que don Alfonso el Sabio..., oye una cosa que se me ocurre. ¿Si ahora se abriera
- 3:20:12esta puerta y apareciera tu don Lope...? —¡Ay! tú no conoces a don Lepe. Don Lepe
- 3:20:18no viene aquí, ni por nada del mundo hace él el celoso de comedia. Creería que su caballerosidad
- 3:20:25se llenaba de oprobio. Fuera de la seducción de mujeres más o menos virtuosas, es todo dignidad.
- 3:20:33—¿Y si entrara yo una noche en tu casa, y él me sorprendiera allí?
- 3:20:37—Entonces, puede que, como medida preventiva, te partiera en dos pedazos, o convirtiera tu
- 3:20:43cráneo en hucha para guardar todas las balitas de su revólver. Con tanta caballerosidad, sabe
- 3:20:49ser muy bruto cuando le tocan el punto delicado. Por eso más vale que no vayas. Yo no sé cómo ha
- 3:20:55sabido esto; pero ello es que lo sabe. De todo se entera el maldito, con su sagacidad de perro viejo
- 3:21:02y su experiencia de maestro en picardías. Ayer me dijo con retintín: «¿Conque pintorcitos tenemos?»
- 3:21:10Yo no le contesté. Ya no le hago caso. El mejor día entra en casa, y el pájaro voló... Ahi Pisa,
- 3:21:17vituperio delle genti. ¿A dónde nos vamos, hijo de mi alma? ¿A do me conducirás? (Cantando) La ci
- 3:21:25darem la mano... Sé que no hay congruencia en nada de lo que digo. Las ideas se me atropellan aquí,
- 3:21:32disputándose cuál sale primero, como cuando se agolpa el gentío a la puerta de una iglesia,
- 3:21:37y se estrujan y se... Quiéreme, quiéreme mucho, que todo lo demás es música.
- 3:21:44A veces se me ocurren ideas tristes; por ejemplo, que seré muy desgraciada, que todos mis sueños de
- 3:21:50felicidad se convertirán en humo. Por eso me aferro más a la idea de conquistar mi
- 3:21:56independencia, y de arreglármelas con mi ingenio como pueda. Si es verdad que tengo algún pesquis,
- 3:22:03¿por qué no he de utilizarlo dignamente, como otras explotan la belleza o la gracia?
- 3:22:09—Tu deseo no puede ser más noble —díjole Horacio meditabundo—. Pero no te afanes, no te aferres
- 3:22:16tanto a esa aspiración, que podría resultar impracticable. Entrégate a mí sin reserva.
- 3:22:22¡Ser mi compañera de toda la vida; ayudarme y sostenerme con tu cariño...!, ¿te parece que
- 3:22:28hay un oficio mejor, ni arte más hermoso? Hacer feliz a un hombre, que te hará feliz, ¿qué más?
- 3:22:36—¡Qué más! (Mirando al suelo) Diverse lingue, orribile favelle... parole di
- 3:22:42dolore, accenti d’ira... Ya, ya; la congruencia es la que no parece... Señó Juan, ¿me quieres
- 3:22:49mucho? Bueno; has dicho: «¿qué más?». Nada, nada. Me conformo con que no haya más. Te advierto que
- 3:22:57soy una calamidad como mujer casera. No doy pie con bola, y te ocasionaré mil desazones.
- 3:23:03Y fuera de casa, en todo menester de compras o negocios menudos de mujer, también soy de oro.
- 3:23:10¡Con decirte que no conozco ninguna calle, ni sé andar sola sin perderme! El otro día no supe ir de
- 3:23:16la Puerta del Sol a la calle de Peligros, y recalé allá por la plaza de la Cebada.
- 3:23:22No tengo el menor sentido topográfico. El mismo día, al comprar unas horquillas en el bazar,
- 3:23:28di un duro, y no me cuidé de recoger la vuelta. Cuando me acordé, ya estaba en el tranvía...,
- 3:23:35por cierto que me equivoqué y me metí en el del Barrio. De todo esto y de algo más que observo en
- 3:23:40mí, deduzco... ¿En qué piensas? ¿Verdad que nunca querrás a nadie más que a tu Paquita de Rímini?...
- 3:23:48Pues sigo diciéndote... No, no te lo digo. —Dime lo que pensabas (Incomodándose). He
- 3:23:56de quitarte esa pícara costumbre de decir las cosas a medias...
- 3:24:00—Pégame, hombre, pega..., rómpeme una costilla. ¡Tienes un geniazo!..., ni del dorado techo... se
- 3:24:07admira, fabricado... del sabio moro, en jaspes sustentado. Tampoco esto tiene congruencia.
- 3:24:14—Maldita. ¿Qué ha de tener? —Pues diréte, Inés, la cosa... Oye (Abrazándole).
- 3:24:22Lo que he pensado de mí, estudiándome mucho, porque yo me estudio, ¿sabes?, es que sirvo,
- 3:24:28que podré servir para las cosas grandes; pero que decididamente no sirvo para las pequeñas.
- 3:24:35Lo que Horacio le contestó, perdiose en la oleada de ternezas que vino después, llenando de vagos
- 3:24:42rumores la plácida soledad del estudio. XVI
- 3:24:52Como contrapeso moral y físico de la enormísima exaltación de las tardes, Horacio, al retirarse
- 3:24:59de noche a su casa, se derrumbaba en el seno tenebroso de una melancolía sin ideas, o con ideas
- 3:25:07vagas, toda languidez y zozobra indefinibles. ¿Qué tenía? No le era fácil contestarse. Desde
- 3:25:16los tiempos de su lento martirio en poder del abuelo, solía padecer fuertes ataques periódicos
- 3:25:23de spleen, que se le renovaban en todas las circunstancias anormales de su vida. Y no era que
- 3:25:30en aquellas horas de recogimiento se hastiara de Tristana, o tuviese dejos amargos de las dulzuras
- 3:25:36del día, no; la visión de ella le acosaba; el recuerdo fresquísimo de sus donaires ponía en
- 3:25:44continuo estremecimiento su naturaleza, y antes que buscar un término a tan abrasadoras emociones,
- 3:25:51deseaba repetirlas, temeroso de que algún día pudieran faltarle. Al propio tiempo que
- 3:25:59consideraba su destino inseparable del de aquella singular mujer, un terror sordo le rebullía
- 3:26:05en el fondo del alma, y por más que procuraba, haciendo trabajar furiosamente a la imaginación,
- 3:26:12figurarse el porvenir al lado de Tristana, no podía conseguirlo. Las aspiraciones de su ídolo
- 3:26:20a cosas grandes causábanle asombro; pero al querer seguirla por los caminos que ella con
- 3:26:28tenacidad graciosa señalaba, la hechicera figura se le perdía en un término nebuloso.
- 3:26:36No causaron inquietud a doña Trinidad (que así se llamaba la señora con quien Horacio vivía)
- 3:26:42las murrias de su sobrino, hasta que pasado algún tiempo advirtió en él un aplanamiento sospechoso.
- 3:26:51Entrábale como un sopor, conservando los ojos abiertos, y no había medio de sacarle del cuerpo
- 3:26:58una palabra. Veíasele inmóvil en un sillón del comedor, sin prestar la menor atención a la
- 3:27:06tertulia de dos o tres personas que amenizaban las tristes noches de doña Trini. Era ésta de
- 3:27:14dulcísimo carácter, achacosa, aunque no muy vieja, y derrumbada por los pesares que habían gravitado
- 3:27:22sobre ella, pues no tuvo tranquilidad hasta que se quedó sin padre y sin marido. Bendecía la soledad,
- 3:27:30y debía mucha gratitud a la muerte. De su vida de afanes quedole una debilidad
- 3:27:36nerviosa, relajación de los músculos de los párpados. No abría los ojos sino a medias,
- 3:27:43y esto con dificultad en ciertos días, o cuando reinaban determinados aires, llegando a veces
- 3:27:50al sensible extremo de tener que levantarse el párpado con los dedos si quería ver bien a una
- 3:27:57persona. Por añadidura, estaba muy delicadita del pecho, y en cuanto entraba el invierno se ponía
- 3:28:04fatal, ahogada de tos, con horribles frialdades en pies y manos, y todo se le volvía imaginar
- 3:28:12defensas contra el frío, en la casa como en su persona. Adoraba a su sobrino, y por nada
- 3:28:20del mundo se separaría de él. Una noche, después de comer, y antes de que llegaran los tertulios,
- 3:28:27doña Trini se sentó, hecha un ovillo, frente a la butaca en que Horacio fumaba, y le dijo:
- 3:28:35—Si no fuera por ti, yo no aguantaría las crudezas de este frío maldito que me está
- 3:28:40matando. ¡Y pensar que con irme a tu casa de Villajoyosa resucitaría! ¿Pero cómo me voy y
- 3:28:47te dejo aquí solo? Imposible, imposible. Replicóle el sobrino que bien podía
- 3:28:53irse y dejarle, pues nadie se lo comería. —¡Quién sabe, quién sabe si te comerán...!
- 3:29:00Tú andas también delicadillo. No me voy; no me separo de ti por nada de este mundo.
- 3:29:07Desde aquella noche empezó una lucha tenaz entre los deseos de emigración de la señora y la
- 3:29:13pasividad sedentaria del señorito. Anhelaba doña Trini largarse; él también quería que se fuera,
- 3:29:20porque el clima de Madrid la minaba rápidamente. Habría tenido gusto en acompañarla; pero, ¿cómo,
- 3:29:27¡Santo Dios!, si no veía forma humana de romper su amorosa cadena, ni siquiera de aflojarla?
- 3:29:35—Iré a llevarla a usted —dijo a su tía, buscando una transacción—, y me volveré enseguida.
- 3:29:42—No, no. —Iré después a buscarla a usted,
- 3:29:45a la entrada de primavera. —Tampoco.
- 3:29:49La tenacidad de doña Trini no se fundaba sólo en su horror al invierno,
- 3:29:54que aquel año vino con espada en mano. Nada sabía concretamente de los devaneos de Horacio;
- 3:30:00pero sospechaba que algo anormal y peligroso ocurría en la vida del joven, y con feliz
- 3:30:07instinto estimó conveniente llevársele de Madrid. Alzando la cabeza para mirarle bien, pues aquella
- 3:30:14noche funcionaban muy mal los párpados, y abrir no podía más que un tercio de ojos, le dijo:
- 3:30:22—Pues me parece que en Villajoyosa pintarías como aquí, y aun mejor.
- 3:30:26En todas partes hay naturaleza y natural... Y sobre todo, tontín, allí te librarás de tanto
- 3:30:33quebradero de cabeza, y de las angustias que estás pasando. Te lo dice quien bien te quiere,
- 3:30:39quien sabe algo de este mundo traicionero. No hay cosa peor que apegarse a un vicio de querer...
- 3:30:46Despréndete de un tirón. Pon tierra por medio. Dicho esto, doña Trini dejó caer el párpado,
- 3:30:54como tronera que se cierra después de salir el tiro. Horacio nada contestó;
- 3:31:00pero las ideas de su tía quedaron en su mente como semillas dispuestas a germinar. Repitió
- 3:31:07sus sabias exhortaciones a la siguiente noche la simpática viuda, y a los dos días ya no le pareció
- 3:31:15al pintor muy disparatada la idea de partir, ni vio, como antes, en la separación de su amada,
- 3:31:22un suceso tan grave como la rotura del planeta en pedazos mil. De improviso sintió que del fondo de
- 3:31:29su naturaleza salía un prurito, una reclamación de descanso. Su existencia toda pedía tregua,
- 3:31:38uno de esos paréntesis que la guerra y el amor suelen solicitar con necesidad imprescindible
- 3:31:45para poder seguir peleando y viviendo. La primera vez que comunicó a Tristana los deseos
- 3:31:52de doña Trini, aquélla puso el grito en el cielo. El también se indignó; protestaron ambos contra el
- 3:32:00importuno viaje, y... antes morir que consentir tiranos. Mas otro día, tratando de lo mismo,
- 3:32:09Tristana pareció conformarse. Sentía lástima de la pobre viuda. ¡Era tan natural que no quisiera
- 3:32:16ir sola...! Horacio afirmó que doña Trini no resistiría en Madrid los rigores del invierno,
- 3:32:24ni se determinaba a separarse de su sobrino. Mostrose la de Reluz más compasiva, y por fin...
- 3:32:32¿Sería que también a ella le pedían el cuerpo y el alma tregua, paréntesis, solución de continuidad?
- 3:32:40Ni uno ni otro cedían en su amoroso anhelo; pero la separación no les asustaba; al contrario,
- 3:32:47querían probar el desconocido encanto de alejarse, sabiendo que era por tiempo breve;
- 3:32:53probar el sabor de la ausencia, con sus inquietudes, el esperar y recibir cartas,
- 3:33:00el desearse recíprocamente, y el contar lo que faltaba para tenerse de nuevo.
- 3:33:07En resumidas cuentas, que Horacio tomó las de Villadiego. Tierna fue la despedida:
- 3:33:14se equivocaron, creyéndose con serenidad bastante para soportarla, y al fin se hallaban como
- 3:33:20condenados al patíbulo. Horacio, la verdad, no se sintió muy pesaroso por el camino; respiraba con
- 3:33:29desahogo, como jornalero en sábado por la tarde, después de una semana de destajo; saboreaba el
- 3:33:37descanso moral, el placer pálido de no sentir emociones fuertes. El primer día de Villajoyosa,
- 3:33:45ninguna novedad ocurrió. Tan conforme el hombre, y muy bien hallado con su destierro. Pero al segundo
- 3:33:52día, aquel mar tranquilo de su espíritu empezó a moverse y picarse con leve ondulación, y luego
- 3:34:00fue el crecer, el encresparse. A los cuatro días el hombre no podía vivir de soledad, de tristeza,
- 3:34:08de privación. Todo le aburría: la casa, doña Trini, la parentela. Pidió auxilio al arte,
- 3:34:16y el arte no le proporcionó más que desaliento y rabia. El paisaje hermosísimo, el mar azul,
- 3:34:25las pintorescas rocas, los silvestres pinos, todo le ponía cara fosca. La primera carta le consoló
- 3:34:33en su soledad; no podían faltar en ella ausencias dulcísimas, ni aquello tan sobado de nessun
- 3:34:41maggior dolore... ni los términos del vocabulario formado en las continuas charlas de amor. Habían
- 3:34:48convenido en escribirse dos cartitas por semana y resultaba carta todos los días diariamente,
- 3:34:55según decía Tristana. Si las de él ardían, las de ella quemaban. Veáse la clase:
- 3:35:03«He pasado un día cruel, y una noche de todos los perros de la jauría de Satanás. ¿Por qué
- 3:35:09te fuiste?... Hoy estoy tranquila; oí misa, recé mucho. He comprendido que no debo quejarme, que
- 3:35:17hay que poner frenos al egoísmo. Demasiado bien me ha dado Dios, y no debo ser exigente. Merezco
- 3:35:25que me riñas y me pegues, y aun que me quieras un poco menos (¡no, por Dios!), cuando me aflijo por
- 3:35:32una ausencia breve y necesaria... Me mandas que esté tranquila, y lo estoy. Tu duca, tu maestro,
- 3:35:40tu signore. Sé que mi señó Juan volverá pronto, que ha de quererme siempre, y Paquita de Rímini
- 3:35:48espera confiada, y se resigna con su soleá». De él a ella:
- 3:35:55«Hijita, ¡qué días paso! Hoy quise pintar un burro, y me salió... algo así como un pellejo de
- 3:36:01vino con orejas. Estoy de remate; no veo el color, no veo la línea, no veo más que a mi Restituta,
- 3:36:09que me encandila los ojos con sus monerías. Día y noche me persigue la imagen de mi
- 3:36:15monstrua serrana, con todo el pesquis del Espíritu Santo y toda la sal del botiquín».
- 3:36:22(Nota del colector: llamaban botiquín al mar, por aquel cuento andaluz del médico de a bordo,
- 3:36:29que todo lo curaba con agua salada.) »... Mi tía no está bien. No puedo
- 3:36:34abandonarla. Si tal barbaridad hiciera, tú misma no me la perdonarías.
- 3:36:40Mi aburrimiento es una horrible tortura que se le quedó en el tintero a nuestro amigo Alighieri...
- 3:36:46»He vuelto a leer tu carta del jueves, la de las pajaritas, la de los éxtasis... inteligenti pauca.
- 3:36:54Cuando Dios te echó al mundo, llevose las manos a la cabeza augusta, arrepentido y pesaroso de
- 3:37:01haber gastado en ti todo el ingenio que tenía dispuesto para fabricar cien generaciones. Haz
- 3:37:07el favor de no decirme que tú no vales, que eres un cero. ¡Ceritos a mí! Pues yo te digo,
- 3:37:13aunque la modestia te salga a la cara como una aurora boreal, yo te digo,
- 3:37:18¡oh Restituta!, que todos los bienes del mundo son una perra chica comparados con los que tú vales;
- 3:37:24y que todas las glorias humanas, soñadas por la ambición y perseguidas por la fortuna,
- 3:37:30son un zapato viejo comparadas con la gloria de ser tu dueño... No me cambio por nadie... No, no,
- 3:37:37digo mal: quisiera ser Bismarck para crear un imperio, y hacerte a ti emperatriz. Chiquilla,
- 3:37:45yo seré tu vasallo humilde; pisotéame, escúpeme, y manda que me azoten».
- 3:37:52De ella a él: «... Ni en broma me
- 3:37:55digas que puede mi señó Juan dejar de quererme. No conoces tú bien a tu Panchita de Rímini, que no se
- 3:38:01asusta de la muerte, y se siente con valor para suicidarse a sí misma con la mayor sal del mundo.
- 3:38:08Yo me mato como quien se bebe un vaso de agua. ¡Qué gusto, qué dulcísimo estímulo de curiosidad!
- 3:38:15¡Enterarse de todo lo que hay por allá, y verle la cara al pusuntra!... ¡Curarse radicalmente de
- 3:38:21aquella dudita fastidiosa de ser o no ser, como dijo Chispecrís...! En fin, que no me vuelvas a
- 3:38:29decir eso de quererme un poquito menos, porque mira tú..., ¡si vieras qué bonita colección de
- 3:38:34revólveres tiene mi don Lepe! Y te advierto que los sé manejar, y que si me atufo, ¡pim!, me voy
- 3:38:41a dormir la siesta con el Espíritu Santo...». ¡Y cuando el tren traía y llevaba todo este
- 3:38:47cargamento de sentimentalismo, no se inflamaban los ejes del coche-correo,
- 3:38:54ni se disparaba la locomotora, como corcel en cuyos ijares aplicaran espuelas calentadas al
- 3:39:01rojo! Tantos ardores permanecían latentes en el papelito en que estaban escritos.
- 3:39:10Capítulo XVII
- 3:39:16Tan voluble y extremosa era en sus impresiones la señorita de Reluz, que fácilmente pasaba
- 3:39:22del júbilo desenfrenado y epiléptico a una desesperación lúgubre. He aquí la muestra:
- 3:39:31«Caro bene, mio diletto, ¿es verdad que me quieres tanto, y que en tanto me estimas? Pues a mí me
- 3:39:38da por dudar que sea verdad tanta belleza. Dime: ¿existes tú, o no eres más que un fantasma vano,
- 3:39:45obra de la fiebre, de esta ilusión de lo hermoso y de lo grande que me trastorna?
- 3:39:51Hazme el favor de echar para acá una carta fuera de abono, o un telegrama que diga: Existo.
- 3:39:59Firmado, señó Juan... Soy tan feliz, que a veces paréceme que vivo suspendida en el aire, que mis
- 3:40:07pies no tocan la tierra, que huelo la eternidad y respiro el airecillo que sopla más allá del sol.
- 3:40:15No duermo. ¡Ni qué falta me hace dormir!..., más quiero pasarme toda la noche pensando que
- 3:40:21te gusto, y contando los minutos que faltan para ver tu jeta preciosa. No son tan felices como yo
- 3:40:29los justos que están en éxtasis a la verita de la Santísima Trinidad; no lo son, no pueden serlo...
- 3:40:37Sólo un recelo chiquito y fastidioso, como el grano de tierra que en un ojo se nos mete y nos
- 3:40:43hace sufrir tanto, me estorba para la felicidad absoluta. Y es la sospecha de que todavía no me
- 3:40:51quieras bastante, que no has llegado al supremo límite del querer, ¿qué digo límite, si no lo
- 3:40:57hay?, al principio del último cielo, pues yo no puedo hartarme de pedir más, más, siempre más;
- 3:41:05y no quiero, no quiero sino cosas infinitas, entérate..., todo infinito, infinitísimo,
- 3:41:12o nada... ¿Cuántos abrazos crees que te voy a dar cuando llegues? Ve contando. Pues tantos
- 3:41:19como segundos tarde una hormiga en dar la vuelta al globo terráqueo. No; más, muchos más. Tantos
- 3:41:28como segundos tarde la hormiga en partir en dos, con sus patas, la esferita terrestre,
- 3:41:34dándole vueltas siempre por una misma línea... Conque saca esa cuenta, tonto».
- 3:41:41Y otro día: «No sé lo que me pasa, no vivo en mí,
- 3:41:45no puedo vivir de ansiedad, de temor. Desde ayer no hago más que imaginar desgracias,
- 3:41:52suponer cosas tristes: o que tú te mueres, y viene a contármelo don Lope con cara de regocijo, o que
- 3:41:59me muero yo y me meten en aquella caja horrible, y me echan tierra encima. No, no, no quiero morirme,
- 3:42:07no me da la gana. No deseo saber lo de allá, no me interesa. Que me resuciten, que me vuelvan mi
- 3:42:14vidita querida. Me espanta mi propia calavera. Que me devuelvan mi carne fresca y bonita,
- 3:42:21con todos los besos que tú me has dado en ella. No quiero ser sólo huesos fríos y después polvo. No,
- 3:42:29esto es un engaño. Ni me gusta que mi espíritu ande pidiendo hospitalidad de estrella en
- 3:42:35estrella, ni que San Pedro, calvo y con cara de malas pulgas, me dé con la puerta en los
- 3:42:41hocicos... Pues aunque supiera que había de entrar allí, no me hablen de muerte;
- 3:42:47venga mi vidita mortal, y la tierra en que padecí y gocé, en que está mi pícaro señó Juan.
- 3:42:54No quiero yo alas ni alones, ni andar entre ángeles sosos que tocan el arpa. Déjenme a mí de
- 3:43:01arpas y acordeones, y de fulgores celestes. Venga vida mortal, y salud y amor, y todo lo que deseo.
- 3:43:11»El problema de mi vida me anonada más cuanto más pienso en él. Quiero ser algo en el mundo,
- 3:43:17cultivar un arte, vivir de mí misma. El desaliento me abruma. ¿Será verdad,
- 3:43:23Dios mío, que pretendo un imposible? Quiero tener una profesión, y no sirvo para nada,
- 3:43:30ni sé nada de cosa alguna. Esto es horrendo. »Aspiro a no depender de nadie, ni del hombre
- 3:43:37que adoro. No quiero ser su manceba, tipo innoble, la hembra que mantienen algunos individuos para
- 3:43:44que les divierta, como un perro de caza; ni tampoco que el hombre de mis ilusiones se me
- 3:43:50convierta en marido. No veo la felicidad en el matrimonio. Quiero, para expresarlo a mi manera,
- 3:43:57estar casada conmigo misma, y ser mi propia cabeza de familia. No sabré amar por obligación;
- 3:44:05sólo en la libertad comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto,
- 3:44:12me da la gana de protestar contra los hombres, que se han cogido todo el mundo por suyo,
- 3:44:16y no nos han dejado a nosotras más que las veredas estrechitas por donde ellos no saben andar...
- 3:44:24»Estoy cargante, ¿verdad? No hagas caso de mí. ¡Qué locuras!, no sé lo que pienso,
- 3:44:30ni lo que escribo; mi cabeza es un nidal de disparates. ¡Pobre de mí! Compadéceme;
- 3:44:37hazme burla... Manda que me pongan la camisa de fuerza, y que me encierren en una jaula. Hoy no
- 3:44:44puedo escribirte ninguna broma, no está la masa para rosquillas. No sé más que llorar, y este
- 3:44:51papel te lleva un botiquín de lágrimas. Dime tú, ¿por qué he nacido?, ¿por qué no me quedé allá,
- 3:44:58en el regazo de la señora nada, tan hermosa, tan tranquila, tan dormilona, tan...?, no sé acabar».
- 3:45:09En tanto que estas ráfagas tempestuosas cruzaban el largo espacio entre la villa mediterránea y
- 3:45:16Madrid, en el espíritu de Horacio se iniciaba una crisis, obra de la inexorable ley de adaptación,
- 3:45:24que hubo de encontrar adecuadas condiciones locales para cumplirse. La suavidad del clima
- 3:45:31le embelesaba, y los encantos del paisaje se abrieron paso al fin, si así puede decirse, por
- 3:45:38entre las brumas que envolvían su alma. El arte se confabuló con la naturaleza para conquistarle,
- 3:45:46y habiendo pintado un día, después de mil tentativas infructuosas, una marina soberbia,
- 3:45:54quedó para siempre prendado del mar azul, de las playas luminosas y del risueño contorno de tierra.
- 3:46:03Los términos próximos y lejanos, el pintoresco anfiteatro de la villa, los almendros,
- 3:46:10los tipos de labradores y mareantes le inspiraban deseos vivísimos de transportarlo todo al lienzo;
- 3:46:18entrole la fiebre del trabajo, y por fin, el tiempo, antes tan estirado y enojoso, hízosele
- 3:46:26breve y fugaz; de tal modo que, al mes de residir en Villajoyosa, las tardes se comían las mañanas,
- 3:46:34y las noches se merendaban las tardes, sin que el artista se acordara de merendar ni de comer.
- 3:46:42Fuera de esto, empezó a sentir las querencias del propietario, esas atracciones vagas que sujetan
- 3:46:49al suelo la planta, y el espíritu a las pequeñeces domésticas. Suya era la hermosa casa en que vivía
- 3:46:56con doña Trini: un mes tardó en hacerse cargo de su comodidad y de su encantadora situación.
- 3:47:04La huerta poblada de añosos frutales, algunos de especies rarísimas, todos en buena conservación,
- 3:47:12suya era también, y el fresal espeso, la esparraguera y los plantíos de lozanas hortalizas;
- 3:47:20suya la acequia que atravesaba caudalosa la huerta y terrenos colindantes. No lejos de la casa, podía
- 3:47:28mirar asimismo con ojos de propietario un grupo de palmeras gallardas, de bíblica hermosura, y un
- 3:47:36olivar de austero color, con ejemplares viejos, retorcidos y berrugosos como los de Getsemaní.
- 3:47:44Cuando no pintaba, echábase a pasear de largo, en compañía de gentes sencillas del pueblo,
- 3:47:51y sus ojos no se cansaban de contemplar la extensión cerúlea, el siempre admirable botiquín,
- 3:47:59que a cada instante cambiaba de tono, como inmenso ser vivo, dotado de infinita impresionabilidad.
- 3:48:07Las velas latinas que lo moteaban, blancas a veces, a veces resplandecientes como tejuelos
- 3:48:14de oro bruñido, añadían toques picantes a la majestad del grandioso elemento,
- 3:48:21que algunas tardes parecía lechoso y dormilón, otras rizado y transparente, dejando ver, en sus
- 3:48:28márgenes quietas, cristalinos bancos de esmeralda. Lo que observaba Horacio, dicho se está que al
- 3:48:37punto era comunicado a Tristana. Del mismo a la misma:
- 3:48:43«¡Ay, niña mía, no sabes cuán hermoso es esto! ¿Pero cómo has de comprenderlo tú, si yo mismo
- 3:48:49he vivido hasta hace poco ciego a tanta belleza y poesía? Admiro y amo este rincón del planeta,
- 3:48:57pensando que algún día hemos de amarlo y admirarlo juntos. ¡Pero si estás conmigo aquí,
- 3:49:03si en mí te llevo, y no dudo que tus ojos ven dentro de los míos lo que los míos ven!... ¡Ay,
- 3:49:10Restitutilla, cuánto te gustaría mi casa, nuestra casa, si en ella te vieras! No me satisface, no,
- 3:49:19tenerte aquí en espíritu. ¡En espíritu! Retóricas, hija, que llenan los labios y
- 3:49:25dejan vacío el corazón. Ven, y verás. Resuélvete a dejar a ese viejo absurdo, y casémonos ante este
- 3:49:32altar incomparable, o ante cualquier otro altarito que el mundo nos designe, y que aceptaremos para
- 3:49:39estar bien con él... ¿No sabes? Me he franqueado con mi ilustre tía. Imposible guardar más tiempo
- 3:49:48el secreto. Pásmate, chiquilla; no puso mala cara. Pero aunque la pusiera...,
- 3:49:54¿y qué? Le he dicho que te tengo ley, que no puedo vivir sin ti, y ha soltado la risa. ¡Vaya que
- 3:50:01tomar a broma una cosa tan seria! Pero más vale así... Dime que te alegra lo que te cuento hoy,
- 3:50:08y que al leerme te entran ganas de echar a correr para acá. Dime que has hecho el hatillo,
- 3:50:14y me lanzo a buscarte. No sé lo que pensará mi tía de una resolución tan súpita. Que piense lo
- 3:50:22que quiera. Dime que te gustará esta vida oscura y deliciosa; que amarás esta paz campestre; que aquí
- 3:50:29te curarás de las locas efervecencias que turban tu espíritu, y que anhelas ser una feliz y robusta
- 3:50:37villana, ricachona en medio de la sencillez y la abundancia, teniendo por maridillo al más chiflado
- 3:50:45de los artistas, al más espiritual habitante de esta tierra de luz, fecundidad y poesía.
- 3:50:53»Nota bene. Tengo un palomar que da la hora, con treinta o más pares. Me levanto al alba,
- 3:51:00y mi primera ocupación es abrirles la puerta. Salen mis amiguitas adoradas, y para saludar al
- 3:51:07nuevo día, dan unas cuantas vueltas por el aire, trazando espirales graciosas;
- 3:51:13después vienen a comer a mi mano, o en derredor de mí, hablándome con sus arrullos un lenguaje
- 3:51:20que siento no poder transmitirte. Convendría que tú lo oyeras y te enteraras por ti misma».
- 3:51:30Capítulo XVIII De Tristana a Horacio:
- 3:51:37«¡Qué entusiasmadito y qué tonto está el señó Juan! ¡Y cómo con las glorias de ese terruño
- 3:51:42se le van las memorias de este páramo en que yo vivo! Hasta te olvidas de nuestro vocabulario,
- 3:51:49y ya no soy la Frasquita de Rímini. Bueno, bueno. Bien quisiera entusiasmarme con tu rustiquidad
- 3:51:57(ya sabes que yo invento palabras), que del oro y del cetro pone olvido. Hago lo que me mandas,
- 3:52:03y te obedezco... hasta donde pueda. Bello país debe ser... ¡Yo de villana, criando gallinitas,
- 3:52:11poniéndome cada día más gorda, hecha un animal, y con un dije que llaman maridillo colgado de la
- 3:52:18punta de la nariz! ¡Qué guapota estaré, y tú qué salado, con tus tomates tempranos y tus naranjas
- 3:52:25tardías, saliendo a coger langostinos, y pintando burros con zaragüelles, o personas racionales con
- 3:52:32albarda..., digo, al revés. Oigo desde aquí las palomitas, y entiendo sus arrullos. Pregúntales
- 3:52:41por qué tengo yo esta ambición loca que no me deja vivir; por qué aspiro a lo imposible, y aspiraré
- 3:52:47siempre, hasta que el imposible mismo se me plante enfrente y me diga: «¿Pero no me ve usted,
- 3:52:54so...?». Pregúntales por qué sueño despierta con mi propio ser transportado a otro mundo,
- 3:53:01en el cual me veo libre y honrada, queriéndote más que a las señoritas de mis ojos, y... Basta,
- 3:53:08basta, per pietá. Estoy borracha hoy. Me he bebido tus cartas de los días anteriores, y las encuentro
- 3:53:16horriblemente cargadas de amílico. ¡Mistificador! »Noticia fresca. Don Lope, el gran don Lope,
- 3:53:25ante quien muda se postró la tierra, anda malucho. El reúma se está encargando de vengar al sinnúmero
- 3:53:32de maridillos que burló, y a las vírgenes honestas o esposas frágiles que inmoló en el ara nefanda de
- 3:53:40su livianidad. ¡Vaya una figurilla!... Pues esto no quita que yo le tenga lástima al pobre don Juan
- 3:53:47caído, porque fuera de su poquísima vergüenza en el ramo de mujeres, es bueno y caballeroso.
- 3:53:55Ahora que renquea y no sirve para nada, ha dado en la flor de entenderme, de estimar en algo este
- 3:54:01afán mío de aprender una profesión. ¡Pobre don Lepe! Antes se reía de mí; ahora me aplaude, y
- 3:54:09se arranca los pelos que le quedan, rabioso por no haber comprendido antes lo razonable de mi anhelo.
- 3:54:17»Pues verás: haciendo un gran sacrificio, me ha puesto profesor de inglés, digo, profesora, aunque
- 3:54:24más bien la creerías del género masculino o del neutro; una señora alta, huesuda, andariega, con
- 3:54:32feísima cara de rosas y leche, y un sombrero que parece una jaula de pájaros. Llámase doña Malvina,
- 3:54:40y estuvo en la capilla evangélica, ejerciendo de sacerdota protestanta, hasta que le cortaron
- 3:54:47los víveres, y se dedicó a dar lecciones... Pues espérate ahora y sabrás lo más gordo:
- 3:54:54dice mi maestra que tengo unas disposiciones terribles, y se pasma de ver que apenas me ha
- 3:55:00enseñado las cosas, ya yo me las sé. Asegura que en seis meses sabré tanto inglés como Chaskaperas,
- 3:55:08o el propio Lord Mascaole. Y al paso que me enseña inglés, me hace recordar el franchute,
- 3:55:16y luego le meteremos el diente al alemán. Give me a kiss, pedazo de bruto. Parece mentira
- 3:55:22que seas tan iznorante, que no entiendas esto. »Bonito es el inglés, casi tan bonito como tú,
- 3:55:30que eres una fresca rosa de mayo... si las rosas de mayo fueran negras como mis zapatos. Pues digo
- 3:55:37que estoy metida en unos afanes espantosos. Estudio a todas horas, y devoro los temas.
- 3:55:44Perdona mi inmodestia; pero no puedo contenerme: soy un prodigio. Me admiro de encontrarme que sé
- 3:55:52las cosas, cuando intento saberlas. Y a propósito, señó Juan naranjero y con zaragüelles, sácame de
- 3:56:00esta duda: «¿Has comprado la pluma de acero del hijo de la jardinera de tu vecino?». Tonto, no;
- 3:56:07lo que has comprado es la palmatoria de marfil de la suegra del... sultán de Marruecos.
- 3:56:14»Te muerdo una oreja. Expresiones a las palomitas. To be or not to be... All the world a stage».
- 3:56:23De señó Juan a señá Restituta: «Cielín mío, miquina, no te hagas tan sabia. Me
- 3:56:32asustas. De mí sé decirte que en esta rustiquidad (admitida la nueva palabra) casi me dan ganas de
- 3:56:40olvidar lo poquito que sé. ¡Viva la naturaleza! ¡Abajo la ciencia! Quisiera acompañarte en tu
- 3:56:47aborrecimiento de la vida oscura; ma non posso. Mis naranjos están cargados de azahares, para que
- 3:56:54lo sepas, ¡rabia, rabiña!, y de frutas de oro. Da gozo verlos. Tengo unas gallinas que cada vez
- 3:57:02que ponen huevo, preguntan al cielo, cacareando, qué razón hay para que no vengas tú a comértelos.
- 3:57:09Son tan grandes que parecen tener dentro un elefantito. Las palomas dicen que no quieren nada
- 3:57:16con ingleses, ni aun con los que son émulos del gran Sáspirr. Por lo demás, comprenden y practican
- 3:57:23la libertad honrada, o la honradez libre. Se me olvidó decirte que tengo tres cabras con cada ubre
- 3:57:31como el bombo grande de la lotería. No me compares esta leche con la que venden en la cabrería de
- 3:57:37tu casa, con aquellos lacteos virgineos candores, que tanto asco nos daban. Las cabritas te esperan,
- 3:57:45inglesilla de tres al cuarto, para ofrecerte sus senos turgentes. Dime otra cosa... ¿has comido
- 3:57:53turrón estas navidades? Yo tengo aquí almendra y avellana bastantes para empacharte a ti y a toda
- 3:57:59tu casta. Ven, y te enseñaré cómo se hace lo de Jijona, lo de Alicante, y el sabrosísimo de yema,
- 3:58:08menos dulce que tu alma gitana. ¿Te gusta a ti el cabrito asado? Dígolo porque si probaras lo
- 3:58:14de mi tierra, te chuparías el dedo; no, el deíto ese de San Juan te lo chuparía yo.
- 3:58:22Ya ves que me acuerdo del vocabulario. Hoy está revuelto el botiquín, porque el poniente le hace
- 3:58:28muchas cosquillas, poniéndole nervioso... »Si no te enfadas, ni me llamas prosaico,
- 3:58:34te diré que como por siete. Me gustan extraordinariamente las sopas de ajo tostaditas,
- 3:58:41el bacalao y el arroz en sus múltiples aspectos, los pavipollos y los salmonetes con piñones.
- 3:58:49Bebo sin tasa del riquísimo licor de Engadi, digo, de Aspe, y me estoy poniendo gordo, y
- 3:58:56guapo inclusive, para que te enamores de mí cuando me veas, y te extasíes delante de mis encantos o
- 3:59:04appas, como dicen los franceses, y nosotros. ¡Ay, qué appases los míos! ¿Pues y tú? Haz el favor de
- 3:59:13no encanijarte con tanto estudio. Temo que la señá Malvina te contagie de su fealdad seca y hombruna.
- 3:59:20No te me vuelvas muy filósofa, no te encarames a las estrellas, porque a mí me están pesando mucho
- 3:59:27las carnazas, y no puedo subir a cogerte, como cogería un limón de mis limoneros... ¿Pero no te
- 3:59:34da envidia de mi manera de vivir? ¿A qué esperas? Si no la jazemos ahora, ¿cuándo, per Baco? Vente,
- 3:59:42vente. Ya estoy arreglando tu habitación, que será manifica, digno estuche de tal joya. Dime que sí,
- 3:59:51y parto, parto... (no el de los montes), quiero decir que corro a traerte. ¡O, donna di virtú!
- 3:59:59Aunque te vuelvas más marisabidilla que Minerva, y me hables en griego para mayor claridad;
- 4:00:05aunque te sepas de memoria las Falsas Decretales y la tabla de logaritmos, te adoraré con toda la
- 4:00:12fuerza de mi supina barbarie». De la señorita de Reluz:
- 4:00:19«¡Qué pena, qué ansiedad, qué miedo! No pienso más que cosas malas. No hago más que bendecir
- 4:00:26este fuerte constipado que me sirve de pretexto para poder limpiarme los ojos a cada instante. El
- 4:00:33llanto me consuela. Si me preguntas por qué lloro, no sabré responderte. ¡Ah! sí, sí, ya sé: lloro
- 4:00:41porque no te veo, porque no sé cuándo te veré. Esta ausencia me mata. Tengo celos del mar azul,
- 4:00:49los barquitos, las naranjas, las palomas, y pienso que todas esas cosas tan bonitas serán Galeotos de
- 4:00:56la infidelidad de mi señó Juan... Donde hay tanto bueno, ¿no ha de haber también buenas
- 4:01:02mozas? Porque con todo mi marisabidillismo (ve apuntando las palabras que invento),
- 4:01:09yo me mato si tú me abandonas. Eres responsable de la tragedia que puede ocurrir, y...
- 4:01:16»Acabo de recibir tu carta. ¡Cuánto me consuela! Me he reído de veras.
- 4:01:22Ya se me pararon los esplines; ya no lloro; ya soy feliz, tan feliz que no sabo expresarlo.
- 4:01:30Pero no me engatusas, no, con tus limoneros y tus acequias de undosa corriente. Yo libre y honrada,
- 4:01:38te acepto así, aldeanote y criador de pollos. Tú como eres, yo como ero. Eso de que dos
- 4:01:46que se aman han de volverse iguales, y han de pensar lo mismo, no me cabe a mí en la cabeza.
- 4:01:53¡El uno para el otro! ¡Dos en uno! ¡Qué bobadas inventa el egoísmo! ¿A qué esa confusión de los
- 4:01:59caracteres? Sea cada cual como Dios le ha hecho, y siendo distintos, se amarán más. Déjame suelta,
- 4:02:07no me amarres, no borres mi..., ¿lo digo? Estas palabras tan sabias se me atragantan;
- 4:02:14pero en fin, la soltaré..., mi doisingracia. »A propósito. Mi maestra dice que pronto sabré
- 4:02:21más que ella. La pronunciación es el caballo de batalla; pero ya me soltaré, no te apures,
- 4:02:28que esta lengüecita mía hace todo lo que quiero. Y ahora, allá van los golpes de incensario que
- 4:02:35me echo a mí misma. ¡Qué modesta es la nena! Pues señor, sabrás que domino la gramática,
- 4:02:42que me bebo el diccionario, que mi memoria es prodigiosa, lo mismo que mi entendimiento (no,
- 4:02:48si no lo digo yo; lo dice la señá Malvina). Esta no se anda en bromas, y sostiene que conmigo hay
- 4:02:55que empezar por el fin. De manos a boca nos hemos ponido a leer a Don Guillermo, al inmenso poeta,
- 4:03:03el que más ha creado después de Dios, como dijo Séneca..., no, no, Alejandro Dumas. Doña Malvina
- 4:03:11se sabe de memoria el Glosario, y conoce al dedillo el texto de todos los dramas y comedias.
- 4:03:17Me dio a escoger, y elegí el Macbeth, porque aquella señora de Macbeth me ha sido siempre muy
- 4:03:24simpática. Es mi amiga... En fin, que le metimos el diente a la tragedia. Las brujitas me han
- 4:03:31dicido que seré reina... y yo me lo creo. Pero en fin, ello es que estamos traduciendo. ¡Ay, hijo,
- 4:03:39aquella exclamación de la señá Macbeth, cuando grita al cielo con toda su alma unsex me here, me
- 4:03:47hace estremecer, y despierta no sé qué terribles emociones en lo más profundo de mi naturaleza!
- 4:03:54Como no perteneces a las clases ilustradas, no entenderás lo que aquello quiere decir,
- 4:04:00ni yo te lo explico, porque sería como echar margaritas a... No, eres mi cielo, mi infierno,
- 4:04:07mi polo maznético, y hacia ti marca siempre tu brújula, tu chacha querida, tu... Lady Restituye».
- 4:04:18Jueves 14. «¡Ay! no te había dicho nada. El gran
- 4:04:23don Lope, terror de las familias, está conmigo como un merengue. El reúma sigue mortificándole,
- 4:04:30pero siempre tiene para mí palabras de cariño y dulzura. Ahora le da por llamarme su hija, por
- 4:04:37recrear su espíritu (así lo dice), llamándose mi papá, y por figurarse que lo es. E se non piangi,
- 4:04:46¿de che pianger suoli? Se arrepiente de no haberme comprendido, de no haber cultivado
- 4:04:52mi inteligencia. Maldice su abandono... Pero aún es tiempo; aún podremos ganar el terreno perdido.
- 4:05:00Porque yo tenga una profesión que me permita ser honradamente libre, venderá él la camisa,
- 4:05:06si necesario fuese. Ha empezado por traerme un carro de libros, pues en casa jamás los hubo. Son
- 4:05:13de la biblioteca de su amigo el marqués de Cícero. Excuso decirte que he caído sobre ellos como lobo
- 4:05:19hambriento, y a éste quiero, a éste no quiero, heme dado unos atracones que ya, ya... ¡Dios mío,
- 4:05:27cuánto sabo! En ocho días he tragado más páginas que lentejas dan por mil duros.
- 4:05:34Si vieras mi cerebrito por dentro te asustarías. Allí andan las ideas a bofetada limpia unas con
- 4:05:40otras... Me sobran muchas, y no sé con cuálas quedarme... Y lo mismo le hinco el diente a un
- 4:05:47tomo de historia que a un tratado de filosofía. ¿A qué no sabes tú lo que son las mónadas del
- 4:05:54señor de Leibnitz? Tonto, ¿crees que digo monadas? Para monadas las tuyas, dirás, y con razón.
- 4:06:02Pues si tropiezo con un libro de medicina, no creas que le hago fu. Yo con todo apenco.
- 4:06:08Quiero saber, saber, saber. Por cierto que... No, no te lo digo. Otro día será. Es muy tarde:
- 4:06:17he velado por escribirte; la pálida antorcha se extingue, bien mío. Oigo el canto del gallo,
- 4:06:25nuncio del nuevo día, y ya el plácido beleño por mis venas se derrama...
- 4:06:30Vamos, palurdo, confiesa que te ha hecho gracia lo del beleño... En fin,
- 4:06:35que estoy rendida, y me voy al almo lecho..., sí, señor, no me vuelvo atrás: almo, almo».
- 4:06:47XIX De la misma al mismo:
- 4:06:53«Monigote, ¿en qué consiste que cuanto más sé, y sé ya mucho, más te idolatro?... Ahora que estoy
- 4:07:00malita y triste, pienso más en ti... Curiosón, todo lo quieres saber. Lo que tengo no es nada,
- 4:07:08nada; pero me molesta. No hablemos de eso... Hay en mi cabeza un barullo tal, que no sé si esto
- 4:07:15es cabeza o el manicomio donde están encerrados los grillos que han perdido la razón grillesca...
- 4:07:22¡Un aturdimiento, un pensar y pensar siempre cosas mil, millones más bien, de cosas bonitas y feas,
- 4:07:31grandes y chicas! Lo más raro de cuanto me pasa es que se me ha borrado tu imagen:
- 4:07:37no veo claro tu lindo rostro; lo veo así como envuelto en una niebla, y no puedo
- 4:07:44precisar las facciones, ni hacerme cargo de la expresión, de la mirada. ¡Qué rabia!...
- 4:07:51A veces me parece que la neblina se despeja..., abro mucho los ojitos de la imaginación,
- 4:07:56y me digo: «Ahora, ahora le voy a ver». Pero resulta que veo menos, que te oscureces más,
- 4:08:05que te borras completamente, y abur mi señó Juan. Te me vuelves espíritu puro,
- 4:08:12un ser intangible, un... no sé cómo decirlo. Cuando considero la pobreza de palabras,
- 4:08:18me dan ganas de inventar muchas, a fin de que todo pueda decirse. ¿Serás tú mi-mito?
- 4:08:26»Pienso que todo eso que me dices de que estás hecho un ganso es por burlarte de mí. No, niño,
- 4:08:34eres un gran artista, y tienes en la mollera la divina luz; tú darás qué hacer a la fama,
- 4:08:40y asombrarás al mundo con tu genio maravilloso. Quiero que se diga que Velázquez y Rafael eran
- 4:08:47unos pinta-puertas comparados contigo. Lo tienen que decir. Tú me engañas: echándotelas de patán y
- 4:08:55de huevero y de naranjista, trabajas en silencio, y me preparas la gran sorpresa. ¡No son malos
- 4:09:03huevos los que tú empollas! Estás preparando con estudios parciales el gran cuadro que era
- 4:09:09tu ilusión y la mía, el Embarque de los moriscos expulsados, para el cual apuntaste ya algunas
- 4:09:17figuras. Hazlo, por Dios, trabaja en eso. ¡Asunto histórico, profundamente humano y patético!
- 4:09:26No vaciles, y déjate de gallinas y vulgaridades estúpidas. ¡El arte! ¡La gloria, señó Juanico! Es
- 4:09:34la única rival de quien no tengo celos. Súbete a los cuernos de la luna, pues bien puedes hacerlo.
- 4:09:42Si hay otros que regarán las hortalizas mejor que tú, ¿por qué no intentas lo que nadie como
- 4:09:47tú hará? ¿No debe cada cual estar en lo suyo? Pues lo tuyo es eso, el divino arte, en que tan poco te
- 4:09:55falta para ser maestro. He dicho». Lunes.
- 4:10:01«¿Te lo digo? No, no te le digo. Te vas a asustar, creyendo que es más de lo que es. No, permíteme
- 4:10:09que no te diga nada. Ya estoy viendo los morros que me pones por este sistema mío de apuntar y
- 4:10:16no hacer fuego, diciendo las cosas con misterio y callándolas sin dejar de decirlas. Pues entérate,
- 4:10:24aguza el oído y escucha. ¡Ay, ay, ay! ¿No oyes cómo se queja tu Beatricita? ¿Crees que se queja
- 4:10:30de amor, que se arrulla como tus palomas? No, quéjase de dolor físico. ¿Pensarás que estoy
- 4:10:38tísica pasada, como la Dama de las camelias? No, hijo mío. Es que don Lope me ha pegado su reúma.
- 4:10:46Hombre, no te asustes; don Lope no puede pegarme nada, porque... ya sabes... No hay caso. Pero
- 4:10:54se dan contagios intencionales. Quiero decir que mi tirano se ha vengado de mis desdenes,
- 4:11:00comunicándome por arte gitanesco o de mal de ojo la endiablada enfermedad que padece.
- 4:11:07Hace dos días, al levantarme de la cama, sentí un dolor tan agudo, pero tan agudo,
- 4:11:13hijo... No quiero decirte dónde: ya sabes que una señorita, inglesa por añadidura, miss Restitute,
- 4:11:22no puede nombrar decorosamente, delante de un hombre, otras partes del cuerpo que la cara y las
- 4:11:28manos. Pero, en fin, grandísimo poca vergüenza, yo tengo confianza contigo, y quiero decírtelo claro:
- 4:11:38me duele una pierna. ¡Ay, ay, ay! ¿Sabes dónde? Junto a la rodilla, do existe aquel lunar...
- 4:11:46¡Vamos, que si esto no es confianza...! ¿No te parece cruel lo que hace Dios conmigo?
- 4:11:52¡Que a ese perdulario le cargue de achaques en su vejez, como castigo de una juventud de crímenes
- 4:11:57contra la moral, muy santo y muy bueno; pero que a mí, jovenzuela que empiezo a pecar, que apenas...,
- 4:12:05y esto con circunstancias atenuantes; que a mí me aflija, a las primeras de cambio,
- 4:12:10con tan fiero castigo...! Ello será todo lo justo que se quiera, pero no lo entiendo. Verdad que
- 4:12:18somos unos papanatas. ¡No faltaba más sino que entendiéramos los designios, etc...! En fin,
- 4:12:26que los decretos del Altísimo me traen muy apenada. ¿Qué será esto? ¿No se me quitará pronto?
- 4:12:33Me desespero a ratos, y creo que no es Dios, que no es el Altísimo, sino el Bajísimo quien me ha
- 4:12:40traído este alifafe. El demonio es mala persona, y quiere vengarse de mí por lo que le hice rabiar.
- 4:12:48Poco antes de conocerte, mi desesperación anduvo en tratos con él; pero te conocí, y le mandé
- 4:12:56a freír espárragos. Me salvaste de caer en sus uñas. El maldito juró vengarse, y ya lo ves. ¡Ay,
- 4:13:04ay, ay! Tu Restituta, tu Curra de Rímini está cojita. No creas que es broma: no puedo andar...
- 4:13:13Me causa terror la idea de que, si estuvieras aquí, no podría yo ir a tu estudio. Aunque sí,
- 4:13:20iría, vaya si iría, arrastrándome. ¿Y tú me querrás cojitranca? ¿No te burlarás de mí?
- 4:13:28¿No perderás la ilusión? Dime que no; dime que esta cojerilla es cosa pasajera. Vente para acá;
- 4:13:36quiero verte; me mortifica horriblemente esto de haber perdido la memoria de tu carátula.
- 4:13:43Me paso largos ratos de la noche figurándome cómo eres, sin poder conseguirlo. ¿Y qué hace
- 4:13:50la niña? Reconstruirte a su manera, crearte, con violencias de la imaginación. Ven pronto,
- 4:13:59y por el camino pídele a Dios, como yo se lo pido, que cuando llegues no cojee ya tu fenómena».
- 4:14:08Martes. «¡Albricias, señó Juan,
- 4:14:11hombre rústico y pedestre, estripaterrones, moro de los dátiles, albricias! Ya no me duele. Hoy
- 4:14:19no cojeo. ¡Qué alivio, qué alegrón! don Lope celebra mi mejoría; pero se me figura a mí que
- 4:14:25en su fuero interno (un foro de muchas esquinas) siente que la esclava no claudique, porque la
- 4:14:32cojera es como un grillete que la sujeta más a su malditísima persona... Tu carta me ha hecho reír
- 4:14:41mucho. Eso de no ver en mi enfermedad más que una luxación, por los brincos que doy para escalar de
- 4:14:48la inmortalidad el alto asiento, tiene mucha sal. Lo que me aflige es que persistas en ser
- 4:14:55tan rebrutísimo, y en apegarte a esas cominerías ramplonas. ¡Que la vida es corta y hay que gozar
- 4:15:03de ella! ¡Que el arte y la gloria no valen dos ochavos! No decías eso cuando nos conocimos,
- 4:15:10grandísimo tuno. ¡Que en vez de brincar, debo sentarme con muchísima pachorra en las losas
- 4:15:16calentitas de la vida doméstica! Hijo, si no puedo; si cada vez soy menos doméstica! Mientras
- 4:15:24más lecciones le da Saturna, más torpe es la niña. Si esto es una falta grave, ten lástima de mí.
- 4:15:32»¡Qué feliz soy! Primero: me dices tú que vendrás pronto. Segundo: ya no cojeo. Tercero..., no,
- 4:15:41lo tercero no te lo digo. Vamos, para que no te devanes los sesos, allá va. Anoche estuve
- 4:15:48muy desvelada, y una idea mariposeaba en torno de mí, hasta que se me metió en la mollera,
- 4:15:55y allí se quedó; y hecho su nido, ya me tienes con mi plaga de ideítas que me están atormentando,
- 4:16:02y que te comunicaré incontinenti. Sabrás que ya he resuelto el temido problema.
- 4:16:09La esfinge de mi destino desplegó los marmóreos labios, y me dijo que para ser libre y honrada,
- 4:16:17para gozar de independencia y vivir de mí misma, debo ser actriz. Y yo he dicho que sí; lo apruebo,
- 4:16:25me siento actriz. Hasta ahora dudé de poseer las facultades del arte escénico; pero ya estoy
- 4:16:32segura de poseerlas. Me lo dicen ellas mismas gritando dentro de mí. ¡Representar los afectos,
- 4:16:39las pasiones, fingir la vida! ¡Jesús, qué cosa más fácil! ¡Si yo sé sentir, no sólo lo que siento,
- 4:16:48sino lo que sentiría en los varios casos de la vida que puedan ocurrir! Con esto,
- 4:16:53y buena voz, y una figura que..., vamos, no es maleja, tengo todo lo que me basta.
- 4:17:01»Ya, ya veo lo que me dices: que me faltará presencia de ánimo para soportar la mirada de
- 4:17:07un público, que me cortaré... Quítate, hombre, ¡qué he de turbarme yo! No tengo vergüenza,
- 4:17:14dicho sea en el mejor sentido. Te juro que en este instante me encuentro con alientos para
- 4:17:20representar los más difíciles dramas de pasión, las más delicadas comedias de gracia y coquetería.
- 4:17:28¿Qué?, ¿te burlas?, ¿no me crees? Pues a probarlo. Que me saquen a la escena, y verás quién es tu
- 4:17:35Restituta. Nada, hombre, que ya te convencerás, ya te irás convenciendo. ¿A ti qué te parece?
- 4:17:43Ya me figuro que no te gustará, que tendrás celos del teatro. Eso de que un galán me abrace,
- 4:17:51eso de que a un actorcillo cualquiera tenga yo que hacerle mimos y decirle mil ternezas,
- 4:17:57te desagrada, ¿verdad? Ni tiene maldita gracia que veinte mil majaderos se prenden de mí,
- 4:18:03y me lleven ramos, y se crean autorizados para declararme la mar de pasiones volcánicas. No, no
- 4:18:11seas tonto. Yo te quiero más que a mi vida. Pero hazme el favor de concederme que el arte escénico
- 4:18:18es un arte noble, de los pocos que puede cultivar honradamente una mujer. Concédemelo, bruto,
- 4:18:26y también que esa profesión me dará independencia, y que en ella sabré y podré quererte más,
- 4:18:33siempre más, sobre todo si te decides a ser grande hombre. Hazme el favor de serlo, niño, y no te vea
- 4:18:40yo convertido en un terrateniente vulgar y oscuro. No me hables a mí de dulces tinieblas. Quiero luz,
- 4:18:49más luz, siempre más luz». Sábado.
- 4:18:55«¡Ay, ay, ay! Mi gozo en un pozo. Estarás en ascuas, sin carta mía desde el martes. ¿Pero no
- 4:19:01sabes lo que me pasa? Me muero de pena... ¡Coja otra vez, con dolores horribles! He pasado tres
- 4:19:09días crueles. La mejoría traidora del martes me engañó. El miércoles, después de una noche
- 4:19:15infernal, amanecí en un grito. Don Lope trajo al médico, un tal Miquis, joven y agradable. ¡Qué
- 4:19:24vergüenza! No tuve más remedio que enseñarle mi pierna. Vio el lunarcito, ¡ay, ay, ay!,
- 4:19:31y me dijo no sé qué bromas para hacerme reír. Creo que su pronóstico no es muy tranquilizador,
- 4:19:38aunque don Lepe asegura lo contrario, sin duda para animarme. Dios mío, ¿cómo voy a ser actriz
- 4:19:45con esta cojera maldita? No puede ser, no puede ser. Estoy loca: no pienso más que horrores. Y
- 4:19:53todo ello ¿qué es? Nada; alrededor del lunarcito, una dureza..., y si me toco, veo las estrellas, lo
- 4:20:02mismo que si ando. Ese Miquis, que parta un rayo, me ha mandado no sé qué ungüentos, y una venda sin
- 4:20:11fin, que Saturna me arrolla con muchísimo cuidado... ¡Estoy bien, vive Dios! Tienes
- 4:20:17a tu Beatrice hecha una cataplasma. Debo de estar feísima, ¡y qué facha!... Te escribo en el sillón,
- 4:20:25del cual no puedo moverme. Saturna mantiene el tintero... ¿Y cómo te veo ahora, si vienes? No,
- 4:20:32no vengas hasta que esto se me quite. Yo le pido a Dios y a la Virgen que me curen pronto. No he sido
- 4:20:39tan mala que este castigo merezca. ¿Qué crimen he cometido? ¿Quererte? ¡Vaya un crimen! Como tengo
- 4:20:47esta maldita costumbre de buscar siempre el perché delle cose, cavilo que Dios se ha equivocado con
- 4:20:53respecto a mí. ¡Jesús, qué blasfemia! No, ¡cuando Él lo hace...! Sufriremos; venga paciencia,
- 4:21:02aunque, francamente, esto de no poder ser actriz me vuelve loca, y me hace tirar a un lado toda la
- 4:21:08paciencia que había podido reunir... ¿Pero y si me curo?..., porque esto se curará, y no cojearé,
- 4:21:16o cojearé tan poquito que lo pueda disimular. »Vamos, que si ahora no tienes lástima de mí,
- 4:21:23no sé para cuándo la guardas. Y si ahora no me quieres más, más, más,
- 4:21:28mereces que el Bajísimo te coja por su cuenta y te saque los ojos. ¡Soy tan desgraciada!...
- 4:21:35No sé si por la congoja que siento, o efecto de la enfermedad, ello es que todas las ideas
- 4:21:41se me han escapado, como si se echaran a volar. Volverán, ¿no crees tú que volverán? Y me pongo a
- 4:21:49pensar y digo: pero, Señor, todo lo que leí, todo lo que aprendí en tantos librotes, ¿dónde está?
- 4:21:57Debe de andar revoloteando en torno de mi cabeza, como revolotean los pajaritos alrededor
- 4:22:03del árbol antes de acostarse, y ya entrarán, ya entrará todo otra vez. Es que estoy muy triste,
- 4:22:11muy desalentada, y la idea de andar con muletas me abruma. No, yo no quiero ser coja. Antes...
- 4:22:20»Malvina, por distraerme, me propone que la emprendamos con el alemán.
- 4:22:25La he mandado a paseo. No quiero alemán, no quiero lenguas, no quiero más que salud, aunque sea más
- 4:22:31tonta que un cerrojo. ¿Me querrás tú cojita? ¡No, si me curaré...! ¡Pues no faltaba más! Si no,
- 4:22:40sería injusticia muy grande, una barbaridad de la Providencia, del Altísimo, del..., no sé qué
- 4:22:47decir. Me vuelvo loca. Necesito llorar, pasarme todo el día llorando..., pero estoy rabiosa,
- 4:22:54y con rabia no puedo llorar. Tengo odio a todo el género humano, menos a ti. Quisiera que ahorcaran
- 4:23:02a doña Malvina, que fusilaran a Saturna, que a don Lope le azotaran públicamente, paseándole
- 4:23:08en un burro, y después le quemaran vivo. Estoy atroz, no sé lo que pienso, no sé lo que digo...».
- 4:23:18XX Al caer de la tarde,
- 4:23:23en uno de los últimos días de enero, entró en su casa don Lope Garrido, melancólico y taciturno,
- 4:23:31como hombre sobre cuyo ánimo pesan gravísimas tristezas y cuidados. En pocos meses, la vejez
- 4:23:39había ganado a su persona el terreno que supieron defender la presunción y el animoso espíritu de
- 4:23:46sus años maduros; inclinábase hacia la tierra; su noble semblante tomaba un color terroso y sombrío;
- 4:23:55las canas iban prosperando en su cabeza, y para completar la estampa del decaimiento,
- 4:24:01hasta en el vestir se marcaba cierta negligencia, más lastimosa que el bajón de la persona. Y las
- 4:24:09costumbres no se quedaban atrás en este cambiazo, porque don Lope apenas salía de noche, y el día
- 4:24:17se lo pasaba casi enteramente en casa. Bien se comprendía el motivo de tanto estrago, porque,
- 4:24:24habrá que repetirlo, fuera de su absoluta ceguera moral en cosas de amor, el libertino inservible
- 4:24:32era hombre de buenos sentimientos, y no podía ver padecer a las personas de su intimidad. Cierto que
- 4:24:39él había deshonrado a Tristana, matándola para la sociedad y el matrimonio, hollando su fresca
- 4:24:46juventud; pero lo cortés no quitaba lo valiente; la quería con entrañable afecto, y se acongojaba
- 4:24:55de verla enferma y con pocas esperanzas de pronto remedio. Era cosa larga, ¡ay!, según
- 4:25:03dijo Miquis en la primera visita, sin asegurar que quedase bien, es decir, libre de cojera.
- 4:25:11Entró, pues, don Lope, y soltando la capa en el recibimiento, se fue derechito al cuarto
- 4:25:17de su esclava. ¡Cuán desmejorada la pobrecilla con la inacción, con la pena moral y física de
- 4:25:24su dolorosa enfermedad! Encajada y quieta en un sillón de resortes que su viejo le compró,
- 4:25:31y que se extendía para dormir, cuando la necesidad de sueño la agobiaba; envuelta en un
- 4:25:38mantón de cuadros, las manos en cruz y la cabeza al aire, Tristana no era ya ni sombra de sí misma.
- 4:25:46Su palidez a nada puede compararse; la pasta del papel de que su lindo rostro parecía
- 4:25:53formado era ya de una diafanidad y de una blancura increíbles; sus labios se habían vuelto morados;
- 4:26:02la tristeza y el continuo llorar rodeaban sus ojos de un cerco de transparencias opalinas.
- 4:26:11—¿Qué tal, mona? —le dijo don Lope acariciándole la barbilla, y sentándose a su lado—. Mejor,
- 4:26:19¿verdad? Me ha dicho Miquis que ahora vas bien, y que el mucho dolor es señal de mejoría. Claro,
- 4:26:26ya no tienes aquel dolor sordo, profundo, ¿verdad? Ahora te duele, te duele de firme;
- 4:26:33pero como una desolladura..., eso es. Precisamente es lo que se quiere: que te duela.
- 4:26:40La hichazón va cediendo. Ahora..., niña (Sacando una cajita de farmacia), vas a tomar esto. No sabe
- 4:26:49mal: dos pildoritas cada tres horas. En cuanto al medicamento externo, dice don Augusto que sigamos
- 4:26:56con lo mismo. Conque anímate, que dentro de un mes ya podrás brincar y hasta bailar unas malagueñas.
- 4:27:04—¡Dentro de un mes! ¡Ay!, yo apuesto a que no. Dices eso por consolarme. Lo
- 4:27:09agradezco; pero, ¡ay!... Ya no brincaré más. El tono de hondísima tristeza con que lo dijo
- 4:27:17enterneció a don Lope, hombre valiente y de mucho corazón para otras cosas; pero que no servía para
- 4:27:24nada delante de un enfermo. El dolor físico en persona de su intimidad le ponía corazón de niño.
- 4:27:32—Ea, no hay que acobardarse. Yo tengo confianza; tenla tú también. ¿Quieres más libros para
- 4:27:39distraerte? ¿Quieres dibujar? Pide por esa boca. ¿Tráigote comedias para que vayas estudiando tus
- 4:27:46papeles? (Tristana hacía signos negativos de cabeza). Bueno, pues te traeré novelas bonitas,
- 4:27:54o libros de historia. Ya que has empezado a llenar tu cabeza de sabiduría, no te quedes
- 4:28:00a la mitad. A mí me da el corazón que has de ser una mujer extraordinaria. ¡Y yo tan
- 4:28:06bruto que no comprendí desde el principio tus grandes facultades! No me lo perdonaré nunca.
- 4:28:13—Todo perdonado —murmuró Tristana con señales de profundo aburrimiento.
- 4:28:19—Y ahora, ¿comemos? ¿Tienes ganita? ¿Que no? Pues hija, hay que hacer un esfuerzo. Ya que no otra
- 4:28:27cosa, el caldo y la copita de Jerez. ¿Te chuparías una patita de gallina? ¿Que no? Pues no insisto...
- 4:28:35Ahora, si la egregia Saturna quiere darme algún alimento, se lo agradeceré. No tengo muchas ganas;
- 4:28:42pero me siento desfallecido, y algo hay que echar al cuerpo miserable.
- 4:28:48Fuese al comedor, y sin enterarse del contenido de los platos, pues sus
- 4:28:53pensamientos le abstraían completamente de todo lo externo, despachó sopa,
- 4:28:59un poco de carne y algo más. Con el último bocado entre los dientes, volvió al lado de Tristana.
- 4:29:07—¿Qué tal?..., ¿has tomado el caldito? Bien, me gusta que no hagas ascos a la
- 4:29:12comida. Ahora te daré tertulia hasta que te entre sueño. No salgo, por acompañarte... No,
- 4:29:20no te lo digo para que me lo agradezcas. Ya sé que en otros tiempos debí hacerlo y no lo hice.
- 4:29:26Es tarde, es tarde ya, y estos mimos resultan algo trasnochados. Pero no hablemos de eso;
- 4:29:34no me abochornes... Si te incomodo, me lo dices; si gustas de estar sola, me voy a mi cuarto.
- 4:29:41—No, no. Estáte aquí. Cuando me quedo sola pienso cosas malas.
- 4:29:47—¿Cosas malas, vida mía? No desbarres. Tú no te has hecho cargo de lo mucho bueno y grande
- 4:29:53que te reserva tu destino. Un poquillo tarde he comprendido tu mérito; pero lo comprendo al fin.
- 4:29:59Reconozco que no soy digno ni del honor de darte mis consejos; pero te los doy,
- 4:30:05y tú los tomas o los dejas, según te acomode. No era la primer vez que don Lope le hablaba
- 4:30:12en este tono; y la señorita de Reluz, dicha sea la verdad, le oía gozosa, porque el marrullero
- 4:30:20galán sabía herirla en lo más sensible de su ser, adulando sus gustos y estimulando su
- 4:30:27soñadora fantasía. Hay que advertir, además, que algunos días antes de la escena que se refiere,
- 4:30:34el tirano dio a su víctima pruebas de increíble tolerancia. Escribía ella sus cartas sin moverse
- 4:30:41del sillón, sobre una tabla que para el caso le había preparado convenientemente Saturna.
- 4:30:48Una mañana, hallándose la joven en lo más recio de su ocupación epistolar, entró inesperadamente don
- 4:30:56Lope, y como la viese esconder con precipitación papel y tintero, díjole con bondad risueña:
- 4:31:04—No, no, mocosa, no te prives de escribir tus cartitas. Me voy para no estorbarte.
- 4:31:13Pasmada oyó Tristana las gallardas expresiones que desmentían en un punto el carácter receloso
- 4:31:19y egoísta del viejo galán, y continuó escribiendo tan tranquila. En tanto, don Lepe, metido en su
- 4:31:28cuarto, y a solas con su conciencia, se despachó a su gusto consigo mismo en esta forma: «No,
- 4:31:36no puedo hacerla más desgraciada de lo que es... ¡Me da mucha pena, pero mucha pena...,
- 4:31:42pobrecilla...! Que en esta última temporada, hallándose sola, aburrida, encontrara por ahí
- 4:31:49a un mequetrefe y que éste me la trastornara con cuatro palabras amorosas... Vamos...,
- 4:31:55pase. No quiero hacer a ese danzante el honor de preocuparme de él... Bueno, bueno; que se aman,
- 4:32:03que se han hecho mil promesas estúpidas... Los jóvenes de hoy no saben enamorar; pero fácilmente
- 4:32:09le llenan la cabeza de viento a muchacha tan soñadora y exaltada como ésta. De fijo que
- 4:32:15le ha ofrecido casarse, y ella se lo cree... Bien claro está que van y vienen cartitas... ¡Dios mío,
- 4:32:23las tonterías que se dirán!... Como si las leyera. Y matrimonio por arriba, matrimonio por abajo,
- 4:32:30el estribillo de siempre. Tanta imbecilidad me movería a risa, si no se tratara de esta
- 4:32:36niña hechicera, mi último trofeo, y como el último, el más caro a mi corazón. ¡Vive Dios,
- 4:32:44que si estúpidamente me la dejé quitar, ha de volver a mí; no para nada malo, bien lo sabe Dios,
- 4:32:51pues ya estoy mandado recoger, sino para tener el gusto de arrancársela al chisgarabís, quien quiera
- 4:32:57que sea, que me la birló, y probar que cuando el gran don Lope se atufa, nadie puede con él! La
- 4:33:05querré como hija, la defenderé contra todos, contra las formas y especies varias de amor,
- 4:33:11ya sea con matrimonio, ya sin él... Y ahora, ¡por vida de...!, ahora me da la gana de ser su padre,
- 4:33:19y de guardarla para mí solo, para mí solo, pues aún pienso vivir muchos años, y si no
- 4:33:25me cuadra retenerla como mujer, la retendré como hija querida; pero que nadie la toque,
- 4:33:31¡vive Dios!, nadie la mire siquiera». El profundo egoísmo que estas ideas
- 4:33:38entrañaban fue expresado por el viejo galán con un resoplido de león, accidente muy suyo
- 4:33:45en los casos críticos de su vida. Fuese luego junto a Tristana, y con mansedumbre
- 4:33:51que parecía surgir de su ánimo sin ningún esfuerzo, le acarició las mejillas diciéndole:
- 4:33:58«Pobre alma mía, cálmate. Ha llegado la hora de la suprema indulgencia. Necesitas un padre amoroso,
- 4:34:06y lo tendrás en mí... Sé que has claudicado moralmente, antes de cojear con tu piernecita...
- 4:34:13No, no te apures, no te riño... Mía es la culpa; sí, a mí, sólo a mí, debo echarme los tiempos por
- 4:34:21ese devaneo tuyo, resultado de mi abandono, del olvido... Eres joven, bonita, ¿Qué extraño es que
- 4:34:29cuantos monigotes te ven en la calle te galanteen? ¿Qué extraño que entre tantos haya saltado uno,
- 4:34:36menos malo que los demás, y que te haya caído en gracia..., y que creas en sus promesas tontas,
- 4:34:42y te lances con él a proyectillos de felicidad, que pronto se te vuelven humo?... Ea, no hablemos
- 4:34:49más de eso. Te lo perdono... Absolución total. Ya ves..., quiero ser tu padre, y empiezo por...».
- 4:34:57Trémula, recelosa de que tales expresiones fueran astuto ardid para reducirla a confesar su secreto,
- 4:35:05y sintiendo más que nunca el misterioso despotismo que don Lope ejercía sobre ella,
- 4:35:11la cautiva negó, balbuciendo excusas; pero el tirano, con increíble condescendencia,
- 4:35:19redobló sus ternuras y mimos paternales en estos términos:
- 4:35:25—Es inútil que niegues lo que declara tu turbación. No sé nada, y lo sé todo. Ignoro y
- 4:35:31adivino. El corazón de la mujer no tiene secretos para mí. He visto mucho mundo. Ni te pregunto
- 4:35:39quién es el caballerito, ni me importa saberlo. Conozco la historia, que es de las más viejas,
- 4:35:46de las más adocenadas y vulgares del humano repertorio. El tal te habrá vuelto tarumba con esa
- 4:35:53ilusión cursi del matrimonio, buena para horteras y gente menuda. Te habrá hablado del altarito, de
- 4:36:00las bendiciones, y de la vida chabacana y oscura, con sopa boba, criaturitas, ovillito de algodón,
- 4:36:08brasero, camilla y demás imbecilidades. Y si tú te tragas semejante anzuelo,
- 4:36:14haz cuenta que te pierdes, que echas a rodar tu porvenir y le das una bofetada a tu destino...
- 4:36:22—¡Mi destino! —exclamó Tristana, reanimándose; y sus ojos se llenaron de luz.
- 4:36:29—Tu destino, sí. Has nacido para algo muy grande, que no podemos precisar aún. El matrimonio te
- 4:36:36zambulliría en la vulgaridad. Tú no puedes ni debes ser de nadie, sino de ti misma. Esa
- 4:36:43idea tuya de la honradez libre, consagrada a una profesión noble; esa idea que yo no supe apreciar
- 4:36:50antes y que al fin me ha conquistado, demuestra la profunda lógica de tu vocación, de tu ambición
- 4:36:58diré, si quieres. Ambicionas porque vales. Si tu voluntad se dilata, es porque tu entendimiento no
- 4:37:06cabe en ti... ¡Si esto no tiene vuelta de hoja, niña querida! (Adoptando el tonillo zumbón) ¡Vaya
- 4:37:15que a una mujer de tu temple salirle con la monserga de las tijeras y el dedalito,
- 4:37:21de la echadura de huevos, del amor de la lumbre, y del contigo pan y cebolla! Mucho cuidado,
- 4:37:28hija mía, mucho cuidado con esas seducciones para costureras y señoritas de medio pelo... Porque te
- 4:37:35pondrás buena de la pierna, y serás una actriz tan extraordinaria, que no haya otra en el mundo. Y si
- 4:37:42no te cuadra ser comedianta, serás otra cosa, lo que quieras, lo que se te antoje... Yo no
- 4:37:49lo sé..., tú misma lo ignoras aún; no sabemos más sino que tienes alas. ¿Hacia dónde volarás?
- 4:37:57¡Ah!..., si lo supiéramos, penetraríamos los misterios del destino, y eso no puede ser.
- 4:38:08XXI —¡Ay,
- 4:38:12Dios mío —decía Tristana para sí, cruzando las manos y mirando fijamente a su viejo—,
- 4:38:20cuánto sabe este maldito! Él es un pillastre redomado, sin conciencia;
- 4:38:25pero como saber... ¡vaya si sabe...! —¿Estás conforme con lo que te digo,
- 4:38:31pichona? —le preguntó don Lepe, besando sus manos, sin disimular la alegría que
- 4:38:37le causaba el sentimiento íntimo de su victoria. —Te diré..., sí... Yo creo que no sirvo para lo
- 4:38:45doméstico; vamos, que no puedo entender... Pero no sé, no sé si las cosas que sueño se realizarán...
- 4:38:53—¡Ay, yo lo veo tan claro como ésta es luz! —replicó Garrido, con el acento de honrada
- 4:38:59convicción que sabía tomar en sus fórmulas de perjurio—. Créeme a mí... Un padre no engaña,
- 4:39:06y yo, arrepentido del daño que te hice, quiero ser padre para ti, y nada más que padre.
- 4:39:14Siguieron hablando de lo mismo, y don Lope, con suma habilidad estratégica,
- 4:39:20evolucionó para ganarle al enemigo sus posiciones, y allí fue el ridiculizar la
- 4:39:26vida boba, la unión eterna con un ser vulgar y las prosas de la intimidad matrimoñesca.
- 4:39:34Al propio tiempo que estas ideas lisonjeaban a la señorita, servíanle de lenitivo en su grave
- 4:39:41dolencia. Se sintió mejor aquella tarde, y al quedarse sola con Saturna, antes de que ésta la
- 4:39:48acostara, tuvo momentos de ideal alborozo, con las ambiciones más despiertas que nunca, y gozándose
- 4:39:57en la idea de verlas realizadas. «Sí, sí, ¿por qué no he de ser actriz? Si no, seré lo que
- 4:40:04quiera... Viviré con holgura decorosa, sin ligarme eternamente a nadie, ni al hombre que amo y amaré
- 4:40:11siempre. Le querré más cuanto más libre sea». Ayudada de Saturna, se acostó, después que
- 4:40:19ésta le hubo curado con esmero exquisito la rodilla enferma, renovándole los vendajes.
- 4:40:26Intranquila pasó la noche; pero se consolaba con los efluvios de su imaginación ardorosa,
- 4:40:33y con la idea de pronto restablecimiento. Aguardaba con ansia el día para escribir a
- 4:40:40Horacio y al amanecer, antes de que se levantara don Lope, enjaretó una larga y nerviosa epístola.
- 4:40:49«Amor mío, paletito mío, mio diletto, sigo mal; pero estoy contenta. Mira tú qué cosa tan rara...
- 4:40:57¡Ay, quién me entenderá a mí, si yo misma no me entiendo! Estoy alegre, sí, y llena de esperanzas,
- 4:41:04que se me cuelan en el alma cuando menos las llamo. Dios es bueno y me manda estas alegrías,
- 4:41:11sin duda porque me las merezco. Se me antoja que me curaré, aunque no mejore;
- 4:41:16pero se me antoja, y basta. Me da por pensar que se cumplirán mis deseos, que seré actriz
- 4:41:23del género trágico, que podré adorarte desde el castillo de mi independencia comiquil.
- 4:41:29Nos querremos de castillo a castillo, dueños absolutos de nuestras respectivas voluntades,
- 4:41:35tú libre, libre yo, y tan señora como la que más, con dominios propios, y sin vida común, ni sagrado
- 4:41:43vínculo, ni sopas de ajo, ni nada de eso. »No me hables a mí del altarito, porque
- 4:41:50te me empequeñeces tanto que no te veo de tan chiquitín como te vuelves. Esto será un delirio;
- 4:41:57pero nací para delirante crónica, y soy... como la carne de oveja: se me toma o se me deja. No,
- 4:42:05dejarme no: te retengo, te amarro, pues mis locuras necesitan de tu amor para
- 4:42:11convertirse en razón. Sin ti, me volvería tonta, que es lo peor que me podría pasar.
- 4:42:19»Y yo no quiero ser tonta, ni que lo seas tú. Yo te engrandezco con mi imaginación cuando
- 4:42:25quieres achicarte, y te vuelvo bonito cuando te empeñas en ponerte feo, abandonando tu arte
- 4:42:31sublime para cultivar rábanos y calabazas. No te opongas a mi deseo, no desvanezcas mi ilusión;
- 4:42:39te quiero grande hombre, y me saldré con la mía. Lo siento, lo veo..., no puede ser de
- 4:42:45otra manera. Mi voz interior se entretiene describiéndome las perfecciones de tu ser...
- 4:42:52No me niegues que eres como te sueño. Déjame a mí que te fabrique..., no, no es esa la palabra; que
- 4:42:59te componga..., tampoco..., que te reconstruya..., tampoco... Déjame que te piense conforme a mi real
- 4:43:07gana. Soy feliz así; déjame, déjame». Siguieron a esta carta otras,
- 4:43:14en que la imaginación de la pobre enferma se lanzaba sin freno a los espacios de lo ideal,
- 4:43:21recorriéndolos como corcel desbocado, buscando el imposible fin de lo infinito, sin sentir fatiga en
- 4:43:28su loca y gallarda carrera. Véase el género:
- 4:43:34«Mi señor, ¿cómo eres? Mientras más te adoro, más olvido tu fisonomía; pero te invento otra a mi
- 4:43:41gusto, según mis ideas, según las perfecciones de que quiero ver adornada tu sublime persona.
- 4:43:48¿Quieres que te hable un poquito de mí? ¡Ay, padezco mucho! Creí que mejoraba;
- 4:43:54pero no, no quiere Dios. El sabrá por qué. Tu bello ideal, tu Tristanita podrá ser,
- 4:44:02andando el tiempo, una celebridad; pero yo te aseguro que no será bailarina... ¡Lo que es
- 4:44:08eso...! Mi piernecita se opondría. Y también voy creyendo que no será actriz, por la misma razón.
- 4:44:16Estoy furiosa..., cada día peor, con sufrimientos horribles. ¡Qué médicos estos! No entienden una
- 4:44:24palabra del arte de curar... Nunca creí que en el destino de las personas influyera tanto
- 4:44:30cosa tan insignificante como es una pierna, una triste pierna, que sólo sirve para andar.
- 4:44:37El cerebro, el corazón, creí yo que mandarían siempre; pero ahora, una estúpida rodilla se ha
- 4:44:45erigido en tirana, y aquellos nobles órganos la obedecen... Quiero decir, no la obedecen,
- 4:44:52ni le hacen maldito caso; pero sufren un absurdo despotismo, que confío será pasajero. Es como
- 4:44:59si se sublevara la soldadesca... Al fin, al fin, la canalla tendrá que someterse.
- 4:45:06»Y tú, mi rey querido, ¿qué dices? Si no fuera porque tu amor me sostiene,
- 4:45:12ya habría yo sucumbido ante la sedición de esta pata que se me quiere subir a la cabeza. Pero no,
- 4:45:18no me acobardo, y pienso las cosas atrevidas que he pensado siempre..., no, que pienso más, mucho
- 4:45:26más, y subo, subo siempre. Mis aspiraciones son ahora más acentuadas que nunca; mi ambición, si
- 4:45:35así quieres llamarla, se desata y brinca como una loca. Créelo, tú y yo hemos de hacer algo grande
- 4:45:42en el mundo. ¿No aciertas cómo? Pues yo no puedo explicártelo; pero lo sé. Me lo dice mi corazón,
- 4:45:50que todo lo sabe, que no me ha engañado nunca, ni puede engañarme. Tú mismo no te formas una idea
- 4:45:56clara de lo que eres y de lo que vales. ¿Será preciso que yo te descubra a ti mismo? Mírate
- 4:46:03en mí, que soy tu espejo, y te verás en el supremo Tabor de la glorificación artística. Estoy segura
- 4:46:11de que no te ríes de lo que digo, como segura estoy de que eres tal y como te pienso, la suma
- 4:46:17perfección moral y física. En ti no hay defectos, ni puede haberlos, aunque los ojos del vulgo los
- 4:46:24vean. Conócete; haz caso de mí; entrégate sin recelo a quien te conoce mejor que tú mismo...
- 4:46:33No puedo seguir... Me duele horriblemente... ¡Que un hueso, un miserable hueso nos...!».
- 4:46:41Jueves. «¡Qué día ayer, y qué noche! Pero
- 4:46:46no me acobardo. El espíritu se me crece con los sufrimientos. ¿Creerás una cosa? Anoche, cuando el
- 4:46:54pícaro dolor me daba algunos ratitos de descanso, me volvía todo el saber que leyendo adquirí,
- 4:47:00y que se me había como desvanecido y evaporado. Entraban las ideas una tras otra, atropellándose,
- 4:47:08y la memoria, una vez que las cogía dentro, ¡zas!, cerraba la puerta para no dejarlas salir. No te
- 4:47:16asombres; no sólo sé todo lo que sabía, sino que sé más, muchísimo más. Con las ideas de casa,
- 4:47:23han entrado otras nuevas, desconocidas. Debo yo de tener un ideón, palomo ladrón, que al salir
- 4:47:31por esos aires, seduce cuantas ideítas encuentra, y me las trae. Sé más, mucho más que antes. Lo
- 4:47:39sé todo..., no; esto es mucho decir... Hoy me he sentido muy aliviada, y me dedico a pensar en ti.
- 4:47:47¡Qué bueno eres! Tu inteligencia no conoce igual; ¡para tu genio artístico no hay dificultades! Te
- 4:47:54quiero con más alma que nunca, porque respetas mi libertad, porque no me amarras a la pata de una
- 4:48:00silla ni a la pata de una mesa con el cordel del matrimonio. Mi pasión reclama libertad.
- 4:48:07Sin ese campo no podría vivir. Necesito comerme libremente la hierba, que crecerá más arrancada
- 4:48:14del suelo por mis dientes. No se hizo para mí el establo. Necesito la pradera sin término».
- 4:48:22En sus últimas cartas, ya Tristana olvidaba el vocabulario de que solían ambos hacer alarde
- 4:48:29ingenioso en sus íntimas expansiones habladas o escritas. Ya no volvió a usar el señó Juan ni
- 4:48:37la Paca de Rímini, ni los terminachos y licencias gramaticales que eran la sal de su picante estilo.
- 4:48:45Todo ello se borró de su memoria, como se fue desvaneciendo la persona misma de Horacio,
- 4:48:51sustituida por un ser ideal, obra temeraria de su pensamiento, ser en quien se cifraban todas
- 4:48:59las bellezas visibles e invisibles. Su corazón se inflamó en un cariñazo que bien podría llamarse
- 4:49:06místico, por lo incorpóreo y puramente soñado del ser que tales afectos movía. El Horacio nuevo e
- 4:49:15intangible parecíase un poco al verdadero, pero nada más que un poco. De aquel bonito fantasma
- 4:49:24iba haciendo Tristana la verdad elemental de su existencia, pues sólo vivía para él, sin caer
- 4:49:31en la cuenta de que tributaba culto a un Dios de su propia cosecha. Y este culto se expresaba en
- 4:49:39cartas centellantes, trazadas con trémula mano, entre las alternadas excitaciones del insomnio
- 4:49:46y la fiebre, y que sólo por mecánica costumbre eran dirigidas a Villajoyosa, pues en realidad
- 4:49:54debían expedirse por la estafeta del ensueño hacia la estación de los espacios imaginarios.
- 4:50:02Miércoles. «Maestro y señor, mis dolores me llevan a ti,
- 4:50:08como me llevarían mis alegrías si algunas tuviera. Dolor y gozo son un mismo impulso para volar...
- 4:50:15cuando se tienen alas. En medio de las desgracias con que me aflige, Dios me hace el inmenso bien
- 4:50:22de concederme tu amor. ¿Qué importa el dolor físico? Nada. Lo soportaré con resignación,
- 4:50:30siempre que tú... no me duelas. ¡Y no me digan que estás lejos! Yo te traigo a mi lado, te siento
- 4:50:37junto a mí, y te veo y te toco; tengo bastante poder de imaginación para suprimir la distancia,
- 4:50:45y contraer el tiempo conforme se me antoja». Jueves.
- 4:50:52«Aunque no me lo digas, sé que eres como debes ser. Lo siento en mí. Tu inteligencia sin par,
- 4:50:58tu genio artístico lanzan sus chispazos dentro de mi propio cerebro. Tu sentimiento elevadísimo del
- 4:51:06bien, en mi propio corazón parece que ha hecho su nido... ¡Ay, para que veas la virtud del espíritu!
- 4:51:14Cuando pienso mucho en ti, se me quita el dolor. Eres mi medicina, o al menos un anestésico que
- 4:51:21mi doctor no entiende. ¡Si vieras..! Miquis se pasma de mi serenidad. Sabe que te adoro; pero
- 4:51:29no conoce lo que vales, ni que eres el pedacito más selecto de la divinidad. Si lo supiera, sería
- 4:51:35parco en recetar calmantes, menos activos que la idea de ti... He metido en un puño el dolor,
- 4:51:42porque necesitaba reposo para escribirte. Con mi fuerza de voluntad, que es enorme, y con el poder
- 4:51:49del pensamiento, consigo algunas treguas. Llévese el demonio la pierna. Que me la corten. Para nada
- 4:51:56la necesito. Tan espiritualmente te amaré con una pierna, como con dos..., como sin ninguna».
- 4:52:04Viernes. «No me hace falta ver los primores
- 4:52:08de tu arte maravilloso. Me los figuro como si delante de mis ojos los tuviera. La naturaleza
- 4:52:15no tiene secretos para ti. Más que tu maestra es tu amiga. De sopetón se introduce en tus obras,
- 4:52:23sin que tú lo solicites, y tus miradas la clavan en el lienzo antes que los pinceles. Cuando yo me
- 4:52:31ponga buena, haré lo mismo. Me rebulle aquí dentro la seguridad de que lo he de hacer. Trabajaremos
- 4:52:37juntos, porque ya no podré ser actriz; voy viendo que es imposible..., ¡pero lo que es pintora...!
- 4:52:45No hay quien me lo quite de la cabeza. Tres o cuatro lecciones tuyas me bastarán para seguir
- 4:52:50tus huellas, siempre a distancia, se entiende... ¿Me enseñarás? Sí, porque tu grandeza de alma
- 4:52:58corre parejas con tu entendimiento, y eres el sumo bien, la absoluta bondad, como eres...,
- 4:53:06aunque no quieras confesarlo, la suprema belleza». XXII
- 4:53:16El efecto que estas deshilvanadas y sutiles razones hacían en Horacio,
- 4:53:21fácilmente se comprenderá. Viose convertido en un ser ideal, y a cada carta que recibía,
- 4:53:29entrábanle dudas acerca de su propia personalidad, llegando al extremo increíble de preguntarse si
- 4:53:36era él como era, o como le pintaba con su indómita pluma la visionaria niña de don Lepe. Pero su
- 4:53:45inquietud y confusión no le impidieron ver el peligro tras ellas oculto, y empezó a creer que
- 4:53:51Paquita de Rímini más padecía de la cabeza que de las extremidades. Asaltado de ideas pesimistas,
- 4:53:59y lleno de zozobra y cavilaciones, resolvió marchar a Madrid, y ya tenía dispuesto todo
- 4:54:06para el viaje, a últimos de febrero, cuando un repentino ataque de hemoptisis de doña Trinidad
- 4:54:13le encadenó a Villajoyosa en tan mala ocasión. En los mismos últimos días de esta ocurrencia,
- 4:54:21pasaban en Madrid y en la casa de don Lope cosas de extraordinaria gravedad, que deben ser
- 4:54:27puntualmente referidas. Tristana empeoró tanto, que nada pudo su fuerza de voluntad contra el
- 4:54:35dolor intensísimo, acompañado de fiebre, vómitos y malestar general. Desesperado y aturdido, sin
- 4:54:44la presencia de ánimo que requería el caso, don Lope creía conjurar el peligro clamando al Cielo,
- 4:54:52ya con acento de piedad, ya con amenazas y blasfemias. Su irreflexivo temor le hacía
- 4:55:00ver la salvación de la enferma en los cambios de tratamiento: despedido Miquis, hubo que llamarle
- 4:55:08otra vez, porque su sucesor era de los que todo lo curan con sanguijuelas, y esta medicación,
- 4:55:14si al principio determinó algún alivio, luego aniquiló las cortas fuerzas de la paciente.
- 4:55:22Alegrose Tristana de la vuelta de Miquis, porque le inspiraba simpatía y confianza,
- 4:55:28levantándole el espíritu con el poder terapéutico de su afabilidad. Los calmantes enérgicos le
- 4:55:36devolvieron por algunas horas cada día la virtud preciosa de consolarse con su propia imaginación,
- 4:55:44de olvidar el peligro, pensando en bienes imaginarios y en glorias remotísimas.
- 4:55:51Aprovechó los momentos de sedación para escribir algunas cartas breves, compendiosas,
- 4:55:58que el mismo don Lope, sin hacer ya misterio de su indulgencia, se encargaba de echar al correo.
- 4:56:06—Basta de tapujos, niña mía —le dijo con alardes de confianza paterna—. Para mí no hay secretos.
- 4:56:13Y si tus cartitas te consuelan, yo no te riño, ni me opongo a que las escribas. Nadie te comprende
- 4:56:20como yo, y el mismo que tiene la dicha de leer tus garabatos, no está a la altura de ellos,
- 4:56:26ni merece tanto honor. En fin, ya te irás convenciendo... Entre tanto, muñeca de mi vida,
- 4:56:34escribe todo lo que quieras, y si algún día no tuvieras ganas de manejar la pluma, díctame,
- 4:56:40y seré tu secretario. Ya ves la importancia que doy a ese juego infantil... ¡Cosas de chiquillos,
- 4:56:48que comprendo perfectamente, porque yo también he tenido veinte años, yo también he sido tonto,
- 4:56:55y a cuanta niña me caía por delante, la llamaba mi bello ideal, y le ofrecía mi blanquísima mano...
- 4:57:03Terminaba estas bromas con una risita no muy sincera, que inútilmente quería
- 4:57:09comunicar a Tristana, y al fin él solo reía sus propios chistes, disimulando la
- 4:57:17terrible procesión que por dentro le andaba. Augusto Miquis iba tres veces al día, y aún no
- 4:57:24estaba contento don Lope, decidido a emplear todos los recursos de la ciencia médica para sanar a su
- 4:57:32muñeca infeliz. En aquel caso no se contentaba con dar la camisa, pues la piel misma le hubiera
- 4:57:39parecido corto sacrificio para objeto tan grande. —Si mis recursos se acaban por completo —decía—,
- 4:57:47lo que no es imposible al paso que vamos, haré lo que siempre me repugnó y me repugna,
- 4:57:53daré sablazos, me rebajaré a pedir auxilio a mis parientes de Jaén, que es para mí el colmo de la
- 4:57:59humillación y de la vergüenza. Mi dignidad no vale un pito ante la tremenda desgracia que me desgarra
- 4:58:06el corazón, este corazón que era de bronce y ahora es pura manteca. ¡Quién me lo había de decir!
- 4:58:14Nada me afectaba, y los sentimientos de toda la humanidad me importaban un ardite... Pues ahora,
- 4:58:21la piernecita de esta pobre mujer me parece a mí que nos va a traer el desequilibrio del universo.
- 4:58:28Creo que hasta el momento presente no he conocido cuánto la quiero, ¡pobrecilla! Es el amor de mi
- 4:58:35vida, y no consiento perderla por nada de este mundo. A Dios mismo, a la muerte se la disputaré.
- 4:58:43Reconozco en mí un egoísmo capaz de mover las montañas, un egoísmo que no vacilo en llamar
- 4:58:48santo, porque me lleva a la reforma de mi carácter y de todo mi ser. Por él abomino de mis aventuras,
- 4:58:55de mis escándalos; por él me consagraré, si Dios me concede lo que le pido, al bien y a
- 4:59:02la dicha de esta sin par mujer, que no es mujer, sino un ángel de sabiduría y de gracia. ¡Y yo la
- 4:59:09tuve en mis manos y no supe entenderla! Confiesa y declara, Lope amigo, que eres un zote, que sólo
- 4:59:17la vida instruye, y que la ciencia verdadera no crece sino en los eriales de la vejez...
- 4:59:25En su trastorno insano, tan pronto volvía los ojos a la medicina como al charlatanismo. Una
- 4:59:32mañana le llevó Saturna el cuento de que cierta curandera, establecida en Tetuán,
- 4:59:38y cuya fama y pestigio llegaban por acá hasta Cuatro Caminos, y por allá hasta los mismos muros
- 4:59:45de Fuencarral, curaba los tumores blancos con la aplicación de las llamadas hierbas calleras.
- 4:59:53Oírlo don Lope y mandar que viniera la que tales prodigios hacía, fue todo uno, y poco le importaba
- 5:00:01que don Augusto pusiese mala cara. Descolgose la comadre con un pronóstico muy risueño, y aseguró
- 5:00:09que aquello era cosa de días. Revivió en don Lepe la esperanza; hízose cuanto la vieja dispuso;
- 5:00:17enterose Miquis aquella misma tarde y no se enojó, dando a entender que el emplasto de la
- 5:00:24profesora libre de Tetuán no produciría daño ni provecho a la enferma. Maldijo don Lope a todas
- 5:00:31las charlatanas habidas y por haber, mandándolas que se fueran con cien mil pares de demonios, y se
- 5:00:39restablecieron los planes y estilos de la ciencia. Pasó Tristana una noche infernal, con violentos
- 5:00:48accesos de fiebre, entrecortados de intensísimo frío en la espalda. Garrido, a quien se podía
- 5:00:56ahorcar con un cabello, no tuvo más que ver la cara del doctor, en su visita matutina,
- 5:01:03para comprender que el mal entraba en un período de gravedad crítica, pues aunque el bueno de
- 5:01:09Augusto sabía disfrazar ante los enfermos su impresión diagnóstica, aquel día pudo más la
- 5:01:16pena que el disimulo. La misma Tristana se le adelantó, diciendo con aparente serenidad:
- 5:01:24—Comprendido, doctor... Esta... no la cuento. No me importa. La muerte me gusta;
- 5:01:31se me está haciendo simpática. Tanto padecer va consumiendo las ganas de vivir... Hasta anoche,
- 5:01:38figurábaseme que el vivir es algo bonito... a veces... Pero ya me encariño con la idea
- 5:01:44de que lo más gracioso es morirse..., no sentir dolor..., ¡qué delicia, qué gusto!...
- 5:01:52Echose a llorar, y el bravo don Lepe necesitó evocar todo su coraje para no hacer pucheros.
- 5:02:00Después de consolar a la enferma con cuatro mentiras muy bien tramadas,
- 5:02:05encerrose Miquis con don Lope en el cuarto de éste, dejándose en la puerta sus bromas y
- 5:02:12la máscara de amabilidad caritativa, y le habló con la solemnidad propia del caso.
- 5:02:19—Amigo don Lope —dijo, poniendo sus dos manos sobre los hombros del caballero, que parecía
- 5:02:26más muerto que vivo—, hemos llegado a lo que yo me temía. Tristanita está muy grave. A un hombre como
- 5:02:34usted, valiente y de espíritu sereno, capaz de atemperarse a las circunstancias más angustiosas
- 5:02:40de la vida, se le debe hablar con claridad. —Sí —murmuró el caballero, haciéndose el valiente,
- 5:02:49y creyendo que el cielo se le venía encima, por lo cual, con movimiento instintivo,
- 5:02:55alzó las manos como para sostenerlo. —Pues sí... La fiebre altísima,
- 5:03:02el frío en la médula, ¿sabe usted lo que es? Pues el síntoma infalible de la reabsorción...
- 5:03:11—Ya, ya comprendo... —La reabsorción...,
- 5:03:14el envenenamiento de la sangre..., la... —Sí..., y...
- 5:03:20—Nada, amigo mío. Ánimo. No hay más remedio que operar...
- 5:03:26—¡Operar! —exclamó Garrido, en el colmo del aturdimiento—. Cortar...,
- 5:03:31¿no es eso? ¿Y usted cree...? —Puede salvarse, aunque no lo aseguro.
- 5:03:37—¿Y cuándo...? —Hoy mismo. No hay que perder tiempo...
- 5:03:41Una hora que perdamos, nos haría llegar tarde. Don Lope fue asaltado de una especie de demencia
- 5:03:48al oír esto, y dando saltos como fiera herida, tropezando con los muebles,
- 5:03:54y golpeándose el cráneo, pronunció estas incongruentes y desatentadas expresiones:
- 5:04:01—¡Pobre niña...!, cortarle la... ¡Oh!, mutilarla horriblemente... ¡Y qué pierna, doctor...!,
- 5:04:07una obra maestra de la Naturaleza... Fidias mismo la querría para modelar sus estatuas
- 5:04:13inmortales... ¿Pero qué ciencia es esa, que no sabe curar sino cortando? ¡Ah!,
- 5:04:19no saben ustedes de la misa la media... Don Augusto, por la salvación de su alma,
- 5:04:25invente usted algún otro recurso. ¡Quitarle una pierna! Si eso se arreglara cortándome a
- 5:04:31mí las dos... ahora mismo, aquí están... Ea, empiece usted..., y sin cloroformo.
- 5:04:39Los gritos del buen caballero debieron de oírse en el cuarto de Tristana,
- 5:04:44porque entró Saturna, asustadísima, a ver qué demonches le pasaba a su amo.
- 5:04:51—Vete de aquí, bribona..., tú tienes la culpa. Digo, no... ¡Cómo está mi cabeza!.. Vete,
- 5:04:57Saturna, y dile a la niña que no consentiré se le corte ni tanto así de pierna, ni de nada. Primero
- 5:05:03me corto yo la cabeza... No, no se lo digas... Cállate... Que no se entere... Pero habrá que
- 5:05:10decírselo... Yo me encargo..., Saturna, mucho cuidado con lo que hablas... Lárgate, déjanos.
- 5:05:19Y volviéndose al médico, le dijo: —Dispénseme, querido Augusto,
- 5:05:24no sé lo que pienso. Estoy loco... Se hará todo, todo lo que la facultad disponga...
- 5:05:31¿Qué dice usted?, ¿que hoy mismo...? —Sí, cuanto más pronto mejor. Vendrá mi
- 5:05:37amigo el doctor Ruiz Alonso, cirujano de punta, y... Veremos. Creo que practicada con felicidad
- 5:05:44la amputación, la señorita podrá salvarse. —¡Podrá salvarse! De modo que ni aun así es
- 5:05:50seguro... ¡Ay, doctor, no me vitupere usted por mi cobardía! No sirvo para estas cosas...
- 5:05:57Me vuelvo un chiquillo de diez años. ¡Quién lo había de decir! ¡Yo que he sabido afrontar sin
- 5:06:03un fruncimiento de cejas los mayores peligros...! —Señor don Lope —dijo Miquis con triste acento—,
- 5:06:12en estas ocasiones de prueba se ven los puntos que calza nuestra capacidad para el infortunio. Muchos
- 5:06:18que se tienen por cobardes resultan animosos, y otros que se creen gallos salen gallinitas. Usted
- 5:06:24sabrá ponerse a la altura de la situación. —Y será forzoso prepararla... ¡Dios mío,
- 5:06:30qué trance! Yo me muero..., yo no sirvo, don Augusto...
- 5:06:35—¡Pobrecilla! No se lo diremos claramente. La engañaremos.
- 5:06:40—¡Engañarla! No se ha enterado usted todavía de su penetración.
- 5:06:45—En fin, vamos allá, que en estas cosas, señor mío,
- 5:06:49hay que contar siempre con alguna circunstancia inesperada y favorable. Es fácil que ella,
- 5:06:54si tanta agudeza tiene, lo haya comprendido, y no necesitemos... El enfermo suele ver muy claro.
- 5:07:03XXIII No se equivocaba
- 5:07:08el sagaz alumno de Hipócrates. Cuando entraron a ver a Tristana, ésta les recibió con semblante
- 5:07:15entre risueño y lloroso. Se reía, y dos gruesos lagrimones corrían por sus mejillas de papel.
- 5:07:23—Ya, ya sé lo que tienen que decirme... No hay que apurarse. Soy valiente... Si casi me
- 5:07:29alegro... Y sin casi..., porque vale más que me la corten... Así no sufriré... ¿Qué importa tener una
- 5:07:37sola pierna? Digo, como importar... ¡Pero si ya en realidad no la tengo, si no me sirve para nada...!
- 5:07:44Fuera con ella, y me pondré buena, y andaré... con muletas, o como Dios me dé a entender...
- 5:07:51—Hija mía, te quedarás buenísima —dijo don Lope, envalentonándose al verla tan animosa—. Pues si yo
- 5:07:59supiera que cortándome las dos me quedaba sin reúma, hoy mismo... Después de todo,
- 5:08:05las piernas se sustituyen por aparatos mecánicos que fabrican los ingleses y alemanes, y con ellos
- 5:08:12se anda mejor que con estos maldecidos remos que nos ha encajado la naturaleza.
- 5:08:18—En fin —agregó Miquis—, no se asuste la muñeca, que no la haremos sufrir nada...,
- 5:08:24pero nada... Ni se enterará usted. Y luego se sentirá muy bien, y dentro de unos
- 5:08:30cuantos días ya podrá entretenerse en pintar... —Hoy mismo —dijo el viejo, haciendo de tripas
- 5:08:37corazón, y procurando tragarse el nudo que en la garganta sentía—, te traigo el caballete,
- 5:08:44la caja de colores... Verás, verás qué cuadros tan bonitos nos vas a pintar.
- 5:08:51Con un cordial apretón de manos se despidió Augusto, anunciándole su pronta vuelta sin
- 5:08:56precisar la hora, y solos Tristana y don Lope, estuvieron un ratito sin hablarse.
- 5:09:04—¡Ah!, tengo que escribir —dijo la enferma. —¿Podrás, vida mía? Mira que estás muy débil.
- 5:09:11Díctame, y yo escribiré. Al decir esto, llevaba junto
- 5:09:16a la cama la tabla que servía de mesa, y la resmilla de papel y el tintero.
- 5:09:22—No... Puedo escribir... Es particular lo que ahora me pasa. Ya no me duele. Casi no siento
- 5:09:29nada. ¡Vaya si puedo escribir! Venga... Un poquito me tiembla el pulso, pero no importa.
- 5:09:36Delante del tirano escribió estas líneas: «Allá va una noticia que no sé si es buena o mala.
- 5:09:45Me la cortan. ¡Pobrecita pierna! Pero ella tiene la culpa... ¿para qué es mala? No sé si me alegro,
- 5:09:53porque, en verdad, la tal patita no me sirve para nada. No sé si lo siento, porque me quitan lo que
- 5:09:59fue parte de mi persona..., y voy a tener sin ella cuerpo distinto del que tuve... ¿Qué piensas tú?
- 5:10:07Verdaderamente, no es cosa de apurarse por una pierna. Tú, que eres todo espíritu, lo
- 5:10:13creerás así. Yo también lo creo. Y lo mismo has de quererme con un remo que con dos. Ahora pienso que
- 5:10:20habría hecho mal en dedicarme a la escena. ¡Uf!, arte poco noble, que fatiga el cuerpo y empalaga
- 5:10:26el alma. ¡La pintura!..., eso ya es otra cosa... Me dicen que no sufriré nada en la... ¿lo digo?,
- 5:10:34en la operación... ¡Ay!, hablando en plata, esto es muy triste, y yo no lo soportaré sino
- 5:10:41sabiendo que seré la misma para ti después de la carnicería.... ¿Te acuerdas de aquel grillo
- 5:10:46que tuvimos, y que cantaba más y mejor después de arrancarle una de las patitas? Te conozco bien,
- 5:10:53y sé que no desmereceré nada para ti... No necesitas asegurármelo para que yo lo crea y lo
- 5:10:59afirme... Vamos, ¿a que al fin resulta que estoy alegre?... Sí, porque ya no padeceré más. Dios me
- 5:11:08alienta, me dice que saldré bien del lance, y que después tendré salud y felicidad, y podré
- 5:11:14quererte todo lo que se me antoje, y ser pintora, o mujer sabia, y filósofa por todo lo alto... No,
- 5:11:22no puedo estar contenta. Quiero encandilarme, y... no me resulta... Basta por hoy. Aunque sé que me
- 5:11:30querrás siempre, dímelo para que conste. Como no puedes engañarme, ni cabe la mentira en un ser que
- 5:11:37reúne todas las formas del bien, lo que me digas será mi Evangelio... Si tú no tuvieras brazos ni
- 5:11:43piernas, yo te querría lo mismo. Conque...». Las últimas líneas apenas se entendían,
- 5:11:50por el temblor de la escritura. Al soltar la pluma, cayó la muñeca infeliz en grande
- 5:11:57abatimiento. Quiso romper la carta, arrepintiose de ello, y por fin la entregó a don Lope, abierta,
- 5:12:06para que le pusiese el sobre y la enviase a su destino. Era la primera vez que no se
- 5:12:11cuidaba de defender ni poco ni mucho el secreto epistolar. Llevose Garrido a su cuarto el papel,
- 5:12:19y lo leyó despacio, sorprendido de la serenidad con que la niña trataba de tan grave asunto.
- 5:12:26«Lo que es ahora —dijo al escribir el sobre, y como si hablara con la persona cuyo nombre trazaba
- 5:12:33su pluma—, ya no te temo. La perdiste, la perdiste para siempre, pues esas bobadas del amor eterno,
- 5:12:41del amor ideal, sin piernas ni brazos, no son más que un hervor insano de la imaginación. Te he
- 5:12:49vencido. Triste es mi victoria, pero cierta. Dios sabe que no me alegro de ella sino descartando el
- 5:12:56motivo, que es la mayor pena de mi vida... Ya me pertenece en absoluto hasta que mis días acaben!
- 5:13:03¡Pobre muñeca con alas! Quiso alejarse de mí, quiso volar; pero no contaba con su destino,
- 5:13:10que no le permite revoloteos ni correrías; no contaba con Dios, que me tiene ley...,
- 5:13:17no sé por qué..., pues siempre se pone de mi parte en estas contiendas... El sabrá la razón...,
- 5:13:24y cuando se me escapa lo que quiero..., me lo trae atadito de pies y manos. ¡Pobre alma mía,
- 5:13:31adorable chicuela, la quiero, la querré siempre como un padre! Ya nadie me la quita, ya no...».
- 5:13:38En el fondo de estos sentimientos tristísimos que don Lope no sacó del corazón a los labios,
- 5:13:45palpitaba una satisfacción de amor propio, un egoísmo elemental y humano de que él mismo no
- 5:13:52se daba cuenta. «¡Sujeta para siempre! ¡Ya no más desviaciones de mí!». Repitiendo esta idea,
- 5:14:00parecía querer aplazar el contento que de ella se derivaba, pues no era la ocasión
- 5:14:06muy propicia para alegrarse de cosa alguna. Halló después a la joven bastante alicaída,
- 5:14:13y empleó para reanimarla, ya los razonamientos piadosos, ya consideraciones ingeniosísimas
- 5:14:21acerca de la inutilidad de nuestras extremidades inferiores. A duras penas tomó Tristana algún
- 5:14:29alimento; el buen Garrido no pudo pasar nada. A las dos entraron Miquis, Ruiz Alonso y un alumno
- 5:14:39de Medicina, que hacía de ayudante, pasando a la sala silenciosos y graves. Uno de los tres
- 5:14:46llevaba, cuidadosamente envuelto en un paño, el estuche que contenía las herramientas del
- 5:14:52oficio. Poco después entró un mozo que llevaba los frascos llenos de líquidos antisépticos.
- 5:15:01Recibioles don Lope como si recibiera al verdugo cuando va a pedir perdón al condenado
- 5:15:07a muerte, y a prepararle para el suplicio. —Señores —dijo—, esto es muy triste, muy triste...
- 5:15:16Y no pudo pronunciar una palabra más. Miquis fue al cuarto de la enferma, y se anunció con donaire:
- 5:15:25—Guapa moza, todavía no hemos venido..., quiero decir..., he venido yo solo. A ver,
- 5:15:31¿qué tal?, ese pulso... Tristana se puso lívida,
- 5:15:36clavando en el médico una mirada medrosa, infantil, suplicante. Para tranquilizarla,
- 5:15:43asegurole Miquis que confiaba en curarla completa y radicalmente, que su excitación era precursora
- 5:15:49de la mejoría franca y segura, y que para calmarla le iba a dar un poquitín de éter...
- 5:15:57—Nada, hija, basta echar unas gotitas de líquido en un pañuelo, y olerlo, para conseguir que los
- 5:16:03pícaros nervios entren en caja. Mas no era fácil engañarla.
- 5:16:09La pobre señorita comprendió las intenciones de Augusto, y le dijo, esforzándose en sonreír:
- 5:16:17—Es que quiere usted dormirme... Bueno. Me alegro de conocer ese sueño profundo, con el cual no
- 5:16:24puede ningún dolor, por muy perro que sea. ¡Qué gusto! ¿Y si no despierto, si me quedo allá...?
- 5:16:31—¡Qué ha de quedarse...! Buenos tontos seríamos... —dijo Augusto, a punto que
- 5:16:37entraba don Lope consternado, medio muerto. Y resueltamente se puso a preparar la droga,
- 5:16:45volviendo la espalda a la enferma, dejando sobre una cómoda el frasquito del precioso anestésico.
- 5:16:52Hizo con su pañuelo una especie de nido chiquitín, en el cual puso los algodones impregnados de
- 5:16:58cloroformo, y entretanto se difundió por la habitación un fuerte olor de manzanas.
- 5:17:06—¡Qué bien huele! —dijo la señorita, cerrando los ojos, como si rezara mentalmente.
- 5:17:14Y al instante le aplicó Augusto a la nariz el hueco del pañuelo. Al primer efecto de somnolencia
- 5:17:20siguió sobresalto, inquietud epiléptica, convulsiones y una verbosidad desordenada,
- 5:17:27como de embriaguez alcohólica. «No quiero, no quiero... Ya no me duele... ¿Para qué cortar?...
- 5:17:35¡Está una tocando todas las sonatas de Beethoven, tocándolas tan bien... al piano, cuando vienen
- 5:17:40estos tíos indecentes a pellizcarle a una las piernas!... Pues que sajen, que corten... y yo
- 5:17:47sigo tocando. El piano no tiene secretos para mí... Soy el mismo Beethoven, su corazón, su
- 5:17:54cuerpo, aunque las manos sean otras... Que no me quiten también las manos, porque entonces... Nada,
- 5:18:01que no me dejo quitar esta mano; la agarro con la otra para que no me la lleven... y la otra la
- 5:18:06agarro con ésta, y así no me llevan ninguna. Miquis, usted no es caballero, ni lo ha sido
- 5:18:13nunca, ni sabe tratar con señoras, ni menos con artistas eminentes... No quiero que venga Horacio
- 5:18:20y me vea así. Se figurará cualquier cosa mala... Si estuviera aquí señó Juan, no permitiría esta
- 5:18:27infamia... Atar a una pobre mujer, ponerle sobre el pecho una piedra tan grande, tan grande... y
- 5:18:33luego llenarle la paleta de ceniza para que no pueda pintar... ¡Cosa tan extraordinaria!
- 5:18:40¡Cómo huelen las flores que he pintado! Pero si las pinté creyendo pintarlas, ¿cómo es que ahora
- 5:18:45me resultan vivas..., vivas? ¡Poder del genio artístico! He de retocar otra vez el cuadro de
- 5:18:52las Hilanderas para ver si me sale un poquitito mejor. La perfección, esa perfección endiablada,
- 5:19:00¿dónde está?... Saturna, Saturna..., ven, me ahogo... Este olor de las flores... No, no, es la
- 5:19:08pintura, que cuanto más bonita, más venenosa...». Quedó al fin inmóvil, la boca entreabierta,
- 5:19:16quieta la pupila.. De vez en cuando lanzaba un quejido como de mimo infantil, tímido esfuerzo del
- 5:19:23ser aplastado bajo la losa de aquel sueño brutal. Antes de que la cloroformización fuera completa,
- 5:19:32entraron los otros dos sicarios, que así en su pensamiento les llamaba don Lope,
- 5:19:37y en cuanto creyeron bien preparada a la paciente, colocáronla en un catre con colchoneta,
- 5:19:44dispuesto para el caso, y ganando no ya minutos sino segundos, pusieron manos en la triste obra.
- 5:19:52Don Lope trincaba los dientes, y a ratos, no pudiendo presenciar cuadro tan lastimoso,
- 5:19:59se marchaba de la habitación para volver enseguida, avergonzándose de su pusilanimidad.
- 5:20:07Vio poner la venda de Esmarch, tira de goma que parece una serpiente. Empezó luego el
- 5:20:13corte por el sitio llamado de elección; y cuando tallaban el colgajo, la piel que ha
- 5:20:19de servir para formar después el muñón; cuando a los primeros tajos del diligente bisturí vio
- 5:20:26don Lope la primera sangre, su cobardía trocose en valor estoico, altanero, incapaz de flaquear;
- 5:20:35su corazón se volvió de bronce, de pergamino su cara, y presenció hasta el fin con ánimo entero
- 5:20:42la cruel operación, realizada con suma habilidad y prestreza por los tres médicos. A la hora y cuarto
- 5:20:51de haber empezado a cloroformizar a la paciente, Saturna salía presurosa de la habitación con un
- 5:20:59objeto largo y estrecho envuelto en una sábana. Poco después, bien ligadas las arterias, cosida
- 5:21:07la piel del muñón, y hecha la cura antiséptica con esmero prolijo, empezó el despertar lento y triste
- 5:21:16de la señorita de Reluz, su nueva vida, después de aquel simulacro de muerte, su resurrección,
- 5:21:25dejándose un pie y dos tercios de pierna en el seno de aquel sepulcro que a manzanas olía.
- 5:21:35XXIV —¡Ay,
- 5:21:39todavía me duele! —fueron las primeras palabras que pronunció al volver del tenebroso abismo.
- 5:21:46Y después, su fisonomía pálida y descompuesta revelaba como un profundo análisis autopersonal,
- 5:21:55algo semejante a la intensísima fuerza de observación que los aprensivos dirigen
- 5:22:01sobre sus propios órganos, auscultando su respiración y el correr de la sangre,
- 5:22:07palpando mentalmente sus músculos, y acechando el vibrar de sus nervios. Sin duda la pobre niña
- 5:22:15concentraba todas las fuerzas de su mente en aquel vacío de su extremidad inferior, para reponer el
- 5:22:23miembro perdido, y conseguía restaurarlo tal como fue antes de la enfermedad, sano, vigoroso y ágil.
- 5:22:32Sin gran esfuerzo imaginaba que tenía sus dos piernas, y que andaba con ellas garbosamente,
- 5:22:39con aquel pasito ligero que la llevaba en un periquete al estudio de Horacio.
- 5:22:46—¿Qué tal, mi niña? —le preguntó don Lope haciéndole caricias.
- 5:22:51Y ella, tocando suavemente los blancos cabellos del galán caduco, le contestó con gracia:
- 5:22:59—Muy bien... Me siento muy descansadita. Si me dejaran, ahora mismo me echaría a correr..., digo,
- 5:23:06a correr no... No estamos para esas bromas. Augusto y don Lope, cuando los otros dos
- 5:23:13médicos se habían marchado, diéronle seguridades de completa curación,
- 5:23:18y se felicitaron del éxito quirúrgico con un entusiasmo que no podían comunicarle.
- 5:23:24Pusiéronla cuidadosamente en su lecho en las mejores condiciones de higiene y comodidad, y
- 5:23:30ya no había más que hacer sino esperar los diez o quince días críticos subsiguientes a la operación.
- 5:23:38Durante este período, no tuvo sosiego el bueno de Garrido, porque si bien el traumatismo se
- 5:23:45presentaba en las mejores condiciones, el abatimiento y postración de la niña eran para
- 5:23:52causar alarma. No parecía la misma, y denegaba su propio ser; ni una vez siquiera pensó en
- 5:24:00escribir cartas, ni salieron a relucir aquellas aspiraciones o antojos sublimes de su espíritu
- 5:24:07siempre inquieto y ambicioso; ni se le ocurrieron los donaires y travesuras que gastar solía hasta
- 5:24:15en las horas más crueles de su enfermedad. Entontecida y aplanada, su ingenio superior
- 5:24:22sufría un eclipse total. Tanta pasividad y mansedumbre, al principio agradaron a don Lope;
- 5:24:30mas no tardó el buen señor en condolerse de aquella mudanza de carácter. Ni un momento
- 5:24:37se separaba de ella, dando ejemplo de paternal solicitud, con extremos cariñosos que rayaban en
- 5:24:44mimo. Por fin, al décimo día, Miquis declaró muy satisfecho que la cicatrización iba perfectamente,
- 5:24:54y que pronto la cojita sería dada de alta. Coincidió con esto una resurrección súbita del
- 5:25:01espiritualismo de la inválida, que una mañana, como descontenta de sí misma, dijo a don Lope:
- 5:25:08—¡Vaya, que tantos días sin escribir! ¡Qué mal me estoy portando...!
- 5:25:14—No te apures, hija mía —replicó con donaire el viejo galán—. Los seres ideales y perfectos no
- 5:25:21se enfadan por dejar de recibir una carta, y se consuelan del olvido paseándose impávidos
- 5:25:27por las regiones etéreas donde habitan... Pero si quieres escribir, aquí tienes
- 5:25:32los trebejos. Díctame: soy tu secretario. —No; escribiré yo misma... O si gustas...,
- 5:25:40escribe tú. Cuatro palabras. —A ver; ya estoy pronto —dijo Garrido,
- 5:25:46pluma en mano y el papel delante. «Pues como te decía —dictó Tristana—,
- 5:25:53ya no tengo más que una piernecita. Estoy mejor. Ya no me duele... padezco muy poco... ya...».
- 5:26:02—¿Qué...?, ¿no sigues? —Mejor será que lo escriba yo.
- 5:26:06No me salen, no me salen las ideas dictando. —Pues toma... Escribe tú, y despáchate a tu
- 5:26:13gusto (Dándole la pluma, y poniéndole delante la tabla con la carpeta y papel). ¿Qué...,
- 5:26:20tan premiosa estás? Y esa inspiración y esos arranques, ¿adónde diablos se han ido?
- 5:26:27—¡Qué torpe estoy! No se me ocurre nada. —¿Quieres que te dicte yo? Pues oye: «¡Qué bonito
- 5:26:35eres, qué pillín te ha hecho Dios, y qué..., qué desabridas son tantas perfecciones!... No, no me
- 5:26:42caso contigo ni con ningún serafín terrestre ni celeste...». Pero qué, ¿te ríes? Adelante: «Pues
- 5:26:50no me caso... Que esté coja o no lo esté, eso no te importa a ti. Tengo quien me quiera tal como
- 5:26:56soy ahora, y con una sola patita valgo más que antes con las dos. Para que te vayas enterando,
- 5:27:02ángel mío...». No, esto de ángel es un poquito cursi..., «pues, para que te vayas enterando,
- 5:27:09te diré que tengo alas..., me han salido alas. Mi papá piensa traerme todos los trebejos de pintura,
- 5:27:16y ainda mais, me comprará un organito, y me pondrá profesor para que aprenda a tocar música
- 5:27:22buena... Ya verás... Comparados conmigo, los ángeles del cielo serán unos murguistas...».
- 5:27:30Soltaron ambos la risa, y animado don Lope con su éxito, siguió hiriendo aquella cuerda,
- 5:27:36hasta que Tristana hubo de cortar bruscamente la conversación, diciendo con toda seriedad:
- 5:27:44—No, no; yo escribiré..., yo sola. Dejóla don Lope un momento,
- 5:27:50y escribió la cojita su carta, breve y sentida. «Señor de mi alma: ya Tristana no es lo que fue.
- 5:27:59¿Me querrás lo mismo? El corazón me dice que sí. Yo te veo más lejos aún que antes te veía,
- 5:28:06más hermoso, más inspirado, más generoso y bueno. ¿Podré llegar hasta ti con la patita de palo,
- 5:28:13que creo me pondrán? ¡Qué mona estaré! Adiós. No vengas. Te adoro lejos, te ensalzo ausente.
- 5:28:23Eres mi Dios, y como Dios, invisible. Tu propia grandeza te aparta de mis ojos...,
- 5:28:29hablo de los de la cara..., porque con los del espíritu bien claro te veo. Hasta otro día».
- 5:28:37Cerró ella misma la carta y le puso el sobre, dándola a Saturna, que, al tomarla, hizo un
- 5:28:43mohín de burla. Por la tarde, hallándose solas un momento, la criada se franqueó en esta forma:
- 5:28:52—Mire, esta mañana no quise decir nada a la señorita, por hallarse presente don Lepe. La
- 5:28:58carta..., aquí la tengo. ¿Para qué echarla al correo, si el don Horacio está en Madrid? Se
- 5:29:05la daré en propia mano esta noche. Palideció la inválida al oír esto,
- 5:29:11y después se le encendió el rostro. No supo qué decir, ni se le ocurría nada.
- 5:29:17—Te equivocas —dijo al fin— Habrás visto a alguno que se le parezca.
- 5:29:23—¡Señorita, cómo había de confundir!... ¡Qué cosas tiene! El mismo. Hablamos más de media
- 5:29:30hora. Empeñado el hombre en que le contara todo punto por punto. ¡Ay, si le viera la señorita!
- 5:29:36Está más negro que un zapato. Dice que se ha pasado la vida corriendo por montes y mares, y
- 5:29:43que aquello es muy precioso..., pero muy precioso. Pues nada; le conté todo, y el pobrecito...,
- 5:29:50como la quiere a usted tanto, me comía con los ojos cuando yo le hablaba... Dice que se avistará
- 5:29:56con don Lope para cantarle clarito. —¡Cantarle clarito!..., ¿qué?
- 5:30:02—El lo sabrá... Y está rabiando por ver a la señorita. Es preciso que lo arreglemos,
- 5:30:07aprovechando una salida del señor... Tristana no dijo nada. Un momento después
- 5:30:14pidió a Saturna que le llevase un espejo, y mirándose en él, se afligió extremadamente.
- 5:30:21—Pues no está usted tan desfigurada..., vamos. —No digas. Parezco la muerte... Estoy horrorosa...
- 5:30:30(Echándose a llorar). No me va a conocer. ¿Pero ves? ¿Qué color es este que tengo? Parece de
- 5:30:36papel de estraza. Los ojos son horribles, de tan grandes como se me han puesto... ¡Y qué boca,
- 5:30:42santo Dios! Saturna, llévate el espejo, y no vuelvas a traérmelo, aunque te lo pida.
- 5:30:48Contra su deseo, que a la casa le amarraba, don Lope salía muy a menudo, movido de la necesidad,
- 5:30:56que en aquellas tristes circunstancias llenaba de amargura y afanes su existencia. Los gastos
- 5:31:03enormes de la enfermedad de la niña consumieron los míseros restos de su esquilmada fortuna,
- 5:31:10y llegaron días, ¡ay!, en que el noble caballero tuvo que violentar su delicadeza
- 5:31:16y desmentir su carácter, llamando a la puerta de un amigo con pretensiones que le parecían
- 5:31:23ignominiosas. Lo que padeció el infeliz señor no es para referirlo. En pocos días quedose
- 5:31:31como si le echaran cinco años más encima. «¡Quién me lo había de decir..., Dios mío...,
- 5:31:37yo..., Lope Garrido, descender a...! ¡Yo, con mi orgullo, con mi idea puntillosa de la dignidad,
- 5:31:45rebajarme a pedir ciertos favores...! Y llegará día en que la insolvencia me ponga en el trance
- 5:31:52de solicitar lo que no he de poder restituir... Bien sabe Dios que sólo por sostener a esta pobre
- 5:31:59niña, y alegrar su existencia, soporto tanta vergüenza y degradación. Me pegaría un tiro,
- 5:32:05y en paz. ¡Al otro mundo con mi alma, al hoyo con mis cansados huesos! Muerte y no vergüenza... Mas
- 5:32:14las circunstancias disponen lo contrario: vida sin dignidad... No lo hubiera creído nunca.
- 5:32:22Y luego dicen que el carácter... No, no creo en los caracteres. No hay más que hechos, accidentes.
- 5:32:30La vida de los demás es molde de nuestra propia vida, y troquel de nuestras acciones».
- 5:32:37En presencia de la señorita disimulaba el pobre don Lepe las horribles amarguras que
- 5:32:43pasando estaba, y aun se permitía fingir que su situación era de las más florecientes. No
- 5:32:50sólo le llevó los avíos de pintar, dos cajas de colores para óleo y acuarela, pinceles,
- 5:32:57caballete y demás, sino también el organito o armónium que le había prometido, para que se
- 5:33:03distrajese con la música los ratos que la pintura le dejaba libres. En el piano, poseía Tristana la
- 5:33:11instrucción elemental del colegio, suficiente para farfullar polcas y valses o alguna pieza fácil.
- 5:33:21Algo tarde era ya para adquirir la destreza que sólo da un precoz y duro trabajo; pero con un
- 5:33:27buen maestro podría vencer las dificultades, y además el órgano no le exigía digitación muy
- 5:33:34rápida. Se ilusionó con la música más que con la pintura, y anhelaba levantarse de la cama
- 5:33:42para probar su aptitud. Ya se arreglaría con un solo pie para mover los pedales. Aguardando con
- 5:33:50febril impaciencia al profesor anunciado por don Lope, oía en su mente las dulces armonías
- 5:33:58del instrumento, menos sentidas y hermosas que las que sonaban en lo íntimo de su alma.
- 5:34:05Creyose llamada a ser muy pronto una notabilidad, una concertista de primer orden, y con tal idea
- 5:34:12se animó, y tuvo algunas horitas de felicidad. Cuidaba Garrido de estimular su ambiciosa ilusión,
- 5:34:20y en tanto, le hacía recordar sus ensayos de dibujo, incitándola a bosquejar en lienzo o en
- 5:34:27tabla algún bonito asunto, copiado del natural. «Vamos, ¿por qué no te atreves con mi retrato...,
- 5:34:35o con el de Saturna?». Respondía la inválida que le convendría más adestrar la mano en
- 5:34:41alguna copia, y don Lope prometió traerle buenos estudios de cabeza o paisaje para que escogiese.
- 5:34:50El pobre señor no escatimaba sacrificio por ser grato a su pobre cojita, y..., al fin,
- 5:34:58¡oh caprichos de la mudable suerte!, hallándose perplejo por no saber cómo procurarse los estudios
- 5:35:05pictóricos, la casualidad, el demonio, Saturna, resolvieron de común acuerdo la dificultad.
- 5:35:13—¡Pero, señor —dijo Saturna—, si tenemos ahí...! No sea bobo, déjeme y le traigo...
- 5:35:20Y con sus expresivos ojos y su mímica admirable, completó el atrevido pensamiento.
- 5:35:28—Haz lo que quieras, mujer —indicó don Lope, alzando los hombros—. Por mí...
- 5:35:34Media hora después entró Saturna de la calle con un rimero de tablas y bastidores pintados,
- 5:35:41cabezas, torsos desnudos, apuntes de paisaje, bodegones, frutas y flores,
- 5:35:48todo de mano de maestro. XXV
- 5:35:56Impresión honda hizo en la señorita de Reluz la vista de aquellas pinturas, semblantes amigos
- 5:36:03que veía después de larga ausencia, y que le recordaban horas felices. Fueron para ella,
- 5:36:10en ocasión semejante, como personas vivas, y no necesitaba forzar su imaginación para
- 5:36:17verlas animadas, moviendo los labios y fijando en ella miradas cariñosas.
- 5:36:23Mandó a Saturna que colgase los lienzos en la habitación para recrearse contemplándolos,
- 5:36:30y se transportaba a los tiempos del estudio y de las tardes deliciosas en compañía de Horacio.
- 5:36:38Púsose muy triste, comparando su presente con el pasado, y al fin rogó a la criada que
- 5:36:44guardase aquellos objetos hasta que pudiese acostumbrarse a mirarlos sin tanta emoción;
- 5:36:51mas no manifestó sorpresa por la facilidad con que las pinturas habían pasado del estudio a la casa,
- 5:36:59ni curiosidad de saber qué pensaba de ello el suspicaz don Lope. No quiso la sirviente
- 5:37:06meterse en explicaciones, que no se le pedían, y poco después, sobre las doce,
- 5:37:13mientras daba de almorzar al amo una mísera tortilla de patatas y un trozo de carne con
- 5:37:19representación y honores de chuleta, se aventuró a decirle cuatro verdades, valida de la confianza
- 5:37:27que le diera su largo servicio en la casa. —Señor, sepa que el amigo quiere ver a la
- 5:37:33señorita, y es natural... Ea, no sea malo, y hagáse cargo de las circunstancias. Son jóvenes,
- 5:37:42y usted está ya más para padre o para abuelo que para otra cosa. ¿No dice
- 5:37:47que tiene el corazón grande? —Saturna —replicó don Lope,
- 5:37:53golpeando en la mesa con el mango del cuchillo—. Lo tengo más grande que la copa de un pino,
- 5:37:58más grande que esta casa, y más grande que el Depósito de Aguas, que ahí enfrente está.
- 5:38:05—Pues entonces... pelillos a la mar. Ya no es usted joven, gracias a Dios; digo...,
- 5:38:11por desgracia. No sea el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Si quiere que Dios
- 5:38:18le perdone todas sus barrabasadas y picardías, tanto engaño de mujeres y burla de maridos,
- 5:38:25hágase cargo de que los jóvenes son jóvenes, y de que el mundo, y la vida, y las cositas buenas son
- 5:38:31para los que empiezan a vivir, no para los que acaban... Conque tenga un..., ¿cómo se dice?,
- 5:38:38un rasgo, don Lepe, digo, don Lope..., y... En vez de incomodarse, al infeliz caballero
- 5:38:45le dio por tomarlo a buenas. —¿Conque un rasgo...? Vamos a ver:
- 5:38:51¿y de dónde sacas tú que soy yo tan viejo? ¿Crees que no sirvo ya para nada? Ya quisieran
- 5:38:57muchas, tú misma, con tus cincuenta... —¡Cincuenta! Quite usted jierro, señor.
- 5:39:04—Pongamos treinta... y cinco. —Y dos. Ni uno más. ¡Vaya!
- 5:39:09—Pues quédese en lo que quieras. Pues digo que tú misma, si yo estuviese de humor y te... No,
- 5:39:16no te ruborices...¡Si pensarás que eres un esperpento...! No; arreglándote un poquito,
- 5:39:23resultarías muy aceptable. Tienes unos ojos, que ya los quisieran más de cuatro.
- 5:39:29—Señor..., vamos... ¿Pero qué?..., ¿también a mí me quiere camelar? —dijo la doméstica
- 5:39:35familiarizándose tanto, que no vaciló en dejar a un lado de la mesa la fuente vacía de la carne,
- 5:39:42y sentarse frente a su amo, los brazos en jarras. —No..., no estoy ya para diabluras. No temas nada
- 5:39:50de mí. Me he cortado la coleta, y ya se acabaron las bromas y las cositas malas.
- 5:39:56Quiero tanto a la niña, que desde luego convierto en amor de padre el otro amor,
- 5:40:02ya sabes..., y soy capaz, por hacerla dichosa, de todos los rasgos, como tú dices, que... En fin,
- 5:40:09¿qué hay?... ¿Ese mequetrefe...? —Por Dios, no le llame así.
- 5:40:14No sea soberbio. Es muy guapo. —¿Qué sabes tú lo que son hombres guapos?
- 5:40:21—Quítese allá. Toda mujer sabe de eso. ¡Vaya! Y sin comparar, que es cosa fea,
- 5:40:27digo que don Horacio es un buen mozo..., mejorando lo presente. Que usted fue el acabóse, por sabido
- 5:40:34se calla; pero eso pasó. Mírese al espejo, y verá que ya se le fue la hermosura. No tiene
- 5:40:41más remedio que reconocer que el pintorcito... —No le he visto nunca... Pero no necesito verle
- 5:40:47para sostener, como sostengo, que ya no hay hombres guapos, airosos,
- 5:40:52atrevidos, que sepan enamorar. Esa raza se extinguió. Pero en fin, demos de barato que
- 5:40:59el pintamonas sea un guapo..., relativo. —La niña le quiere... No se enfade...,
- 5:41:06la verdad por delante... La juventud es juventud. —Bueno..., pues le quiere... Lo que yo te aseguro
- 5:41:13es que ese muchacho no hará su felicidad. —Dice que no le importa la pata coja.
- 5:41:20—Saturna, ¡qué mal conoces la naturaleza humana! Ese hombre no hará feliz a la niña, repito. ¡Si
- 5:41:27sabré yo de estas cosas! Y añado más: la niña no espera su felicidad de semejante tipo...
- 5:41:34—¡Señor...! —Para entender estas cosas,
- 5:41:37Saturna, es menester... entenderlas. Eres muy dura de mollera, y no ves sino lo que tienes
- 5:41:43delante de tus narices. Tristana es mujer de mucho entendimiento, ahí donde la ves,
- 5:41:50de una imaginación ardiente... Está enamorada... —Eso ya lo sé.
- 5:41:57—No lo sabes. Enamorada de un hombre que no existe, porque no puede existir, porque
- 5:42:02si existiera, Saturna, sería Dios, y Dios no se entretiene en venir al mundo para diversión de las
- 5:42:09muchachas. Ea, basta de palique; tráeme el café. Corrió Saturna a la cocina, y al volver
- 5:42:17con el café, permitiose comentar las últimas ideas expresadas por don Lope.
- 5:42:23—Señor, lo que yo digo es que se quieren, sea por lo fino, sea por lo basto, y que el don Horacio
- 5:42:30desea verse con la señorita... Viene con buen fin. —Pues que venga. Se irá con mal principio.
- 5:42:38—¡Ay, qué tirano! —No es eso... Si no me opongo a que se vean
- 5:42:44—dijo el caballero encendiendo un cigarro. —Pero antes conviene que yo mismo hable con ese sujeto.
- 5:42:50Ya ves si soy bueno. ¿Y este rasgo...? Hablar con él, sí, y decirle..., ya, ya sabré yo...
- 5:42:59—¿Apostamos a que le espanta? —No; le traeré, traeréle yo mismo. Saturna,
- 5:43:06esto se llama un rasgo. Encárgate de avisarle que me espere en su estudio una de estas tardes...,
- 5:43:12mañana. Estoy decidido (Paseándose inquieto por el comedor). Si Tristana quiere verle, no la privaré
- 5:43:21de ese gusto. Cuanto antojo tenga la niña, se lo satisfará su amante padre. Le traje los pinceles,
- 5:43:28le traje el armónium, y no basta. Hacen falta más juguetes. Pues venga el hombre, la ilusión, la...
- 5:43:35Saturna, di ahora que no soy un héroe, un santo. Con este solo arranque, lavo todas mis culpas,
- 5:43:43y merezco que Dios me tenga por suyo. Conque... —Le avisaré... Pero no salga con alguna
- 5:43:49patochada. ¡Vaya, que si le da por asustar a ese pobre chico...!
- 5:43:54—Se asustará sólo de verme. Saturna, soy quien soy... Otra cosa: con maña vas preparando a la
- 5:44:01niña. Le dices que yo haré la vista gorda, que saldré ex profeso una tarde para que él entre,
- 5:44:08y puedan hablarse como una media hora nada más... No conviene más tiempo. Mi dignidad
- 5:44:15no lo permite. Pero yo estaré en casa, y... Mira, se abrirá una rendijita en
- 5:44:21la puerta para que tú y yo podamos ver cómo se reciben el uno al otro, y oír lo que charlen.
- 5:44:27—¡Señor...! —¿Tú qué sabes...? Haz lo que te mando.
- 5:44:32—Pues haga usted lo que le aconsejo. No hay tiempo que perder. Don Horacio tiene mucha prisa...
- 5:44:38—¿Prisa?... Esa palabra quiere decir juventud. Bueno, pues esta misma tarde subiré al estudio.
- 5:44:46Avísale..., anda..., y después, cuando acompañes a la señorita, te dejas caer..., ¿entiendes?,
- 5:44:52le dices que yo ni consiento ni me opongo..., o más bien, que tolero y me hago el desentendido.
- 5:44:59Ni le dejes comprender que voy al estudio, pues este acto de inconsecuencia, que desmiente mi
- 5:45:05carácter, quizás me rebajaría a sus propios ojos..., aunque no..., tal vez no... En fin,
- 5:45:13prepárala, para que no se afecte cuando vea en su presencia al... bello ideal.
- 5:45:19—No se burle. —Si no me burlo. Bello ideal quiere decir...
- 5:45:24—Su tipo..., el tipo de una, supongamos... —Tú sí que eres tipo (Soltando la risa).
- 5:45:32En fin, no se hable más. La preparas, y yo voy a encararme con el galán joven.
- 5:45:38A la hora convenida, previo el aviso dado por Saturna, dirigiose don Lope al estudio,
- 5:45:45y al subir, no sin cansancio, la interminable escalera, se decía entre toses broncas y ahogados
- 5:45:52suspiros: «¡Pero, Dios mío, qué cosas tan raras estoy haciendo de algún tiempo a esta parte!
- 5:46:00A veces me dan ganas de preguntarme: ¿Y es usted aquel don Lope...? Nunca creí que llegara
- 5:46:06el caso de no parecerse uno a sí mismo... En fin, procuraré no infundir mucho miedo a ese inocente».
- 5:46:15La primera impresión de ambos fue algo penosa, no sabiendo qué actitud tomar,
- 5:46:20vacilando entre la benevolencia y una dignidad que bien podría llamarse decorativa. Hallábase
- 5:46:27dispuesto el pintor a tratar a don Lope según los aires que éste llevase. Después de los saludos y
- 5:46:34cumplidos de ordenanza, mostró el anciano galán una cortesía desdeñosa, mirando al joven como a
- 5:46:42ser inferior, al cual se dispensa la honra de un trato pasajero, impuesto por la casualidad.
- 5:46:49—Pues sí, caballero..., ya sabe usted la desgracia de la niña. ¡Qué lástima, ¿verdad?,
- 5:46:55con aquel talento, con aquella gracia...! Es ya mujer inútil para siempre. Ya comprenderá usted
- 5:47:02mi pena. La miro como hija, la amo entrañablemente con cariño puro y desinteresado, y ya que no he
- 5:47:09podido conservarle la salud ni librarla de esa tristísima amputación, quiero alegrar sus días,
- 5:47:17hacerle placentera la vida, en lo posible, y dar a su alma todo el recreo que... En fin,
- 5:47:24su voluble espíritu necesita juguetes. La pintura no acaba de distraerla...,
- 5:47:30la música tal vez... Su insaciable afán pide más, siempre más. Yo sabía que usted...
- 5:47:39—De modo, señor don Lope —dijo Horacio con gracejo cortés—, que a mí me considera usted juguete.
- 5:47:47—No, juguete precisamente no... Pero... Yo soy viejo, como usted ve, muy práctico en
- 5:47:53cosas de la vida, en pasiones y afectos, y sé que las inclinaciones juveniles tienen siempre
- 5:48:00un cierto airecillo de juego de muñecas... No hay que tomarlo a mal. Cada cual ve estas cosas
- 5:48:06según su edad. El prisma de los veinticinco o de los treinta años descompone los objetos
- 5:48:12de un modo gracioso, y les da matices frescos y brillantes. El cristal mío me presenta las
- 5:48:20cosas de otro modo. En una palabra: que yo veo la inclinación de la niña con indulgencia paternal,
- 5:48:27sí, con esa indulgencia que siempre nos merece la criatura enfermita, a quien es forzoso dispensar
- 5:48:34los antojos y mimos, por extravagantes que sean. —Dispénseme, señor mío —dijo Horacio con gravedad,
- 5:48:43sobreponiéndose a la fascinación que el mirar penetrante del caballero ejercía sobre él,
- 5:48:50encogiéndole el ánimo—, dispénseme. Yo no puedo apreciar con ese criterio de
- 5:48:55abuelo chocho la inclinación que Tristana me tiene, y menos la que por ella siento.
- 5:49:01—Pues por eso no hemos de reñir —replicó Garrido, acentuando más la urbanidad y el desdén con que
- 5:49:09le hablaba—. Yo pienso lo que he tenido el honor de manifestarle; piense usted lo que guste. No
- 5:49:16sé si usted rectificará su manera de apreciar estas cosas. Yo soy muy viejo, muy curtido,
- 5:49:23y no sé rectificarme a mí propio. Lo que hay es que, dejándole a usted pensar lo que guste,
- 5:49:29yo vengo a decirle que, pues desea usted ver a Tristanita, y Tristanita se alegrará de verle,
- 5:49:36no me opongo a que usted honre mi casa; al contrario, tendré una satisfacción en
- 5:49:41ello. ¿Creía tal vez que yo iba a salir por el registro del padre celoso o del tirano doméstico?
- 5:49:50No señor. No me gustan a mí los tapujos, y menos en cosa tan inocente como esta visita. No, no es
- 5:49:57decoroso que ande el novio buscándome las vueltas para entrar en casa. Usted y yo no ganamos nada,
- 5:50:04el uno colándose sin mi permiso, el otro atrancando las puertas como si hubiera en
- 5:50:09ello alguna malicia. Sí, señor don Horacio, usted puede ir, a la hora que yo le designe,
- 5:50:16se entiende. Y si resultase que habría que repetir las visitas, porque así conviniera a la
- 5:50:22paz de mi enferma, ha de prometerme usted no entrar nunca sin conocimiento mío.
- 5:50:30—Me parece muy bien —afirmó Díaz, que poco a poco se iba dejando conquistar por la agudeza y pericia
- 5:50:37mundana del atildado viejo—. Estoy a sus órdenes. Sentía Horacio la superioridad de su interlocutor,
- 5:50:46y casi..., y sin casi, se alegraba de tratarle, admirando de cerca, por primera vez, un ejemplar
- 5:50:55curiosísimo de la fauna social más desarrollada, un carácter que resultaba legendario, y revestido
- 5:51:03de cierto matiz poético. La atracción se fue acentuando con las cosas donosísimas que después
- 5:51:11le dijo don Lope pertinentes a la vida galante, a las mujeres y al matrimonio. En resumidas cuentas,
- 5:51:20que le fue muy simpático, y se despidieron, prometiéndole Horacio obedecer sus indicaciones,
- 5:51:28y fijando para la tarde siguiente las vistas con la pobre inválida.
- 5:51:35XXVI «¡Qué pedazo de ángel! —decía
- 5:51:41don Lope, dejando atrás, con menos calma que a la subida, el sinfín de peldaños de la escalera del
- 5:51:48estudio—. Y parece honrado y decente. No le veo muy aferrado a la infantil manía del matrimonio,
- 5:51:55ni me ha dicho nada de bello ideal, ni aquello de amarla hasta la muerte, con patita o sin patita...
- 5:52:03Nada; que esto es cosa concluida... Creí encontrar un romántico, con cara de haber bebido el vinagre
- 5:52:09de las pasiones contrariadas, y me encuentro un mocetón de color sano y espíritu sereno,
- 5:52:16un hombre sesudo, que al fin y a la postre verá las cosas como las veo yo. Ni se le conoce que
- 5:52:23esté enamoradísimo, como debió de estarlo antes, allá qué sé yo cuándo. Más bien parece confuso,
- 5:52:31sin saber qué actitud tomar cuando la vea, ni cómo presentársele... En fin,
- 5:52:37¿qué saldrá de esto...? Para mí, es cosa terminada..., terminada..., sí, señor...,
- 5:52:43cosa muerta, caída, enterrada..., como la pierna». El estupendo notición de la próxima visita de
- 5:52:51Horacio, inquietó a Tristana, que aparentando creer cuanto se le decía, abrigaba en su interior
- 5:52:59cierta desconfianza de la realidad de aquel suceso, pues su labor mental de los días que
- 5:53:05precedieron a la operación habíala familiarizado con la idea de suponer ausente al bello ideal;
- 5:53:14y la hermosura misma de éste, y sus raras perfecciones, se representaban en la mente
- 5:53:20de la niña como ajadas y desvanecidas por obra y gracia de la aproximación. Al propio tiempo,
- 5:53:28el deseo puramente humano y egoísta de ver al ser querido, de oírle, luchaba en su alma con
- 5:53:36aquel desenfrenado idealismo, en virtud del cual, más bien que a buscar la aproximación, tendía,
- 5:53:44sin darse cuenta de ello, a evitarla. La distancia venía a ser como una voluptuosidad de aquel amor
- 5:53:51sutil, que pugnaba por desprenderse de toda influencia de los sentidos.
- 5:53:58En tal estado de ánimo, llegó el momento de la entrevista. Fingió don Lope que se ausentaba,
- 5:54:05sin hacer la menor alusión al caso; pero se quedó en su cuarto, dispuesto a salir si algún accidente
- 5:54:13hacía necesaria su presencia. Arreglose Tristana la cabeza, recordando sus mejores tiempos,
- 5:54:21y como se había repuesto algo en los últimos días, resultaba muy bien. No obstante,
- 5:54:27descontenta y afligida, apartó de sí el espejo, pues el idealismo no excluía la presunción.
- 5:54:35Cuando sintió que entraba Horacio, que Saturna le introducía en la sala, palideció, y a punto estuvo
- 5:54:43de perder el conocimiento. La poca sangre de sus venas afluyó al corazón; apenas podía respirar,
- 5:54:52y una curiosidad más poderosa que todo sentimiento la embargaba. «Ahora —se decía—, veré cómo es, me
- 5:55:01enteraré de su rostro, que se me ha perdido desde hace tiempo, que se me ha borrado, obligándome
- 5:55:10a inventar otro para mi uso particular». Por fin, Horacio entró... Sorpresa de Tristana,
- 5:55:19que en el primer momento, casi le vio como a un extraño. Fuese derecho a ella con los
- 5:55:25brazos abiertos y la acarició tiernamente. Ni uno ni otro pudieron hablar hasta pasado un
- 5:55:32breve rato... Y a Tristana le sorprendió el metal de voz de su antiguo amante, cual si nunca lo
- 5:55:40hubiera oído. Y después..., ¡qué cara, qué tez, qué color como de bronce, bruñido por el sol!
- 5:55:49—¡Cuánto has padecido, pobrecita! —dijo Horacio, cuando la emoción le permitió
- 5:55:55expresarse con claridad—. ¡Y yo sin poder estar al lado tuyo! Habría sido un gran consuelo para mí,
- 5:56:02acompañar a mi Paquilla de Rímini en aquel trance, sostener su espíritu.. pero ya sabes; ¡mi tía tan
- 5:56:10malita...! Por poco no lo cuenta la pobre. —Sí..., hiciste bien en no venir... ¿Para
- 5:56:16qué? —repuso Tristana recobrando al instante su serenidad—. Cuadro tan lastimoso te habría
- 5:56:23desgarrado el corazón. En fin, ya pasó; estoy mejor, y me voy acostumbrando a la idea de no
- 5:56:30tener más que una patita. —¿Qué importa, vida mía?
- 5:56:35—dijo el pintor, por decir algo. —Allá veremos. Aún no he probado a andar con
- 5:56:40muletas. El primer día he de pasar mal rato; pero al fin me acostumbraré. ¿Qué remedio tengo...?
- 5:56:48—Todo es cuestión de costumbre. Claro que al principio estarás menos airosa... Es decir,
- 5:56:53tú siempre serás airosa... —No..., cállate. Ese grado de
- 5:56:58adulación no debe consentirse entre nosotros. Un poco de galantería, de caridad más bien, pase...
- 5:57:06—Lo que más vale en ti, la gracia, el espíritu, la inteligencia, no ha sufrido ni puede sufrir
- 5:57:12menoscabo. Ni el encanto de tu rostro, ni las proporciones admirables de tu busto..., tampoco.
- 5:57:19—Cállate —dijo Tristana con gravedad—. Soy una belleza sentada..., ya para siempre sentada,
- 5:57:28una mujer de medio cuerpo, un busto y nada más. —¿Y te parece poco? Un busto; ¡pero qué hermoso!
- 5:57:35Luego, tu inteligencia sin par hará siempre de ti una mujer encantadora...
- 5:57:42Horacio rebuscaba en su mente todas las flores que pueden echarse a una mujer que no tiene más
- 5:57:48que una pierna. No le fue difícil encontrarlas, y una vez arrojadas sobre la infeliz inválida,
- 5:57:56ya no tenía más que añadir. Con un poquito de violencia, que casi, casi,
- 5:58:01no pudo apreciar él mismo, añadió lo siguiente: —Y yo te quiero, y te querré siempre lo mismo.
- 5:58:09—Eso ya lo sé —replicó ella, afirmándolo por lo mismo que empezaba a dudarlo.
- 5:58:16Continuó la conversación en los términos más afectuosos, sin llegar al tono y actitudes
- 5:58:22de la verdadera confianza. En los primeros momentos, sintió Tristana una desilusión brusca.
- 5:58:30Aquel hombre no era el mismo que, borrado de su memoria por la distancia, había ella reconstruido
- 5:58:36laboriosamente con su facultad creadora y plasmante. Parecíale tosca y ordinaria la figura,
- 5:58:45la cara sin expresión inteligente, y en cuanto a las ideas... ¡Ah, las ideas le resultaban de
- 5:58:52lo más vulgar...! De los labios del señó Juan no salieron más que las conmiseraciones que se dan a
- 5:58:59todo enfermo, revestidas de una forma de tierna amistad. Y en todo lo que dijo referente a la
- 5:59:07constancia de su amor, veíase el artificio trabajosamente edificado por la compasión.
- 5:59:14Entretanto, don Lope iba y venía sin sosiego por el interior de la casa, calzado de silenciosas
- 5:59:22zapatillas, para que no se le sintieran los pasos, y se aproximaba a la puerta,
- 5:59:28por si ocurría algo que reclamase su intervención. Como su dignidad repugnaba el espionaje, no aplicó
- 5:59:36el oído a la puerta. Más que por encargo del amo, por inspiración propia y ganas de fisgoneo,
- 5:59:43Saturna puso su oreja en el resquicio que abierto dejó para el caso, y algo pudo pescar de lo que
- 5:59:50los amantes decían. Llamándola al pasillo, don Lope la interrogó con vivo interés:
- 5:59:57—Dime, ¿han hablado algo de matrimonio? —Nada he oído que signifique cosa de casarse
- 6:00:04—dijo Saturna—. Amor, sí, quererse siempre, y qué sé yo..., pero...
- 6:00:10—De sagrado vínculo, ni una palabra. Lo que digo, cosa concluida. Y no podía suceder de otro modo.
- 6:00:18¿Cómo sostener su promesa ante una mujer que ha de andar con muletas?... La naturaleza se
- 6:00:24impone. Es lo que yo digo... Mucho palique, mucha frase de relumbrón, y ninguna sustancia.
- 6:00:31Al llegar al terreno de los hechos, desaparece toda la hojarasca y nada queda... En fin, Saturna,
- 6:00:38esto va bien y como yo deseo. Veremos por dónde sale ahora la niña. Sigue,
- 6:00:44sigue escuchando, a ver si salta alguna frase de compromiso formal para el porvenir.
- 6:00:50Volvió la diligente criada a su punto de acecho; pero nada sacó en limpio,
- 6:00:56porque hablaban muy bajo. Por fin, Horacio propuso a su amada terminar la visita.
- 6:01:03—Por mi gusto —le dijo—, no me separaría de ti hasta mañana...,
- 6:01:08ni mañana tampoco... Pero debo considerar que don Lope, concediéndome verte, procede con una
- 6:01:14generosidad y una alteza de miras que le honra mucho, y que me obliga a no incurrir en abuso.
- 6:01:21¿Te parece que me retire ya? Como tú quieras. Y confío que no siendo muy largas las visitas,
- 6:01:28tu viejo me permitirá repetirlas todos los días. Opinó la inválida en conformidad con su amigo,
- 6:01:35y éste se retiró después de besarla cariñosamente y de reiterarle aquellos afectos que, aunque no
- 6:01:43fríos, iban tomando un carácter fraternal. Tristana le vio partir muy tranquila,
- 6:01:50y al despedirse fijó para la siguiente tarde la primera lección de pintura,
- 6:01:55lo que fue muy del agrado del artista, quien, al salir de la estancia, sorprendió a don Lope en
- 6:02:01el pasillo y se fue derecho a él, saludándole con profundo respeto. Metiéronse en el cuarto
- 6:02:08del galán caduco, y allí charlaron de cosas que a éste le parecieron de singular alcance.
- 6:02:15Por de pronto, ni una palabra soltó el pintor que a proyectos de matrimonio transcendiera. Manifestó
- 6:02:23un interés vivísimo por Tristana, lástima profunda de su estado, y amor por ella en un
- 6:02:30grado discreto, discreción interpretada por don Lope como delicadeza, o más bien repugnancia de
- 6:02:37un rompimiento brusco, que habría sido inhumano en la triste situación de la señorita de Reluz.
- 6:02:44Por fin, Horacio no tuvo inconveniente en dar al interés que su amiga le inspiraba
- 6:02:50un carácter señaladamente positivista. Como sabía por Saturna las dificultades
- 6:02:56de cierto género que agobiaban a don Lope, se arrancó a proponer a éste lo que en su altanera
- 6:03:03dignidad no podía el caballero admitir. —Porque, mire usted, amigo —le dijo en
- 6:03:10tono campechano—, yo..., y no se ofenda de mi oficiosidad..., tengo para con Tristana
- 6:03:16ciertos deberes que cumplir. Es huérfana. Cuantos la quieren y la estiman en lo que vale, obligados
- 6:03:22están a mirar por ella. No me parece bien que usted monopolice la excelsa virtud de amparar al
- 6:03:29desvalido... Si quiere usted concederme un favor, que le agradeceré toda mi vida, permítame...
- 6:03:36—¿Qué?... Por Dios, caballero Díaz, no me sonroje usted. ¿Cómo consentir...?
- 6:03:42—Tómelo usted por donde quiera... ¿Qué quiere decirme?... ¿Que es una indelicadeza proponer
- 6:03:47que sean de mi cuenta los gastos de la enfermedad de Tristana? Pues hace usted mal,
- 6:03:52muy mal, en pensarlo así. Acéptelo, y después seremos más amigos.
- 6:03:58—¿Más amigos, caballero Díaz? ¡Más amigos después de probar yo que no tengo vergüenza!
- 6:04:04—¡Don Lope, por amor de Dios! —Don Horacio..., basta.
- 6:04:10—Y en último caso, ¿por qué no se me ha de permitir que regale a mi amiguita un
- 6:04:15órgano expresivo de superior calidad, de lo mejor en su género, que le añada una completa
- 6:04:21biblioteca musical para órgano, comprendiendo estudios, piezas fáciles y de concierto,
- 6:04:27y que, por fin, corra de mi cuenta el profesor?... —Eso..., ya... Vea usted cómo transijo. Se admite
- 6:04:35el regalo del instrumento y de los papeles. Lo del profesor, no puede ser, caballero Díaz.
- 6:04:42—¿Por qué? —Porque se regala un objeto, como testimonio
- 6:04:46de afectos presentes o pasados; pero no sé yo de nadie que obsequie con lecciones de música.
- 6:04:53—Don Lope..., déjese de distingos. —A ese paso, llegaría usted a proponerme
- 6:04:59costearle la ropa, y a señalarle alimentos..., y esto, con franqueza,
- 6:05:04paréceme denigrante para mí..., a menos que usted viniera con propósitos y fines de cierto género.
- 6:05:12Viéndole venir, Horacio quiso dar una vuelta a la conversación.
- 6:05:17—Mis propósitos son que se instruya en un arte en que pueda lucir, y gastar ese caudal
- 6:05:22inmenso de fluido acumulado en su sistema nervioso, los tesoros de pasión artística,
- 6:05:28de noble ambición, que llenan su alma. —Si no es más que eso, yo me basto y me
- 6:05:34sobro. No soy rico; pero poseo lo bastante para abrir a Tristana los caminos por donde puede
- 6:05:40correr hacia la gloria una pobre cojita. Yo..., francamente..., creí que usted...
- 6:05:48Queriendo obtener una declaración categórica, y viendo que no la lograba
- 6:05:52por ataques oblicuos, embistióle de frente: —Pues yo creí que usted, al venir aquí,
- 6:05:59traía el propósito de casarse con ella. —¡Casarme!... ¡oh!..., no —dijo Horacio,
- 6:06:06desconcertado por el repentino golpe, pero rehaciéndose al momento—. Tristana
- 6:06:12es enemiga irreconciliable del matrimonio. ¿No lo sabía usted?
- 6:06:17—¿Yo?..., no. —Pues sí:
- 6:06:20lo detesta. Quizás ve más que todos nosotros; quizás su mirada perspicua, o cierto instinto de
- 6:06:27adivinación concedido a las mujeres superiores, ve la sociedad futura, que nosotros no vemos.
- 6:06:34—Quizás... Estas niñas mimosas y antojadizas, suelen tener vista muy larga. En fin,
- 6:06:41caballero Díaz, quedamos en que se acepta el obsequio del organito; pero no lo demás:
- 6:06:47se agradece, eso sí; pero no se puede aceptar, porque lo veda el decoro.
- 6:06:53—Y quedamos —dijo Horacio despidiéndose—, que vendré a pintar un ratito con ella.
- 6:06:59—Un ratito..., cuando la levantemos, porque no ha de pintar en la cama.
- 6:07:04—Justo..., pero en tanto, ¿podré venir...? —¡Oh!, sí, a charlar, a distraerla.
- 6:07:10Cuéntele usted cosas de aquel hermoso país. —¡Ah!, no, no —dijo Horacio frunciendo el
- 6:07:16ceño—. No le gusta el campo, ni la jardinería, ni la naturaleza, ni las aves domésticas, ni la
- 6:07:23vida regalada y oscura, que a mí me encantan y me enamoran. Soy yo muy terrestre, muy práctico, y
- 6:07:30ella muy soñadora, con unas alas de extraordinaria fuerza para subirse a los espacios sin fin.
- 6:07:37—Ya, ya... (Estrechándole las manos). Pues venga usted cuando bien le cuadre,
- 6:07:43caballero Díaz. Y sabe que... Despidióle en la puerta; se metió
- 6:07:49después en su cuarto, muy gozoso, y restregándose las manos, decía para su sayo: «Incompatibilidad
- 6:07:57de caracteres..., incompatibilidad absoluta, diferencias irreductibles».
- 6:08:03Capítulo XXVII Notó el buen Garrido
- 6:08:09en su inválida cierta estupefacción, después de la entrevista. Interrogada paternalmente por el
- 6:08:17astuto viejo, Tristana le dijo sin rebozo: —¡Cuánto ha cambiado ese hombre,
- 6:08:23pero cuánto! Paréceme que no es el mismo, y no ceso de representármele como antes era.
- 6:08:30—Y qué, ¿gana o pierde en la transformación? —Pierde..., al menos hasta ahora.
- 6:08:36—Parece buen sujeto, sí. Y te estima. Me propuso abonar los gastos de tu
- 6:08:41enfermedad. Yo lo rechacé... Figúrate... A Tristana se le encendió el rostro.
- 6:08:48—No es de estos —añadió don Lope— que al dejar de amar a una mujer, se despiden a la francesa. No,
- 6:08:55no; paréceme atento y delicado. Te regala un órgano expresivo de lo mejor, y toda la música que
- 6:09:02puedas necesitar. Esto lo acepté: no creí prudente rechazarlo. En fin, el hombre es bueno, y te
- 6:09:10tiene lástima; comprende que tu situación social, después de esa pérdida de la patita, exige que se
- 6:09:16te mime y se te rodee de distracciones y cuidados; y él empieza por prestarse, como amigo sincero
- 6:09:24y bondadoso, a darte leccioncitas de pintura. Tristana no dijo nada, y todo el día estuvo muy
- 6:09:32triste. Al siguiente, la entrevista con Horacio fue bastante fría. El pintor se mostró muy amable;
- 6:09:40pero sin decir ni una palabra de amor. Introdújose don Lope en la habitación cuando menos se pensaba,
- 6:09:47metiendo su cucharada en el coloquio, que versó exclusivamente sobre cosas de arte. Como pinchara
- 6:09:55después a Horacio para que hablase de los encantos de la vida en Villajoyosa, el pintor se explayó
- 6:10:02en aquel tema, que, contra la creencia de don Lope, parecía del agrado de Tristana.
- 6:10:08Con vivo interés oía ésta las descripciones de aquella vida placentera, y de los puros
- 6:10:14goces de la domesticidad en pleno campo. Sin duda, por efecto de una metamorfosis
- 6:10:21verificada en su alma después de la mutilación de su cuerpo, lo que antes desdeñó era ya para
- 6:10:28ella como risueña perspectiva de un mundo nuevo. En las visitas que se sucedieron, Horacio rehuía
- 6:10:37con suma habilidad toda referencia a la deliciosa vida que era ya su pasión más ardiente. Mostró
- 6:10:45también indiferencia del arte, asegurando que la gloria y los laureles no despertaban entusiasmo
- 6:10:51en su alma. Y al decir esto, fiel reproducción de las ideas expresadas en sus cartas de Villajoyosa,
- 6:11:00observó que a Tristana no le causaba disgusto. Al contrario, en ocasiones
- 6:11:06parecía ser de la misma opinión, y mirar con desdén las empresas y victorias artísticas,
- 6:11:12con gran estupor de Horacio, en cuya memoria subsistían indelebles los exaltados
- 6:11:19conceptos de la correspondencia de su amante. Por fin, la levantaron, y el estrecho gabinete en
- 6:11:25que la pobre inválida pasaba las horas, embutida en un sillón, fue convertido en taller de pintura.
- 6:11:33La paciencia y la solicitud con que Horacio hacía de maestro, no son para dichas. Mas sucedió una
- 6:11:42cosa muy rara, y fue que, no sólo mostraba la señorita poca afición al arte de Apeles,
- 6:11:49sino que sus aptitudes, claramente manifestadas meses antes, se oscurecían y eclipsaban,
- 6:11:57sin duda por falta de fe. No volvía el pintor de su asombro, recordando la facilidad con que
- 6:12:04su discípula entendía y manejaba el color, y asombrados los dos de semejante cambio,
- 6:12:11concluían por desmayar y aburrirse, difiriendo las lecciones, o haciéndolas muy cortas. A los tres o
- 6:12:19cuatro días de estas tentativas, apenas pintaban ya; pasaban las horas charlando; y solía suceder
- 6:12:27que también la conversación languidecía, como entre personas que ya se han dicho todo lo que
- 6:12:34tienen que decirse, y sólo tratan de las cosas corrientes y regulares de la vida.
- 6:12:41El primer día que probó Tristana las muletas, fueron ocasión de risa y chacota sus primeros
- 6:12:47ensayos en tan extraño sistema de locomoción. —No hay manera —decía con buena sombra— de
- 6:12:56imprimir al paso de muletas un aire elegante. No, por mucho que yo discurra, no inventaré un
- 6:13:02bonito andar con estos palitroques. Siempre seré como las mujeres lisiadas que piden limosna a la
- 6:13:08puerta de las iglesias. No me importa. ¡Qué remedio tengo más que conformarme!
- 6:13:15Propúsole Horacio enviarle un carrito de mano para que paseara, y no acogió mal la niña este
- 6:13:21ofrecimiento, que se hizo efectivo dos días después, aunque no se utilizó sino a los tres
- 6:13:28o cuatro meses de regalado el vehículo. Lo más triste de todo cuanto allí ocurría era que Horacio
- 6:13:36dejó de ser asiduo en sus visitas. La retirada fue tan lenta y gradual que apenas se notaba. Empezó
- 6:13:44por faltar un día, excusándose con ocupaciones imprescindibles; a la siguiente semana hizo
- 6:13:52novillos dos veces, luego tres, cinco..., y por fin, ya no se contaron los días que faltaba, sino
- 6:14:01los que iba. No parecía Tristana muy contrariada de estas faltillas; recibíale siempre afectuosa,
- 6:14:09y le veía partir sin aparente disgusto. Jamás le preguntaba el motivo de sus ausencias, ni menos le
- 6:14:17reñía por ellas. Otra circunstancia digna de notarse era que jamás hablaban de lo pasado:
- 6:14:24uno y otro parecían acordes en dar por fenecida y rematada definitivamente aquella novela,
- 6:14:32que sin duda les resultaba inverosímil y falsa, produciendo efecto semejante al que nos causan en
- 6:14:39la edad madura los libros de entretenimiento que nos han entusiasmado y enloquecido en la juventud.
- 6:14:48Del marasmo espiritual en que se encontraba, salió Tristana casi bruscamente, como por arte mágico,
- 6:14:56con las primeras lecciones de música y de órgano. Fue como una resurrección súbita, con alientos de
- 6:15:03vida, de entusiasmo y pasión que confirmaban en su verdadero carácter a la señorita de Reluz,
- 6:15:11y que despertaron en ella, con el ardor de aquel nuevo estudio, maravillosas aptitudes. Era
- 6:15:18el profesor un hombre chiquitín, afable, de una paciencia fenomenal, tan práctico en la enseñanza
- 6:15:25y tan hábil en la transmisión de su método, que habría convertido en organista a un sordomudo.
- 6:15:32Bajo su inteligente dirección, venció Tristana las primeras dificultades en brevísimo tiempo, con
- 6:15:40gran sorpresa y alborozo de cuantos aquel milagro veían. Don Lope estaba verdaderamente lelo de
- 6:15:48admiración, y cuando Tristana pulsaba las teclas, sacando de ellas acordes dulcísimos, el pobre
- 6:15:56señor se ponía chocho, como un abuelo que ya no vive más que para mimar a su descendencia menuda
- 6:16:04y volverse todo babas ante ella. A las lecciones de mecanismo, digitación y lectura, añadió pronto
- 6:16:12el profesor algunas nociones de armonía, y fue una maravilla ver a la joven asimilarse estos arduos
- 6:16:21conocimientos. Diríase que le eran familiares las reglas antes que se las revelaran; adelantábase
- 6:16:29a la propia enseñanza, y lo que aprendía quedaba profundamente grabado en su espíritu.
- 6:16:35El minúsculo profesor, hombre muy cristiano, que se pasaba la vida de coro en coro y de capilla
- 6:16:41en capilla, tocando en misas solemnes, funerales y novenas, veía en su discípula un ejemplo del favor
- 6:16:50de Dios, una predestinación artística y religiosa. —Es un genio esta niña —afirmaba admirándola
- 6:16:58con efusión contemplativa—, y a ratos paréceme una santa.
- 6:17:04—¡Santa Cecilia! —exclamaba don Lope con entusiasmo que le ponía
- 6:17:08ronco—. ¡Qué hija, qué mujer, qué divinidad! No le era fácil a Horacio disimular su emoción
- 6:17:16oyendo a Tristana modular en el órgano acordes de carácter litúrgico, en estilo fugado, escalonando
- 6:17:24los miembros melódicos con pasmosa habilidad; y trabajillo le costaba al artista ocultar sus
- 6:17:32lágrimas, avergonzándose de verterlas. Cuando la señorita, inflamada por religiosa inspiración,
- 6:17:40se engolfaba en su música, convirtiendo el grave instrumento en lenguaje de su alma, a nadie veía,
- 6:17:48ni se cuidaba de su reducido y fervoroso público. El sentimiento, así como el estilo
- 6:17:55para expresarlo, absorbíanla por entero; su rostro se transfiguraba, adquiriendo celestial belleza,
- 6:18:03su alma se desprendía de todo lo terreno para mecerse en el seno vaporoso de una idealidad
- 6:18:10dulcísima. Un día, el bueno del organista llegó al colmo de la admiración, oyéndola improvisar
- 6:18:18con gallardo atrevimiento, y se pasmó de la soltura con que modulaba, enlazando los tonos,
- 6:18:25y añadiendo a sus conocimientos de armonía otros que nadie supo de dónde los había sacado, obra de
- 6:18:32un misterioso poder de adivinación, sólo concedido a las almas privilegiadas, para quienes el arte no
- 6:18:40tiene ningún secreto. Desde aquel día, el maestro asistió a las lecciones con interés superior al
- 6:18:48que la pura enseñanza puede infundir, y puso sus cinco sentidos en la discípula, educándola como
- 6:18:55a un hijo único y adorado. El anciano músico y el anciano galán se extasiaban junto a la inválida,
- 6:19:03y mientras el uno le mostraba con paternal amor los arcanos del arte, el otro dejaba traslucir
- 6:19:10su acendrada ternura con suspiros y alguna expresión fervorosa. Concluida la lección,
- 6:19:18Tristana daba un paseíto por la estancia, con muletas, y a don Lope y al otro viejo se
- 6:19:23les figuraba, contemplándola, que la propia Santa Cecilia no podía moverse ni andar de otra manera.
- 6:19:32Por este tiempo, es decir, cuando los adelantos de la joven se marcaron de un modo tan notable,
- 6:19:39Horacio volvió a menudear sus visitas, y de pronto éstas escasearon notoriamente. Al llegar
- 6:19:47el verano, transcurrían hasta dos semanas sin que el pintor aportara por allí, y cuando iba,
- 6:19:54Tristana, por agradarle y entretenerle, le obsequiaba con una sesión de música;
- 6:20:00sentábase el artista en lo más oscuro de la estancia para seguir con abstracción profunda
- 6:20:06la hermosa salmodia, como en éxtasis, mirando vagamente a un punto indeterminado del espacio,
- 6:20:14mientras su alma divagaba suelta por las regiones en que el ensueño y la realidad se confunden. Y
- 6:20:23de tal modo absorbió a Tristana el arte con tanto anhelo cultivado, que no pensaba ni podía pensar
- 6:20:30en otra cosa. Cada día ansiaba más y mejor música. La perfección embargaba su espíritu,
- 6:20:38teniéndolo como fascinado. Ignorante de cuanto en el mundo ocurría, su aislamiento era completo,
- 6:20:46absoluto. Día hubo en que fue Horacio y se retiró, sin que ella se enterara de que había estado allí.
- 6:20:53Una tarde, sin que nadie lo hubiese previsto, despidiose el pintor para Villajoyosa, pues según
- 6:21:01dijo, su tía, que allá continuaba residiendo, se hallaba en peligro de muerte. Así era la verdad,
- 6:21:09y a los tres días de llegar el sobrino, doña Trini cerró las pesadas compuertas de sus ojos
- 6:21:16para no volverlas a abrir más. Poco después, a la entrada de otoño, cayó Díaz enfermo, aunque
- 6:21:24no de gravedad. Cruzáronse cartas amistosas entre él y Tristana, y el mismo don Lope, las cuales en
- 6:21:32todo el año siguiente continuaron yendo y viniendo cada dos, cada tres semanas, por el mismo camino
- 6:21:39por donde antes corrían las incendiarias cartas de señó Juan y de Paquita de Rímini. Tristana
- 6:21:46escribía las suyas deprisa y corriendo, sin poner en ellas más que frases de cortés amistad.
- 6:21:54Por una de esas inspiraciones que llevan al ánimo un conocimiento profundo y certero de las cosas,
- 6:22:01la inválida creía firmemente, como se cree en la luz del sol, que no vería más a Horacio. Y
- 6:22:08así era, así fue... Una mañana de noviembre entró don Lope con cara grave en el cuarto de la joven,
- 6:22:17y sin expresar alegría ni pena, como quien dice la cosa más natural del mundo,
- 6:22:23le soltó la noticia con este frío laconismo: —¿No sabes?... Nuestro don Horacio se casa.
- 6:22:33XXVIII Creyó notar el viejo
- 6:22:39galán que Tristana se desconcertaba al recibir el jicarazo; pero tan rápidamente y con tanto tesón
- 6:22:47volvió sobre sí misma, que no le era fácil a don Lepe conocer a ciencia cierta el estado de ánimo
- 6:22:54de su cautiva, después del acabamiento definitivo de sus locos amores. Como quien se arroja a un
- 6:23:03piélago tranquilo, zambullose la señorita en el maremágnum musical, y allí se pasaba las horas,
- 6:23:11ya sumergiéndose en lo profundo, ya saliendo graciosamente a la superficie, incomunicada
- 6:23:18realmente con todo lo humano, y procurando estarlo con algunas ideas propias que aún la atormentaban.
- 6:23:28A Horacio no le volvió a mentar, y aunque el pintor no cortó relaciones con ella, y alguna
- 6:23:34que otra vez escribía cartas amistosas, Garrido era el encargado de leerlas y contestarlas.
- 6:23:41Guardábase bien el viejo de hablar a la niña del que fue su adorador, y con toda su sagacidad y
- 6:23:48experiencia, nunca supo fijamente si la actitud triste y serena de Tristana ocultaba una
- 6:23:55desilusión, o el sentimiento de haberse equivocado profundamente al creerse desilusionada en los días
- 6:24:04de la vuelta de Horacio. ¿Pero cómo había de saber esto don Lope, si ella misma no lo sabía?
- 6:24:13En las buenas tardes de invierno, salía a la calle en el carrito, que empujaba Saturna.
- 6:24:20La ausencia de toda presunción fue uno de los accidentes más característicos de aquella nueva
- 6:24:26metamorfosis de la señorita de Reluz: cuidaba poco de embellecer su persona; ataviábase sencillamente
- 6:24:35con mantón y pañuelo de seda en la cabeza; pero no perdió la costumbre de calzarse bien,
- 6:24:43y de continuo bregaba con el zapatero por si ajustaba con más o menos perfección la
- 6:24:49bota... única. ¡Qué raro le parecía siempre el no calzarse más que un pie! Transcurrirían los
- 6:24:58años sin que acostumbrarse pudiera a no ver en parte alguna la bota y el zapato del pie derecho.
- 6:25:06Al año de la operación, su rostro había adelgazado tanto, que muchos que en sus buenos tiempos la
- 6:25:12trataron apenas la conocían ya, al verla pasar en el cochecillo. Representaba cuarenta años,
- 6:25:21cuando apenas tenía veinticinco. La pierna de palo que le pusieron a los dos meses de arrancada la de
- 6:25:28carne y hueso, era de lo más perfecto en su clase; mas no podía la inválida acostumbrarse a andar con
- 6:25:36ella, ayudada sólo de un bastón. Prefería las muletas, aunque éstas le alzaran los hombros,
- 6:25:44destruyendo la gallardía de su cuello y de su busto. Aficionose a pasar las horas de la tarde
- 6:25:50en la iglesia, y para facilitar esta inocente inclinación, mudóse don Lope desde lo alto del
- 6:25:57paseo de Santa Engracia al del Obelisco, donde tenían muy a mano cuatro o cinco templos, modernos
- 6:26:05y bonitos, y además la parroquia de Chamberí. Y el cambio de domicilio le vino bien a don Lope por
- 6:26:13el lado económico, pues en el alquiler de la nueva casa ahorraba una corta cantidad, que no venía mal
- 6:26:21para otros gastos en tiempos tan calamitosos. Pero lo más particular fue que la afición de Tristana
- 6:26:29a la iglesia se comunicó a su viejo tirano, y sin que éste notara la gradación, llegó a pasar ratos
- 6:26:37placenteros en las Siervas, en las Reparatrices y en San Fermín, asistiendo a novenas y manifiestos.
- 6:26:47Cuando don Lope notó esta nueva fase de sus costumbres seniles, ya no se hallaba
- 6:26:52en condiciones para poder apreciar lo extraño de tal cambio. Anublose su entendimiento; su cuerpo
- 6:27:00envejeció con terrible pestreza; arrastraba los pies como un octogenario, y la cabeza y manos
- 6:27:08le temblaban. Al fin, el entusiasmo de Tristana por la paz de la iglesia, por la placidez de las
- 6:27:16ceremonias del culto y la comidilla de las beatas llegó a ser tal, que acortaba las horas dedicadas
- 6:27:24al arte músico para aumentar las consagradas a la contemplación religiosa. Tampoco se dio cuenta
- 6:27:32de esta nueva metamorfosis, a la que llegó por gradaciones lentas; y si al principio no había en
- 6:27:39ella más que pura afición, sin verdadero celo, si sus visitas a la iglesia eran al principio actos
- 6:27:47de lo que podría llamarse dilettantismo piadoso, no tardaron en ser actos de piedad verdadera,
- 6:27:54y por etapas insensibles vinieron las prácticas católicas, el oír misa, la penitencia y comunión.
- 6:28:03Y como el buen don Lepe, no viviendo ya más que para ella y por ella, reflejaba sus sentimientos,
- 6:28:11y había llegado a ser plagiario de sus ideas, resultó que también él se fue metiendo poco
- 6:28:18a poco en aquella vida, en la cual su triste vejez hallaba infantiles consuelos. Alguna vez,
- 6:28:26volviendo sobre sí en momentos lúcidos, que parecían las breves interrupciones de un inseguro
- 6:28:32sueño, se echaba una mirada interrogativa, diciéndose: «¿Pero soy yo de verdad, Lope
- 6:28:40Garrido, el que hace estas cosas? Es que estoy lelo..., sí, lelo... Murió en mí el hombre...,
- 6:28:48ha ido muriendo en mí todo el ser, empezando por lo presente, avanzando en el morir hacia
- 6:28:54lo pasado; y por fin, ya no queda más que el niño... Sí, soy un niño, y como tal pienso y
- 6:29:02vivo. Bien lo veo con el cariño de esa mujer. Yo la he mimado a ella. Ahora ella me mima...».
- 6:29:12En cuanto a Tristana, ¿sería, por ventura, aquélla su última metamorfosis? ¿O quizás tal mudanza era
- 6:29:20sólo exterior, y por dentro subsistía la unidad pasmosa de su pasión por lo ideal?
- 6:29:27El ser hermoso y perfecto que amó, construyéndolo ella misma con materiales tomados de la realidad,
- 6:29:35se había desvanecido, es cierto, con la reaparición de la persona que fue como génesis
- 6:29:41de aquella creación de la mente; pero el tipo, en su esencial e intachable belleza, subsistía vivo
- 6:29:49en el pensamiento de la joven inválida. Si algo pudo variar ésta en la manera de amarle, no menos
- 6:29:57varió en su cerebro aquella cifra de todas las perfecciones. Si antes era un hombre, luego fue
- 6:30:04Dios, el principio y fin de cuanto existe. Sentía la joven cierto descanso, consuelo inefable,
- 6:30:13pues la contemplación mental del ídolo érale más fácil en la iglesia que fuera de ella; las formas
- 6:30:20plásticas del culto le ayudaban a sentirlo. Fue la mudanza del hombre en Dios tan completa al cabo de
- 6:30:28algún tiempo, que Tristana llegó a olvidarse del primer aspecto de su ideal, y no vio al fin más
- 6:30:36que el segundo, que era seguramente el definitivo. Tres años habían pasado desde la operación
- 6:30:44realizada con tanto acierto por Miquis y su amigo, cuando la señorita de Reluz,
- 6:30:51sin olvidar completamente el arte musical, mirábalo ya con desdén,
- 6:30:56como cosa inferior y de escasa valía. Las horas de la tarde pasábalas en la iglesia de las Siervas,
- 6:31:03en un banco, que por la fijeza y constancia con que lo ocupaba, parecía pertenecerle. Las muletas,
- 6:31:12arrimadas a un lado, le hacían lúgubre compañía. Las hermanitas, al fin, entablaron amistad con
- 6:31:20ella, resultando de aquí ciertas familiaridades eclesiásticas: en algunas funciones solemnes,
- 6:31:28tocaba Tristanita el órgano, con gran regocijo de las religiosas y de todos los concurrentes.
- 6:31:36La señora coja hízose popular entre los que asiduamente asistían a los oficios mañana y tarde,
- 6:31:44y los acólitos la consideraban ya como parte integrante del edificio y aun de la institución.
- 6:31:54XXIX No tuvo la vejez de don Lope
- 6:32:00toda la tristeza y soledad que él se merecía, como término de una vida disipada y viciosa,
- 6:32:08porque sus parientes le salvaron de la espantosa miseria que le amenazaba. Sin el auxilio de sus
- 6:32:16primas, las señoras de Garrido Godoy, que en Jaén residían, y sin el generoso desprendimiento
- 6:32:23de su sobrino carnal, el arcediano de Baeza, don Primitivo de Acuña, el galán en decadencia hubiera
- 6:32:31tenido que pedir limosna o entregar sus nobles huesos a San Bernardino. Pero aunque las tales
- 6:32:39señoras, solteronas, histéricas y anticuadas, muy metidas en la iglesia y de timoratas costumbres,
- 6:32:47veían en su egregio pariente un monstruo, más bien un diablo que andaba suelto por el mundo,
- 6:32:54la fuerza de la sangre pudo más que la mala opinión que de él tenían,
- 6:32:59y de un modo discreto le ampararon en su pobreza. En cuanto al buen arcediano, en un viaje que hizo
- 6:33:07a Madrid trató de obtener de su tío ciertas concesiones del orden moral: conferenciaron;
- 6:33:14oyole don Lope con indignación, partió el clérigo muy descorazonado, y no se habló más del asunto.
- 6:33:23Pasado algún tiempo, cuando se cumplieron cinco años de la enfermedad de Tristana, el
- 6:33:29clérigo volvió a la carga en esta forma, ayudado de argumentos en cuya fuerza persuasiva confiaba:
- 6:33:37—Tío, se ha pasado usted la vida ofendiendo a Dios, y lo más infame, lo más ignominioso es
- 6:33:45ese amancebamiento criminal... —Pero hijo, si ya... no...
- 6:33:50—No importa; se irán ella y usted al infierno, y de nada les valdrán sus buenas intenciones de hoy.
- 6:33:58Total, que el buen arcediano quería casarles. ¡Inverosimilitud, sarcasmo horrible de la vida,
- 6:34:06tratándose de un hombre de ideas radicales y disolventes, como don Lope!
- 6:34:13—Aunque estoy lelo —dijo éste empinándose con trabajo sobre las puntas de los pies—,
- 6:34:19aunque estoy hecho un mocoso y un bebé... no tanto, Primitivo, no me hagas tan imbécil.
- 6:34:27Expuso el buen sacerdote sus planes sencillamente. No pedía, sino que secuestraba. Véase cómo:
- 6:34:35—Las tías —dijo—, que son muy cristianas y temerosas de Dios, le ofrecen a usted, si entra
- 6:34:42por el aro y acata los mandamientos de la ley divina..., ofrecen, repito, cederle en escritura
- 6:34:49pública las dos dehesas de Arjonilla, con lo cual no sólo podrá vivir holgadamente los días que el
- 6:34:57Señor le conceda, sino también dejar a su viuda... —¡A mi viuda!
- 6:35:03—Sí; porque las tías, con mucha razón, exigen que usted se case.
- 6:35:09Don Lope soltó la risa. Pero no se reía de la extravagante proposición, ¡ay!,
- 6:35:16sino de sí mismo... Trato hecho. ¿Cómo rechazar la propuesta, si aceptándola aseguraba la
- 6:35:24existencia de Tristana cuando él faltase? Trato hecho... ¡Quién lo diría! Don Lope,
- 6:35:31que en aquellos tiempos había aprendido a hacer la señal de la cruz sobre su frente y boca, no
- 6:35:37cesaba de persignarse. En suma; que se casaron..., y cuando salieron de la iglesia, todavía no estaba
- 6:35:46don Lope seguro de haber adjurado y maldecido su queridísima doctrina del celibato. Contra lo
- 6:35:53que él creía, la señorita no tuvo nada que oponer al absurdo proyecto. Lo aceptó con indiferencia,
- 6:36:01había llegado a mirar todo lo terrestre con sumo desdén... Casi no se dio cuenta de que la casaron,
- 6:36:08de que unas breves fórmulas hiciéronla legítima esposa de Garrido, encasillándola en un hueco
- 6:36:15honroso de la sociedad. No sentía el acto, lo aceptaba, como un hecho impuesto por el
- 6:36:22mundo exterior, como el empadronamiento, como la contribución, como las reglas de policía.
- 6:36:30Y el señor de Garrido, al mejorar de fortuna, tomó una casa mayor en el mismo paseo del Obelisco,
- 6:36:38la cual tenía un patio con honores de huerta. Revivió el anciano galán con el nuevo estado;
- 6:36:46parecía menos chocho, menos lelo, y sin saber cómo ni cuándo, próximo al acabamiento de su vida,
- 6:36:54sintió que le nacían inclinaciones que nunca tuvo, manías y querencias de pacífico burgués.
- 6:37:01Desconocía completamente aquel ardiente afán que le entró por plantar un arbolito,
- 6:37:08no parando hasta lograr su deseo, hasta ver que el plantón arraigaba y se cubría de frescas hojas.
- 6:37:16Y el tiempo que la señora pasaba en la iglesia rezando, él, un tanto desilusionado ya de su
- 6:37:23afición religiosa, empleábalo en cuidar las seis gallinas y el arrogante gallo que en el
- 6:37:30patinillo tenía. ¡Qué deliciosos instantes! ¡Qué grata emoción... ver si ponían huevo,
- 6:37:38si éste era grande, y, por fin, preparar la echadura para sacar pollitos, que al fin salieron,
- 6:37:45¡ay!, graciosos, atrevidos y con ánimos para vivir mucho! Don Lope no cabía en sí de contento,
- 6:37:55y Tristana participaba de su alborozo. Por aquellos días, entrole a la cojita una nueva
- 6:38:03afición: el arte culinario en su rama importante de repostería. Una maestra muy hábil enseñóle dos
- 6:38:11o tres tipos de pasteles, y los hacía tan bien, tan bien, que don Lope, después de catarlos,
- 6:38:18se chupaba los dedos, y no cesaba de alabar a Dios. ¿Eran felices uno y otro?... Tal vez.
- 6:38:30Gracias por haber compartido este momento de lectura en "La Voz que
- 6:38:35te Cuenta". Si quieres expresar tu opinión o mostrar algún punto de vista lo puedes
- 6:38:40hacer en los comentarios del vídeo. Y también te invito a que si has pasado un
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